Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A P C. M A R C Ó L E S 7 DE M A R Z O D E 3906. PAG. 8 EDICIÓN i. s ran deseado, por el contrarío, no pocos de nuestros compatriotas que la abjuración se verifícase, en cuanto á las palabras, con dicterios para la religión de los padres y vítores para la de! novio. En cuanto á las ceremonias, no sé si les hubiera parecido poco que el suceso se verifícase á telón levantado, con acompañamiento de orquesta, coro de sacerdotes y batimanes de bailarinas, ni más ni menos que cuando Vasco de Gama jura los libros sagrados para que no se o coman los vasallos de Selika. No estará de más recordar á los que así piensan que la solemnidad de las conversiones no está en razón directa de la sinceridad de los convertidos. Tal vez la abjuración más pomposa que la historia registra es la de Cristina de Suecia, verificada bajo la dirección de la Congregación de Ritos, que gastó en ella un dineral, y entre derroches tales, que alguna dama pagó por su tocado medio millón de escudos. Y sabido es que, sin embargo de esto la famosa reina andariega fue después piedra de escándalo y motivos de tremendos disgustos para ia Iglesia. Dos soberanas convertidas ocupan hoy tronos en Europa: la Emperatriz de Rusia y la Reina de Italia. Ambas, que son modelo de esposas, de reinas y de fieles á sus nuevas creencias- -hasta el punto, en cuanto á la de Italia, de que á su influencia se atribuyen las corrientes conciliadoras entre el Quirinal y el Vaticano, -abjuraron sus antiguas doctrinas sin gran espectáculo. De cómo hizo su profesión de fe la luterana Alicia de Hesse antes de s ¿r esposa del Pontífice ruso y llamarse la Emperatriz Alejandra Fedorowna, apenas hay detalles en las crónicas y periódicos de aquellos días. De luto la Corte imperial por Alejandro III hasta la boda se celebró casi sin festejos. Besó la nueva Zarina un icono de la Virgen; medallones con imágenes sagradas adornaron la corona de oro y pedrerías qae reposó sobre sus sienes durante la ceremonia nupcial; el pueblo ruso se satisfizo con ver esto y el augusto jefe de la Iglesia ortodoxa no exigió para dar su mano de esposo á la princesa Alicia que ésta hiciera ostentosa retractación de sus errores entre salvas y músicas. La abjuración de la princesa Elena de Montenegro se verificó, como la de Victoria de Battenberg, en una población costera de su país de adopción. El día 11 de Octubre de 589 a 1 J V Í SAN SEBASTIÁN. SS. MM. LA REINA Y EL RfcY SALIENDO DE LA ESTACIÓN PARA MJR 4 MAR A SU LLtGADA A AQUELLA CAPITAL EN LA MAÑANA DE ANTEAYER METAMORFOSIS Fue el miércoles al Canal vestido de diablo Luis f le dieron tunda tal, que volvió á su casa diV c razado de cardenal. ¿EN QUE QUEDAMOS: Del mitin de generales celebrado antes de ayer, más de un vivo repórter nos dio pelos y señales. Pero como ayer leí sobre esto en un suelto breve que no llegaron á nueve os asistentes allí, ya estoy confuso y no sé lo que eran los concurrentes; no sé si eran asistentes ó generales ó qué... JUAN PÉREZ ZUÑIGA cual se filtra el catolicismo. Si entre nosotros, pues, pueblo católico, despierta esperanzas para unos y recelos para otros una conversión que ha de traer al Palacio de Oriente un voto tal vez decisivo y desde luego influyente en la resolución de muchos problemas político- espirituales, en Inglaterra, pueblo disidente, fundador de una Iglesia cuya cabeza es el Rey y que cada vez se aproxima más en ritos y en creencias á la Iglesia Romana, no son pocos los rigoristas que arrugan el ceño y vociferan en las columnas de los periódicos al ver que llegan ya hasta Buckingham Palace las simpatías, las tolerancias y los afectos por los que se sacuden la disciplina que fundó Ana Bolena y se acogen á la de Catalina de Aragón. Por eso, hasta el más nimio detalle de la conversión origina aquí y allá debates y comentarios. Hubieran querido los anglicanos que el ingreso de la augusta catecúmena en la Iglesia Romana se redujera á una mera fórmula, algo así como una presentación en sociedad. Hubie- E COMO SE CONVIERTEN LAS REINAS. Dos naciones enteras están pendientes á estas horas de lo que suceda en Miramar. Verdad es que Inglaterra y España son quizá las dos naciones en que los apasionamientos religiosos han producido siempre más discusión, más reyertas. Nombrar á Inglaterra es nom brar á Tomás Cromwell, á Knox, á Enrique VIH, á María Estuardo, á la Reina Virgen, á Jacobo I á puritanos y presbiterianos. Norabiar á España es nombrar á Carlos V y Felipe II, es citar la Inquisición, es evocar un siglo todo de disensiones y guerras con apostólicos y carlistas. Si en Inglaterra acontecimientos religiosos más que políticos mancharon el trono con sangre de Carlos 1, en España hemos salpicado el solio de tres monarcas consecutivos con la sangre vertida en pro y en contra del Trono y el Altar. Hoy mismo en España hay un hondo problema religioso, importado de Francia como asi todas nuestras modas de indumentaria y e política: el de las órdenes, y congregaciones. v hoy mismo hay en ia Gran Bretaña una preocupación de este género: la que producen ¡os anunciados proyectos del Gobierno de secularizar las escue as ó reformar y vigilar ai ¡i caos ¡a enseñanza eligiosa, á través de la i J fots Frccieric HOTEL DU PAhAlS DE SAN SEBASTIÁN DONDE SE ALOJA S. M EL REY DURANTE LA PERMANENCIA DE LA PRINCESA ENA EN MIRAMAfv