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A B C JUEVES 8 DE MARZO DE 1906. PAG. 5. EDICIÓN LOS CRÍMENES DE PEÑAFLOR VISTA DEL PROCESO SEVILLA, 7 4 T. TERCERA SESIÓN A la sesión de hoy asiste más público que en días anteriores, sin que lo lluvioso del tiempo haya sido obstáculo para que un gentío inmenso permaneciera esperando en la puerta de! a cárcel la hora de comenzar el acto. Los procesados entran en la sala á las doce y media, pues el presidente quiere evitar que se reproduzcan las escenas que motivaron en la sesión anterior la curiosidad del publico. ldije, que se haüa tan animado como ayer, aprovecha el tiempo que falta para que comience el juicio fumando un cigarrillo. Muñoz, envuelto en su manta, permanece inmóvil en la butaca; de vez en cuando alza los ojos, que están apagados, sin vida. PRUEBA TESTIFICAL A ¡a una menos cuarto ábrese la sesión, y comienza el desfile de los testigos presentados por la acusación privada. Declara en primer término D. Laureano de las Conchas, expolicía, cuyas cartas, publicadas en El Libera! de Seviüa, dieron por resultado el descubrimiento de los crímenes cometidos en el Huerto del Francés. La declaración de este individuo redúcese á referir lo que publicó en ¡as cartas mencionadas, explicando de paso cómo pudo averiguar que ¡os autores de ¡os crímenes de Peñaflor eran Aldije y Lopera. Federico González dice que era amigo de Muñoz, á quien vio la noche del 3 de Noviembre en la estación, esperando á un amigo. El testigo añade que, en efecto, Muñoz Lopera registraba los vagones buscando á una persona. Comparece después el cabo Atalaya, que era comandante del puesto de la Guardia civii de Peñaflor cuando se descubrieron los crímenes. A. preguntas del fiscal y de! acusador privado, dice que e Francés, en su primera declaración, manifestó que no sabía más que se organizaban partidas de juego en el Huerto, para las cuales preparaba el declarante ¡a mesa; después prestó otras declaraciones, sin conseguir que se latinease en ninguna de ellas. Aldije, al escuchar, sonríe irónicamente. Añade el testigo que Aldije tenía constantemente cerradas las puertas de la conejera, tanto es así, dice, que al reconocerla yo por primera vez, tutz necesidad de pedir la llave á la familia del Francés Niega que exista camino desde la estacada hasta el postigo que hay en el muro del huerto, pues todo el terreno próximo, que es el correspondiente a! arroyo de iss Moreras, estaba sembrado de hortalizas. A. preguntas de! defensor de Aldije, dice que es fácil entrar en el huerto por la puerta que da al arroyo de las moreras, pero que para salir por éste, es necesario pasar por e ¡portón principal. El testigo añade por su cuenta que ie interesa hacer constar que ninguna de sus manifestaciones pudo servir para advertir al Francés que iba á registrarse ei huerto, ni influyó, por tanto en su huida lo que la Guardia civil hizo. Contestando al acusador, dice que en el comedor de la cas, a encontró una chaqueta con manchas de sangra en e! doblez de una manga; esta chaqueta crse e! testigo que pertenecía á Aldne. LA CREADA DE ALDIJE Comparece la anciana Mari? Fernández Conesa, criada que fue de Aidije, Pregúntala ei presidente Sa edsd que tiene y contesu íy. z á nad ¡e interesa este detalle Su declaración ofrece poco interés, pues se limita á confirmar la amistad que unía á su amo con Lopera. Confirma que entraban cerdos en el huerlo, pero no sabe si pasaban á la conejera ó ouedaban fuera de ésta. Asegura que en la conejera entraba sin dificultad todo el que quería, y recuerda que las ilaves todas de la casa, incluso las de las dependencias de) huerto, estaban siempre colgadas de un clavo en la cocina. TESTJGOS RENUNCIADOS El acusador privado renuncia á la declaración de varios testigos que tenía citados, entre ellos á los hermanos de Lopera, Eduardo y Manuel. El defensor de Aldije pide que algunos de aquéllos sean examinados y entra en ¡a Sala en primer termino Dolores García Ramos, que prestó sus servicios durante mes y medio fen casa del Francés. Esta muchacha, que sólo tiene catorce añas, asegura que en el domicilio de su amo entraban muchas personas distinguidas de Peñaflor. Afirma que la puerta de la conejera tenía candado; pero que jamás llegó á cerrarse con llave, pues aquél se corría y descorría con facilidad. Como la otra criada, niega que la entr. ida en la conejera estuviese prohibida, pues recuerda que pasaba todo el que se lo proponía. OTRA CRIADA Rosario Anguita, niña de doce años, que también fue criada de Aldije, comparece ante e ¡Jurado; pero su declaración no encierra el menor interés. AI abandonar la sala esta testigo, encarase con su aníiguo amo y le dice adiós con gesto cómico. Esta despedida produce gran hilaridad en el público. JUAN NAVAS Este es el minero á quien Aldije autorizó para que sacase tierra de la conejera y fue empleado en el huerto por aquél. En su declaración, dice que limpió la conejera de las piedras sueltas y de las desprendidas de los lados, sacando también tierra para hacer una pequeña obra en un sitio muy próximo á la puerta, como á media vara de donde más tarde aparecieron los cadáveres. Agrega que nadie ¡e interrumpió en la operación, pues sólo el cuñado del Francés díjole que no sacara aquella tierra, pues por ser mantillo era mala para la obra y buena para el laborío. OTROS TESTIGOS Carlos Parias, rico labrador de Peñaflor, confirma la buena conducta del Francés, aunque nada sabe de las intimidades de su vida. Antonio Parias, hermano del anterior, hace análogas manifestaciones. Pedro García, socio y el más asiduo concurrente si Casino de Peñaflor, dice que MuSoz y Aldije saludábanse con frecuencia de este modo: ¡Adiós, palomo ladrón! ¡Adiós, gran criminal! Estas manifestaciones producen sensación en el público. Francisco Carrera no dice nada que merezca consignarse. José Carrasco Carranza niega que el runor púbüco señalase el huerto del Francés como sitio donde se hallaba el cadáver de Rejano. En Peñaflor, añade, nadie sospechó ni tenía por que sospechar de la conducta de Aldije, pero aunque así hubiera sido no podíamos figurarnos que hubiera un cadáver en el huerto. José Bello dice qus e! Francés prestaba a razón de peseta por cada iS, al mes; que en el huerto se entraba sin dificultad, pues nadie ponía el menor obstáculo; pero que la conejera se hallaba siempre cerrada con un candado. Recuerda que Aldije, que en un principio no tenía dinero, mejoró, con el tiempo, de fortuna; pero ignora qué negocios manejaba. Al terminar su declaración este testigo, suspéndese el juicio por treinta minutos. Durante este interregno, Barrera obtiene algunas fotografías con magnesio. Un hijo del Francés acude á abrazar á su padre, y sin que nadie pueda evitarlo, permanece entre sus brazos un buen rato. Al reanudarse el acto comparece José Siles, que refiere la entrevista que tuvieron en Posadas el día 3i de Octubre Lopera y Rejano. Pocos días después dice que fue llamado por ¡a viuda de Rejano para preguntarle por su esposo, pues aquélla sospechaba que le hubiera ocurrido una desgracia. Luis Quesada fue quien entregó á Rejano 6.200 pesetas para la partida de rueda que se hallaba éste preparando. Pocos días después de la desaparición de su amigo hizo esta test go, en compañía de M o hedano, algunas indagaciones para averiguar el paradero de MígueS, avistándose al efecto con Lopera, quien les enseñó una carta de Rejano, indudablemente falsa, pues éste y Muñoz habíanse visto recientemente en Sevilla y no tenían por qué cambiar correspondencia. LA MUJER DEL FRANCÉS A! llamar ei ujier á Eloísa Méndez, esposa del Francés, el acusador renuncia á esta testigo; pero el defensor pide que declare. La presidencia, en cumplimiento de lo que la ley dispone, adviértele que puede ó no declarar en el juicio, según desee. La mujer del Francés insiste en declarar, y empieza afirmando que su esposo Fue siempre buen marido y un excelente padre. Confirma lo dicho por algunos testigos respecto á la entrada en e! huerto, pues nadie encontró nunca para ello dificultades ni obstáculos. Añade que su esposo padecía reúma atticular, que en algunas ocasiones! e obligaba á guardar cama, imposibilitándole todo movimiento. Dice que los perros que poseía Víctor, andaban sueltos por e ¡huerto, y en ocasiones entraban en la conejera á perseguir á los conejos. Afirma que la puerta de la conejera estaba casi siempre entornada, y recuerda que una vez echaron de menos la llave de ¡a puerta de las moreras y no pareció. Al salir la mujer de Aldije, que no mira siquiera á su marido, Lopera sufre un desmayo y se fe reanima dándole un caldo y un vaso de vino. EL HIJO DEL FRANCÉS Víctor Aldije, hijo del Francés, afirma que su padre padecía dolores reumáticos que le quitaban la fuerza en absoluto. Con un dedo, añade, se le podía vencer. A preguntas de! defensor dice que su padre es de un carácter vivo, de gascón refinado Refiere algunas escenas para demostrar que su padre sufría desmayos a! ver la sangre de un cerdo ó de una gallina. La declaración de este testigo escúchase sin interés. E ¡defensor prolonga el interrogatorio y Víctor cuenta cómo fue presentado su padre al pueblo de Peñgflor desde el balcón del Ayuntamiento. Estaba, agrega, entre dos autoridades y cerca de ellos eí alcalde, que a! enseñarlo al público, dijo: ¡Ahí tenéis el mayor crimina! de Europa! Asegura que viene a ¡Trib tnaJ convencido de la inocencia de su padre y por cumplir n