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JUEVES 22 DE FEBRERO DE 1906. UN NIÑO ILUSTRE 1 I no de los días de Semana Santa, en el año i y jo, el Papa Clemente XIV oficiaba en la Capilla Sixtina, y á la ceremonia religiosa asistían los embajadores extranjeros y una distinguidísima concurrencia. Cantábase el famoso Miserere de Allegri, y todos los fieles, conmovidos por aquellas sublimes notas, coníciiplaban la magnífica pintura de Miguel Ángel, Juicio final, que ocupa el lienzo del altar de la citada Capilla. Aquellas figuras que trazó el pincel del gran a r t i s t a parecían animarse á los ecos del canto, triste é imponente, del gran músico. Solamente uno de los que asistían á la solemnidad religiosa dejaba de contemplar el grandioso cuadro: era un niño de unos catorce años, de abultada frente, ojos azules y cabellos empolvados, según la moda de la época. Colocado junto al embajador de Austria, y vestido con una casaca de raso verde con botones de plata, 1 rga chupa blanca, calzón corto, media de seda y zapato con hebillas, la figura de aquel niño, esbelta y elegante, revelaba que no veían sus ojos lo que delante tenían, sino que estaba en una verdadera abstracción, y que su alma en aquellos momentos sólo vivía para oír. Cuando terminó el Miserere, el niño pareció despertar de un sueño, y, sonriendo, bajó la cabeza como respondiéndose á sí mismo afirmativamente. Apenas llegó á la Embajada, se encerró en su cuarto y empezó á trazar unos signos extraños en un cuaderno rayado. Por la noche, hablaban los embajadores de Austria y Francia de la fiesta del Vaticano, y decía el primero: ¡Qué lástima que el mundo entero no pueda conocer esta música sublime en la que el remordimiento y el dolor gimen eternos é infinitos! Las almas, al escucharlos, se inclinarían conmovidas al arrepentimiento. ¿Por qué no nacéis ese mismo argumento á S. S. Clemente XIV? -dijo entonces el embajador francés. -Quizás consistiese en que se sacaran copias del Miserere... -Es inútil. Se ha intentado varias veces, pero parece formar parte del tesoro de San Pedro y que no debe escucharse fuera de la Capilla Sixtina. Al día siguiente se repetía el mismo salmo y el niño asistía también á la Capilla; pero su actitud era muy distinta de la del día anterior. Entonces tenía la cabeza levantada, casi echada hacia atrás, y sus ojos elevaban al cielo una vaga mirada, y ahora su barba se apoyaba en el pecho y sus ojos miraban hacia abajo: al sombrero que tenía en a mano, y dentro del cual había un cuaderno. Le chocó á un Cardenal la postura del mño, y le estuvo observando largo rato. Días después, se celebraba un concierto en la villa Bor i se, y en el tomo parte el niño. Al sentarse ante el piano, un murmullo general recorrió salones y galerías. ¡Es él, es él- -decían, -es el prodigio de Alemania! Después del preludio, la voz del niño entonó con una admirable expresión el Miserere de Allegti. La sorpresa de todos fue inmensa, y un Cardenal exclamo entonces: ¡Ah, ya lo comprendo! ¡Le he visto el otro día copiarlo en la Capilla Sixtina! ¿Estáis seguro? -le interrogó el embajador de Ajstria. -M e parece haberle visto escribir en un papel que escondía dentro del sombrero. -Monseñor- -repuso el niño respetuosamente, -me habéis visto leer, pero no escribir. -Pero lo que leíais lo habríais escrito antes, como es natural... -En efecto, lo había escrito en casa de memoria. ¡De memoria! -dijeron todos con asombro. De todas suertes, resultaba que existía ya una copia y era preciso que se prohibiera, por lo cual se dio cuenta del caso al Papa, que llamó al niño á su presencia. ¿Es cierto- -le pregunto Clemente XIV- -que ese cauto sagrado, hasta ahora sólo oído en nuestra Basílica, se hagiabado en tu memoria á la primera audición? -Es la verdad, Santo Padre. ¿Y cómo es eso posible? -Sin duda por permisión de Dios- -coníesró sencillamente el infantil artista. -Sí, hijo mío, -le contestó el Santo Padre. -Dios crea los genios, y evidentemente tú eres uno de sus elegidos. Cuando el Señor ha permitido que te aprendieses milagrosamente ese canto, es que estás destinado á producir sublimes obras musí cales. V e en paz, hijo mío; y le dio su bendiciónAquel niño era el gran Mozart. folfang- Amadeo Mozart nació en Salztburgo el 26 de Enero de 1756, y perseguido por el emperador Francisco 1 de Austria, fue á Francia y tocó el órgano ante Luis XIV en la Capilla de Versalles, cuando aún no había cumplido ocho años. Después fue a nglaterra y á los Países Bajos, y volvió á su patria, donde continuó sus estudios musicales. En 1768 apareció en la corte de Viena y compuso para el emperador José II su primera ópera La finta sempíice cuando solo tema doce años. Posteriormente fue a Italia, y al volv ¿r