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LECTRiCIDAD ES LH VIDA! El vigor y la vida de los nervios es la Electricidad; ésta es fuerza, salud, vida. Si habéis perdido la Electricidad, no la podréis recuperar hasta que sea devuelta al cuerpo por medio de un Aparate onstruído con la necesaria é infalible perfección y ajustable al cuerpo. La electricidad es el alimento de IoS ner- t vios, su nutrición, su vida. f proporciona una corriente fuerte, que puedu ser regulada, por medio de un reostato, á voluntad del paciente y penetra en el organismo, produciendo una sensación agradable. Todos los Aparatos van garantizados por un año. Millares de casos de neurastenia, dolor (le ríñones, dispepsia, reumatismo, varicoce 1 c, esparmatorrea, lumbago, debilidad muscular, bronquitis é impotencia han sido curados por el VIGORIZADOS ELÉCTRICO del Dr. McLaughlin. EL VIGORIZADQR ELÉCTRICO BEL h HE AQÜI LA PRUEBA DE ELLO Reumatismo. -Trastorno vaso motores. -Catarro bronquial. Sr. D. Dr. McLaughlin. -Madrid. Villar del Cobo (Teruel) Muy señor mío: Tomo la pluma con sumo interés para dar á usted conocimiento de mi estado de salud. íío sé cómo expresarle mi gratitud por el feliz resultado que me ha prestado su VÍ (jOrÍZEtlor EléCtríCOi después de cuatro años de padecimiento con dolores en las espaldas, en las rodillas y en los tobillos y riñones, y al mes de venir usando su VÍgOPÍZSldOl no sentía dolor alguno. Antes no podía dormir ai tenía apetito, y ahora duermo y cómo muy bien y lie engordado; en fin, que me encuentro perfectamente restablecido de mi enfermedad. Dándole un millón de gracias y autorizándole para que naga el uso qae tenga, por conveniente de esta carta, para que e entere la Humanidad, los que padezcan como yo padecía, y 3 epan dónde tienen el remedio. Recifea este testimonio de gratitud y de mi profundo agradecimiento, y jamás le olvidará su afectísimo y seguro servidor, q. b. s. m. Blas Martínez. Consulta y un hermoso libro gratis pera los que nos visiten: que nos escriban los que no pueden venir, y yo les mandaré gratis y franqueado mi Libro, toemiosaiíaeii te ilustrado, explicando la causa üe las enfermedades y c Sin se curan, y una hoja de consulta. Todo 0 gratis HORAS: FIO Nueva mañana á ocho noche. LJ flv hñ Ifl f jÚjpí A f í l r H I INI J lv L l J V i l I L l l i CALLE DE SEVILLA, 16, enti. MADRID 2O ÍJ, BJBL 1O TECA DE A B CJ ABNEÜAC 10 N V AMOR 207 fortuna que has ido á buscar tan lejos arriesgando ía ida, ha caído aquí del cielo. Pero dejémonos de enigmas; estás lejos, debes estar impaciente por saber, ¿Recuerdas que hace un año te conté que mi madrastra se había ido? Me dijo que iba á visitar á una parienta enferma. Le aseguré cortésmente que mi puerta estaría siempre abierta para ella, pero no! e pregunté nada; tenía bastante edad para saber lo que hacía. Al cabo de un mes, recibí una carta en que me decía que su ausencia se prolongaría más de lo que pensaba, me daba las gracias por mis bondades, empleando los tér minos que emplea quien se despide definitivamente; no me creí ubre de ella. No me cabía en la cabeza que una mujer tan Siena de vida, tan inquieta, pudiera represen íar e! pspel de enfermera. No me daba sus señas y b pobre mujer ocupaba tan poco lugar en mi existencia, que no traté de saber desde dónde hsbían mandado! a carta; me importaba poco. Pues bien, Onésimo: á e! ía es á quien debemos, tú tu felicidad y yo una fortuna; es ella quien después de haber sido la causa de la ruina de nuestra casa, se ha convertido en hada bienhechora. slína casualidad! e había hecho saber la muerte de Ofelia de Varsange, y que Valeria, paralítica, ciega, vivía en una constante desconfianza de todo y de todos, miserable, desgraciada en medio del lujo de su casa. lina idea romántica se apoderó de ella: Valeria la había querido mucho: resucitar ese afecto y, valiéndose de su influencia, conseguir que mi parienta hiciera un testamento en favor mío. Laura llegó á Niza, pero le costó mucho trabajo llegar hasta! a señorita de Varsange; alrededor de eüa había gentes resueltas á no soltar su presa. La seño. nta- -le contestaron- -está demasiado enfer írta para recibir visitas; pero si la señora viene para hablarla de negocios, puede entenderse con el ama de lia ves y decir su nombre. jSu nombreí No quería decirlo antes de conseguir su perdón. Se puso en acecho. Una noche, ¡a puerta de la villa quedó abierta; se escurrió furtivamente; conocía la casa y podía andar por ella sin guía. La suerte la favoreció. En la cocina, los criados comían, bebían, reían, mientras el sonido de una campanilla nerviosamente agitada se oía, sin que hicieran caso de él. Laura, al atravesar las habitaciones, observaba el abandono, e! desorden, el saqueo quizá que había en esa casa. Su corazón, que es excelente, se encogió. Había venido á implorar á la viejecit en favor mío, y un sen timiento de lástima grande se apoderaba de ella. La puerta del cuarto de Valeria estaba abierta; la se ñora de Varsange se paró un instante en el umbral; a reconocer á su antigua ama, ciega, envejecida, impotente ¡as lágrimas se le agolparon á los ojos. Se arrodilló de late de ella y besándole las manos murmuró: Señorita Valeria, perdóneme usted y déjeme que te cuide. i Valeria se había incorporado bruscamente, abr. endo sus ojos tristes, que no veían; con esa memoria del oído quit tienen los ciegos, no se equivocó: JjLaura, Laural ¡Es posible! tEs usted, hija mía? (Qué felicidad! Claro que perdonaba; es más, no recordaba que tuviese algo que perdonar. No había sido nunca rencorosa; ¿n el momento de la boda, ya era partidaria de la indu 1 gencia, pero Ofelia no había querido. ÍLO que recordaba, con el egoísmo de los viejos, e? que Laura era, alegre, paciente, sobre todo desinteresada.