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í A feimnia hizo oran amistad con los grandes músicos Gluck y i laydn. Fijó, por último, su residencia en Viena, donde murió el 5 de Diciembre de J 79 J á los treinta y cinco años de edad. Sus principales óperas son: Don Juan, has bodas de Tígaro, La clemencia de Tito, ha flauta encantada y Mitrídates; suya es también una famosa Misa de J equiem, de la que decía una hora antes de expirar: ¡Ah, ya había yo previsto que era pa a mí para quien componía este canto de muerte! Sus sonatas y sinfonías forman parte de la llamada música clásica. A. P. C. HISTORIA NATURAL INSECTOS: LA CIGARRA s ísos seres tan pequeños que vemos en los campos y en los jardines, y apenas tienen la suerte de ocupar un momento nuestra atención; esos seres que el vulgo califica con desprecio de bichos ó gusarapos, no tienen importancia mas que oara los niños y ¡os sabios. La inocencia con su candida curiosidad, la ciencia con su profunda observación, vienen á tener un punto de contacto al acercarse al insecto. Niños que os quedáis sorprendidos al mirar la forma, los colores ó los movimientos de los insectos que encontráis por casualidad: vosotros ignoráis las mil curiosidades que en eLos han descubierto los sabios naturalistas después de muchos años de observar y estudiarlos, ayudados del microscopio, ese maravilloso anteojo que por una combinación de lentes aumen- E Esta gran desgracia de las hembras está compensada por la Providencia, que ni á los insectos olvida, con otra habilidad de que os hablaré después. Se sabe que son los machos los músicos; pero ¿cuál es su instrumento y cómo lo manejan en sus conciertos Si preguntáis á la generalidad de las personas que no saben más que lo que se dice por ahí, os contestarán que el ruido lo producen como los grillos, por el rozamiento rápido de unas alas con otras; pero no es así, porque desde que lo descubrió Réamur se sabe que tienen un aparato complicado y que no es menos admirable que el de la voz humana, y está situado en su vientre, cubierto por dos planchitas escamosas. Se compone de dos especies de timbales que, por la contracción y extensión rápida de los músculos, se ponen ya cóncavos, ya convexos, produciendo un ruido por medio del aire, que ponen en movimiento hacia otra mayor cavidad, donde toma un eco más sonoro. Las hembras hemos dicho que tienen una especial habilidad, y consiste en ser artistas en madera. Suele poner cuatrocientos huevecillos, y teniendo que colocarlos en un lugar seguro donde puedan nacer sus descendientes, se ve en la necesidad de tener un aparato de trabajar la madera, perforarla y cubrir sus agujeros. Efectivamente, en la extremidad del abdomen tiene un pequeño aparato compuesto de dos piezas que pueden funcionar separadamente sin estorbarse, dos limas con las que horada las ramas secas de un modo oblicuo, y en cuanto llega á la mécula del tronco toma una dirección paralela a! eje de! mismo. Es fácil de conocer el pedazo de madera que tiene h u o os de cigarra, porque se nota una serie de protuberancias con pequeña separación, siempre en línea recta Y por una s- la cara del tronco. Cuando llega el tiempo de nacer, salen por los mismos agujeros unos gusanos pequeñitos que son las larvas después, como sucede con! os gusanos de seda, se transforman en ninfas pero es debajo de tierra, conservando sus movimientos y alimentándose de raíces, no como la mayor parte de los insectos, que en este período están inmóviles y ayunan. Al cabo de un año, próximamente, se desarrollan, y al llegar el verano salen de la tierra, suben á las ramas y al í dejan su envoltura, á manera de exvoto ú oferta, quedando tal como los vemos generalmente. Luis DE CHARLES 7 VENTURAS POR MAR Y POR TIERRA DEJ JA íi 1 ION DE MUNCHAlíSEN. Hay entre las regiones españolas una que tiene fama de ser cuna de los que cuentan las mayores bolas. Yo protesto y declaro que ésta es una que se le fue á la fama, y para demostrar á mis lectores que hay tierra en que se sueltan aun mayores, les quiero presentar al gran tudesco que el gran barón de Munchausen se llama que es el non plus ultra de ¡o fresco. Hace poco llegó, no sé de donde, y piensa titularse, aquí en España, barón, vizconde y conde de la Filfa, el Camelo y la Castaña. Y como e ¡hombre viene á acreditar los méritos que tiene y está muy poco fuerte en nuestro idioma, como su fiel intérprete me toma. Conste, pues, que sus grandes aventuras, que andan adulteradas y hasta obscuras, las vierto al castellano textualmente y que no tengo parte en el asunto, pues él precisamente las quiere referir personalmente para que la verdad quede en s u +0. ÍE 1 punió es el barón, naluranne iíe. l ta de una manera tan grande los objetos, que hace que alcance la vista humana á descubrir cosas cuya existencia ignoraba, por no ser apreciable con nuestros ojos su pequenez. Pero si vuestra sencilla curiosidad se convierte en formal deseo de saber, yo prometo contaros descubrimientos y observaciones de sabios españoles y extranjeros que he recogido con afición, y para empezar quiero escoger uno de esos insectos que hayáis visto y oído, la cigarra, por ejemp o. Desde la conocida fábula que empieza, como ya sabéis: Cantando la cigarra pasó el verano entero... etc. ia reputación musical de este insecto es sabida por todos, y mil veces habréis oído en el campo su canto especial; pues bien, siempre que oigáis esa música cigarrera rival en melodías de la música ratonera podéis asegurar que conocéis el género masculino del animalejo, puesto que las moras, jcosa extraña! on mudas.