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A B C JUEVES DE MARZO DE 1906. PAG. i3. EDICIÓN 2. a gran compositor, que deseaban contemplar por última vez el rostro del artista Los balcones de las casas inmediatas al coliseo hallábanse totalmente ocupados, y en la ELANDO EL Durante la noche del mar- Carrera de San Jerónimo, calle de los Madrazo CADÁVER tes permanecieron junto y en cuantas comprendía el itinerario marcado, i) cad ¡ver del ilustre compositor varios indivi- veíase también gran número de curiosos. duos de la familia y buen número de actores y A las once y media de la mañana, pues difiautores conocidos. Estos decidieron, en vista cultades casi insuperables hicieron que el ende que las dimensiones de la habitación no per- tierro se retrasara media hora, púsose en marmitían permanecer en ella más que un número cha la fúnebre comitiva. muy reducido de personas, establecer un turAbrían paso dos parejas de la Guardia muno, y de media en media hora se relevaban los nicipal, á caballo que querún rendir su último tributo de cariño Seguía la canoza mortuoria (coche estufa) V respecto al insigne maestro. tirada por ocho caballos á la gran VJlumoni, Así trancurrió la noche, y á las nueve de la con gualdrapas de terciopelo negro y galón mañana fue trasladado el cadáver al teatro de dorado. Detrás del coche fúnebre marchaba un la Zarzuela. lando con las coronas que no pudieron coloK N EL TEATRO. El cuerpo del maestro carse en aquél. fue depositado á la hora indicada en el Llevaban las cintas del féretro los Sres. Bresegundo vestíbulo del teatro de la Zarzuela. El féretro, colocado á poca altura, y rodea- tón, por la Academia de San Fernando; Mido de blandones y coronas, hallábase entre las guel Echegaray, por la Sociedad de Autores; dos puertas que dan acceso al patio de butacas; Ramos Camón, por la de Escritores y Artisjunto ¡él veíase las banderas, estandartes y tas; Carreras, por la de Actores; Pérez Zúñidistintivos de las Sociedades á que el difunto ga, por la Congregación de la Novena; Rivas, por la empresa de la Zarzuela; un concejal del perteneció. Dab in guardia al cadáver dos maceros del Ayuntamiento de Murcia, por esta CorporaAyunts miento de Murcia, los porteros de la ción, y Ruiz, por la Sociedad de Profesores de Academia de Beüas Artes y algunos emplea- Orquesta. Detrás del coche que conducía las coronas, dos de la empresa de la Zarzuela. En el primer vestíbulo habíase colocado marchaba la presidencia, compuesta por los una m sa con bandejas y listas para recoger tres hijos del eminente compositor y por las fors tarj tas y firmas de los amigos del maestro. demás personas cuyos nombres publicamos en C L ENTIERRO. Desde las diez de la nuestro número anterior. A última hora for nañana era punto menos que imposible maron también en ella los Sres. Canalejas (don José) Santa María de Paredes y el gobernadar un paso por los alrededores del teatro. Algi ñas parejas de la Guardia municipal dor de Madrid, Sr. Ruiz Jiménez. Separando la presidencia del duelo del resto montada y muchos agentes de orden público esforzábanse inútilmente por contener la enor- de los acompañantes, iba una pareja de guardias me avalancha de amigos y admiradores del á caballo. EL MAESTRO CABALLERO p N MARCH A. Varios empleados del tea tro de la Zarzuela Condujeron á hombros hasta el coche Ja caja mortuoria. Al mismo tiempo, y mientras e ¡cortejo se formaba, la orquesta de aquel coliseo ejecutó la Marcha fúnebre, de Chopin. Organizado el acompañamiento, partió el coche por la calle de Jovellanos y siguió por la de los Madrazo, Marqués de Cubas y Alcalá, deteniéndose ante el pórtico de Apolo, donde la música ejecutó también una marcha fúnebre. Puesto de nuevo en marcha el cortejo, subió por la calle de Alcalá, Puerts del Sol, calle y plaza Mayor, deteniéndose otra vez en la esquina de la calle de Toledo, donde se despidió el duelo. ACOMPAÑA- Era raay numeroso, MIENTO pues entre otros nombres recordamos los siguientes: Ramos Carrión, Manrique de Lara, Valverde (padre é hijo) Picón, hermanos Quintero, Rubio, Ruiz de Arana, Carreras, Gamero. López Silva, Viérgol, Moncayo. Fernández Shaw, Pascual Millán, Francos Rodríguez, Vital Aza, Sán- 1 chez Calvo, Mesejo (E. Granda, Mínguez, Díaz Valero, Estremera, Echaide, Calleja, Jiménez, Delgado, Paso, líríoste, Lacierva, Repulías, Aguilera (D. A. Chicote, Soler (J. Frutos, Gayo, Palencia é hijos, Oneca, Vera, Lara (D. Cándido) Fiscowich, Barnuevo, Jafcson Veyan, López Monis, Perrín (Guillermo) Benot, Simó Raso, Fernández Arias, Chapí, Saco del Valle, Ayuso, Marquina, Ovílo, Taboada, Carsi, Fañosa, Mélída, Araha (P. Ruiz de Arana (Pedro) Oria, Pérez Capo, Saint- Aubin, Melantuche, Amorós, Ponzano, Fernández (D. Eugenio) Castillo Soríano, Sánchez Bustillo, Sebastián Alonáo, Mata, Torres, Morayta, Figueroa, Lleó, Hervás, García Alvarez, Aviles, Fer- 8 JBL 1O TECA DE A B C RAMUNCHO 17 p e r d i e n d o Ramuncho la conciencia de su vida física; una espec e de sopor benéfico, bajo la influencia de! soplo matinal, tan p u r o y suave, entorpecía sus miembros, ílevandc á su espíritu al ensueño. E r a n l e familiares al muchacho estas impresiones que tantas veces había sentido, ya q u e los viajes en lucha, adormeciéndose al asomar de la alborada, eran la consecuencia habitual de las aventur a s del contrabando. Sacíaselos d e memoria, conocía perfectamente los detalles todos que en el Bidasoa veía, su aspecto vario, que cambia según la h o r a según la marea regular y o n a D o s veces al día las aguas del Océano lle- nuy lejos, en un convento de frailes, la campana) esparcía sus notas claras anunciando la solemnide! reügiosa del otoño. Y Ramuncho, sentado en la dad barcn, dulcemente mecido y descansando de las fatigas de la noche, aspiraba este viento nuevo con delicia, con specie de bienestar de todos sus sentidos; le retozaba el júbilo infantil, y veía asegurarse un tiempo radíoSO p; ra celebrar el día de Todos los Santos, que iba á prop jrcionarle las fiestas que le eran más usuales y de que ustaba: la Misa Mayor cantada, el partido de pelota de ante de! pueblo r e u n i d o después el baile con M a dalén al atardecer, el baile bajo la lluvia de luz de la luna en la plaza d e la iglesia. P o c o á p o c o y después d e la noche en claro, iba Po naban el cauce, ancho, obscuro; en tal instante diríase que e t e Francia y España mediaba interpuesf o un lago, un diminuto y encantador mar surcado p o r minúsculas olas Í zules, y las barcas flotan en él, las barcas vuelan presuiosas, los lancheros cantan los aires viejos d é l a tierra acompañados cadenciosamente p o r el roce á tiempo de los remos y p o r su chocar a hundirse en las o n d a s Pero uando se retiran las a guas como err el momento de en zarlas Ramuncho y los buyos, no queda entre los espesa d e hojas d e plátano esparcidas sobre 3 a t i e r r a Después sonó un silbido como una señal, c o m o una llamada... ¿C ó m o ya? ¿E s la una de la m a d r u g a d a Completamente decidida en sus planes, abrió la mujer la puerta al jefe contrabandista con una sonrisa acariciad o r a q u e él n o le conoció nunca. -E n t r e usted, Itchúa- -dijo, -caliéntese... mientras voy á despertar á mi hijo. E r a Itchúa un h o m b r e alto y ancho, flaco, d e pecho alto y fuerte, enteramente afeitado como un sacerdote y según la costumbre de los vascos de la antigua cepa; bajo la boina, que no se quitaba jamás, veíase una cara incolora, inexpresiva, tallada como á golpe de hoz y r e c o r d a n d o esos personajes imberbes, arcaicamente dibujados en los misales del siglo xvn. P o r debajo d e sus mejillas enjutas, el saliente d e sus mandíbulas y el relieve de los músculos del cuello daban la noción de su fuerza p o d e r o s a Tenía acentuado, hasta con exceso, el tipo vasco; los ojos muy profundos bajo la arcada frontal; sus cejas eran de extraordinaria largura, tanto que sus extremos, muy bajos, como los de las M s d o n a s llorosas, casi se unían con los cabellos d e las sienes. E n t r e treinta y cincuenta años era imposible señalarle fijamente la edad. Se llamaba José M a r í a G o r o s t e g u i p e r o p o r cost u m b r e no era conocido en el país más q u e p o r el n o m b r e d e Itchúa (el ciego) que se le dio en o t r o t i e m p o p o r bujAa, á causa de su vista penetrante q u e se hundía en las tinieblas como la de los g a t o s E r a p o r lo d e m á s católico ferviente, m a y o r d o m o d e su parroquia y bajo de sonorosa y profunda voz. Gozaba de justa fama también p o r su resistencia en la fatiga, y era capaz d e trep a r p o r las pendientes pirenaicas d u r a n t e varias h o r a s á paso de carrera y llevando un gran peso s o b r e la espalda. Ramuncho bajó p r o n t o restregándose todavía los