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A S C. JUEVES 22 DE FEBRERO DE 1906. PAG. 4 EDICIÓN 1, directa ó indirectamente menosprecien, in- en sus observaciones. Y puede ocurrir que en sulten, vejen ú ofendan á la nación, á su ban- las posadas, en los caminos, en los pueblos, en dera, himno nacional ú otro símbolo de su re- el tráfago continuo, en fin, de sus viajes obserpresentación Y aquí está precisamente el ven que todos los españoles llevan en la faja ó nudo del problema: ¿Cómo, de qué manera va- en el bolsillo un cortaplumas grande, jigantesmos á saber lo que es un símbolo de la represen- co, desmesurado; puede ocurrir también que a! tación de España? ¿Córao, de qué manera lle- pasar por una estación (bien sea en Alcázar de garemos á establecer y fijar que en tal ó cual San Juan, en Santa Cruz de Múdela ó en Alcaso se ofende á este símbolo de un modo bacete) entre de repente en el coche en que viaindirecto? Según ve el lector, la cosa es sutilí- jan un hombre terrible, feroz, con un ancho sima, extremadamente compleja; primero, en cinto de cuero repleto de estas extrañas herraun caso concreto, será preciso determinar que mientas; este hombre abrirá ante ellos- -un tanto tal cosa que se menosprecia es símbolo; luego, atemorizados- -estas herramientas, y se las preuna vez determinado que tal cosa es símbolo, sentará delante de sus rostros. Nuestros viajeros será necesario determinar que se le ofende in- al pronto no sabrán! o que hacer; luego, pasada directamente. Y ¿quién será capaz de fijar y la primera indecisión, entrarán como puedan precisar lo que en realidad puede ser una ca- en coloquio con este hombre terrible y venracterística del pueblo español, lo que puede drán á averiguar que esta herramienta es popuser representativo de España, aquello, en suma, larísima en toda España, que todos los españoque á los ojos dal extranjero y aun á nuestros les grandes y chicos, y aun las mujeres, la propios ojos, es como algo castizo, como algo usan, que sirve como arma ofensiva y defensitradicional, como algo típico que sólo en nues- va, al par que como auxiliar en los menesteres tro pueblo existe, que existe con caracteres de la casa y del campo, y que, en resumen, su hondos y definidos y que, al existir en tales nombre clásico es navaja. condiciones lleva en sí una partícula de nuestra Y no queremos extendernos en más consiidiosincrasia y es, en fin, representativo, sim- deraciones; todo lo que queda apuntado lo habólico? Todos los viajeros de tierras extrañas brán visto nuestros viajeros; sobre todo ello que llegan á nuestra Patria, lo primero que habrán meditado largamente, y como corolario echan de ver en ella, al aposentarse en nuestros de estas meditaciones habrán venido á asentar fondines y hostales, es que, unánimemente, en firmemente que estas cuatro cosas de que hetodas las mesas, Jes sirven un plato, un condi- mos hablado- -el cocido, la capa, los toros y mento extraño compuesto de cierta legumbre la navaja- -son cuatro cosas privativas de Esde que en sus países no se usa generalmente; paña, cuatro cosas inseparables de nuestra vida, ellos preguntan, inquieren y averiguan al cabo cuatro cosas profundamente netas y castizas, y que este plato se come en toda España, por cuatro cosas, en suma, que pueden considerartodas las ciases sociales, y se llama cocido. To- se como cuatro símbolos enteros y verdaderos dos Jos viajeros, cuando traspasan la frontera, de la Patria española. si es en invierno, observan que los españoles lleNo creemos que habrá ningún buen español van sobre sus hombros un ancho manto, bien de color pardo- -esto es Jo más corriente- -que se atreva á negarlo. Y esta es la razón que bien negro, ó bien azul ó verdoso; este manto tenemos nosotros para pedir que cualquier seextraño lo usan indistintamente todos los varo- ñor diputado de la nación presente en la Cánes que los dichos viajeros encuentran á su mara una enmienda al art. 3 del proyecto que paso; estos viajeros, deseosos de sacar fruto de se discute, y exprese en esta enmienda que sean su viaje, amigos de observar, preguntan, in- perseguidos y castigados cuantos vejen, injuquieren, escudriñan, y vienen á sacar en limpio rien ó menosprecien el cocido, la capa, los tocomo corolario de sus investigaciones que este ros y la navaja. AZORIN manto es una prenda privativa de la nación española, que todos los españoles gustan en extremo de esta prenda y que esta prenda, tan universal, tan tradicional, tan castiza, lleva el nombre de capa. Yestos viajeros cuya existencia hemos supuesto nosotros ahora, continúan viajando por España; dicho se está que nadie sentirá asombro ni extrañeza si decimos que una de las cosas por la cual los extranjeros sienten más curiosidad al llegar á España, es cierta fiesta, cierto espectáculo de que ellos han oído hablar, allá en sus lejanas tierras, siempre que se hablaba de España; no necesitaremos decir que á estas referencias que ante ellos se hacía iba mezclada na sensación de terror, de sangre, de audacia y de sol. Esto basta para que nuestros viajeros procuren asistir, en la primera ocasión que se presente, á uno de estos espectáculos. Y no diremos nosotros la impresión que talj fiesta pueda producir en ellos; nuestro propósito no es ese; lo que importa es que estos extranjeros cuando han satisfecho ya su curiosidad, ó antes- -es lo mismo- -indagan, interrogan y tratan de procurarse noticias y antecedentes históricos sobre tal espectáculo; y de todas sus investigaciones vienen á deducir que este espectáculo es antiquísimo, que ha sido ilustrado tiempo atrás por nobilísimos caballeros que en él tomaron parte, que los españoles lo aman con pasión, y que, sin exageración ninguna, puede considerarse como algo hondo y típicamente español, siendo buena prueba d e ello el que es calificado de fiesta nacional Está bien pensarán estos buenos vi- ajeros imaginarios, y seg i: Án en su piregrinacióa V cuando las fuerzas flaquean, vuelve a nacer de las suyas, y así se explican las dulces beberías, las nimias niñadas de los ancianos. Así como se protege y se ama á los pequeñudos, el amor y Ja protección que reclaman los viejos es tarea santa. Muchos de ellos tienen dolencias penosas, en no pocos la degeneración hincó su garra, pero todos necesitan de nuestra piedad y de nuestro cariño. Los enfermos son viejos accidentales ó prematuros, y nadie es tan duro de corazón que no procure restañar sus heridas ó atenuar sus dolores. Por esta razón, las instituciones encaminadas á recoger á ¡os viejecitos son simpáticas é indispensables en todos los pueblos cultos y cris tianos. Pero hay una categoría social de anciano! que no están a! parecer desamparados, ni son tampoco indigentes. Cuentan con una modesta renta; sus necesidades son exiguas, sencillas sus costumbres, decente y ordenada su vida; resignados con su suerte, aman el bien y la belleza, no gustan permanecer ociosos é inactivos, apetecen e! trato de gentes; no son misántropos, ni pesimistas, pero ia sociedad Je una parte y su propia idiosincrasia por otra, le? condenan á una tristísima soledad. Unos carecen de familia, no la conocieron, acaso formaron parte, á la manera de los miembros honorarios de Jas corporaciones, de algunos hogares felices deshechos ya por la muerte; otros cuentan con parientes que de ellos se alejaron por egoísmos más ó menos excusables; los más tuvieron esposa, hijos, amaron y fueron felices; todos están completamen te solos en el mundo. Hay, además, otra categoría interesante: la de los Filemon y Tiaucis, esas parejitas de viejos que sólo viven el uno para el otro y esperan con inqujetud e! momento en que uno de los dos emprenda el eterno viaje. La vida íntima de estos viejecitos es, no pocas veces, amarga y dolorosa. Cuanto más fortuna tienen, mayores son los asedios de las gentes venales que revolotean en torno de la futura herencia. El dinero en tales casos, siembra pleitos, provoca malas pasiones; casi nunca sirve para hacer el bien. No hace muchos días recibí la visita de uno de esos seres buenos, afectuosos, humildes, que deseaba saber dónde podría concluir sus días, dando, á cambio de esa dulce tranquilidad, sus últimas energías y con ellas su raer desta herencia. Por más que torturé mi imaginación, no hallé con la fórmula que me permitiese complacer á mi amigo. Ninguna corporación benéfica le acogería, aun siendo tan sencilla y hacedera la pretensión. Cierto que para señoras soías, en algunos conventos se ¡es da habitación y cuidados mediante módicas retribuciones; pero que yo sepa, en España no existen casas de retiro para hombres solos, ni para esos matrimonios de que se hizo mérito. La casa de Retiro de 3 soy, la de ia Rochefoucauld, la de Chardon- Lagache, la Institución Sainte Periné, la fundación Lenoir- Jonsseran, ¡a Galignani, la de Rossiní, la Dheur... y tantas otras que existen en Francia, debidas á personas caritativas y administradas por ¡a Asistencia Pública, cumplen con esta necesidad que señalamos. No son Asilos ni Hospicios, tal como los conocemos en nuestra Patria. Son edificios magníficos, con jardines, depsrtamantos aislados ó dormitorios comunes, según las categorías de las personas recogidas; los comedores semejan á los de los Hoteles modernos, con mesas aisladas; hay biblioteca, sala dz conversación, objetos de arte, personal médico y administrativo cuidadosamente escogido; pueden ingresar en algunas casas después de los cincuenta años; en todas, después de los í t N uevo Negociado. del 17 del actual se crea Por Real orden en este Ministerio un Negociado que se denominará de Enseñanza técnica y el cual ha de entender en todo lo referente á las cuatro Escuelas especiales de Ingenieros de Caminos, Montes, Minas y Agrónomos. También se despachará cuantos asuntos originen las Escuelas del personal auxiliar de los referidos Cuerpos, como, por ejemplo, la de capataces de Minas, peritos agrónomos, etcétera, etc. De este Negociado se encargará el distinguido escritor D Genaro Alas, que actualmente se halla destinado en el de Ganadería, pasando á sustituirle D, Ramón Neirav Gasset. NOTICIAS DE FOMENTO El Sr. Burell. enfermo ¿i director de Obras Continúa públicas Sr. Burell, habiéndose encargado interinamente de! despacho de ¡os asuntos de la Dirección el jefe del Negociado centra) y del personal del Ministerio. T odos ¡os viejos sanos, buenos y honrados, son niños con Ja cabeza blanca. Ese niño inferior que convive con nosotros endulzando nuestras alegrías ó haciéndonos llorar durante nuestra existencia (el cual no existe por muerte prematura en las almas de ¡as malas gentes)