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A B C DOMINGO z 5 DE FEBRERO DE 1906. PAG- 16. EDICIÓN 1. Croisset y Arene Francisco dejuntos en unaEmmanuel que ha trabajan comedia de estrenarse en el teatro de la Renaissance, y íque se titula Historia de amor. de Merode, ha Mejor fortuna que la Cleo divetfe española tenido en Lisboa la Vornarina. El público del Coliseo dos Recreios recibió á la bella artista con grandes aplausos, obligándola á cantar numerosos cuplets. Tuvo que presentarse en escena muchas veces, siendo obsequiada con flores y palomas. yer leyeron en Apolo los hermanos Alvarez 1 Quintero un deliciosísimo entremés titulado, Loschorros del oro. El entremés se estrenará en el beneficio de Joaquina Pino. ra Alonso y los Sres. Pastor, Hervás, Game- incendio adquiere proporciones cad 1 vez ma ro, Pelza, Gurina, Gandía y Gómez. El amor yores. en el teatro, representado por los ptincipales Se cree que no ocurran desgracias personaartistas de los teatros Español, Comedia, Lara, les, pues el encargado del almacén, único que Gran Teatro y Princesa. Y el coro de los moros allí habita, fue avisado desde los primeros mode la zarzuela ¿Quo Yadis? dirigido por el mentos. maestro López y cantado por la Srta. Brú y el Se teme que las pérdidas sean considerables Sr. Cabello y todos los artistas líricos de ¡os por la gran cantidad de madera allí acumulada teatros de Madrid. A LA EDICIÓN HORROROSO INCENDIO Por fuerte y crónica quesea, se VT cura, ó s é alivia siempre con las PASTILLAS del DR. ANDREU. A a hof de entrar este número en máquina, os periódicos de Barcelona elogian caluro- á las cinco y media de la madrugada, se samente la nueva obra del distinguido declaró un horroroso incendio en un almacén de maderas establecido en el núm. 101 déla cronista Adelardo F Arias. calle de Santa Engracia. La isia de ¡os elefantes, que así se titula, es El siniestro adquirió desde los primeros moUna pintoresca opereta de interesante asunto. mentos grandes proporciones, debido princiLa música de Klein, autor de la regocijada lysistrata, sirve admirablemente las situaciones palmente al fuerte viento que reinó durante del libro. El vals y el schottis del primer cua- toda la noche. Las llamas se divisaban desde varios puntos dro se harán populares muy pronto. La mise en ¡cene, excelente. La empresa del de Madrid, y nosotros pudimos observarlas Teatro Nuevo, no ha omitido sacrificio alguno. desde la azotea de, la casa de Blanco y Negro y A B C, desde cuyo punto el espectáculo resultaba imponente. Las campanas de las iglesias próximas emTJor la Junta directiva de la Asociación de ar T tistas dramáticos y líricos, se celebrará el pezaron á tocar i fuego á las seis menos cuardía 2 de Marzo próximo en el teatro Real, un to, y á dicha hora se avisó también al personal de bomberos; diez minutos más tarde fue comufestival artístico. El programa confeccionado lo componen: nicado el parte á la delegación del distrito de La ópera La Dolores, dirigida por D Tomás Chamberí. A la hora en que escribimos estas líneas, el Bretón, y cantada por la Srta. Arana, la seño- L BE tas i s flamas CLÍNICA DEL DR. GONZÁLEZ OSSOR 1O, CONSULTA DIARIA, DE i á 4. ECONÓMICAS PARA LOS OBREROS, DE 7 á 8. ARGENSOLA, 19, PRAL OCHA. MADRID BIBLIOTECA CALLEJA OBRAS LITERARIAS DE AUTORES CÉLEBRES El lañes próximo se pondrá á la venta en las librerías un nuevo tomo que merece todo género de recomendaciones. Puede adquirirse, e s e SOÍO d í a á mitad de precio. 8o céntimos. NO SE DEVUELVEN LOS ORIGINALES IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE A B C 6 BIBLIOTECA DE A B C RAMUNCHO 7 más bien niño aún, capaz de jugar por el camino al igual que se divierten los muchachos montañeses con una piedra, una caña ó una rama que cortan andando. El aire era más vivo cada vez, más áspero el sendero y ya no se oían los silbidos de los chorlitos, su quejarse como de polea enroñecida, sobre las rías de allá bajo. En cambio Ramuncho cantaba una de esas melancólicas canciones de tiempos muy viejos, aún transmitida á través de los campos perdidos, y su voz fresca, dulce, volaba desde la húmeda bruma á las ramas mojadas de las encinas, bajo el gran sudario, cada vez más sombrío en su soledad, del otoño y de la noche. Para ver pasar á un carro de bueyes que iba muy lejos, por debajo del camino que él seguía, se detuvo Ra muncho un instante, pensativo. El carretero que guiaba la pesada yunta, moviéndose lenta, cantaba también. Poi un sendero pedregoso y torcido iba bajando á una hoyada que se hundía entre las sombras de la noche. De pronto desapareció el cuadro en una revuelta del paisaje, borrado de repente por los árboles y como per dido en un golfo de tinieblas. Ramuncho sintió entonces la angustia de una melancolía súbita, inexplicable, como la mayor parte de sus impresiones complejas y con un gesto en él habitual, vol viendo á emprender su marcha rápida y descuidada adelantó su boina de lana como visera, sobre sus ojos de un color gris muy vivo y dulce. ¿Por qué? ¿Qué impresión podrían producirle el carro, el mozo que cantaba, á quien ni siquiera conocía? Evidentemente ninguna. Sin embargo, al verlos desaparecer para ir á cobijarse, como todas las noches, á seguro, en algún caserío aislado en una hondonada, pensó en la existencia humilde del aldeano, pegado á la tierra de! campo donde nació, en ese su modo de vivir, tan faito de goces como las bestias de carga, pero con un declinar de la vida más prolongado y más doloroso, t al mismo tiempo pasó por su espíritu la inquietud instintiva del más allá intuitivo, de las mil otras cosas que en el mundo se pueden ver ó hacer y de las que es posible aprovecharse ó disfrutar; y un caos de pensamientos trémulos y vagos, de atávicos recuerdos y de fantasmas se dibujó furtivamente, allá, muy en lo íntimo, en el fondo de su alma de niño sin instrucción aerb da y completa. Porque él, Ramuncho, era una mezcla de dos raza muy diferentes y de dos seres á los que separaba, si as puede decirse, un abismo de varias generaciones. Creado por un hombre de triste fantasía, consumido por todos los refinamientos de estos tiempos de vértigo, habiásele inscrito al nacer como hijo de padre desconocido y no llevaba otro nombre que el de su madre. E instintivamente no se creía igual á sus amigos de jue gos y de sanas diversiones. Silencioso un instante, iba a su casa andando menos rápido por las sendas que serpenteaban hasta las alta ¿cimas. Y en tanto se agitaba confusamente en el caos de esas otias cosas de! más allá luminoso y brillante, en la confusión de esplendores ó de extraños temores que veía ligados á su vida, trataba de desembarazarse de esa ob sesión, de ese peso... Pero no, cuando no podía alcanzat lo que le era incomprensible quedaba desatado, sin su cesión y sin forma, en las tinieblas... Ya no pensó más en ello. Volvió á cantar su canto d a tierra: en estrofas de ritmo monótono recordaba la canción de una hilandera, cuyo novio partió para una guerra en países lejanos, de donde no volvía; cantábala n esa misteriosa lengua eúskara, de edad incalculable y de origen desconocido. Y poco á poco, bajo la influen: ia de la melodía centenaria, y del rumor del viento y de la soledad, vióse Ramuncho tal como era al principio de su caminata, un simple montañés vasco, de dieciséis á