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A B C MARTES 20 DE FEBRERO DE 1906. PAG. 7. EDICIÓN i. a -O. l D. hAMARCA. LA CAPILLA ARDIENTE DE ROSK 1 LDE, DONDE HA ESTADO EXPUESTO EL CADÁVER Ob RE HASTA LAS DOS 3 E LA TARDE DE ANTEAYER DOMINGO CHRIST 1 AN Fol Hutin Tiami us LA MONCLOA I os almuerzos literarios que el ilustre presidente del Congreso ha comenzado á dar en el palacio de la Moncloa, hacen fijar la atención en los que fueron jardines de la Florida y deben el nombre con que generalmente se los conoce al conde de la Monclova, personaje del tiempo de Carlos 111 muy amigo del duque de Pastrana, aficionado á los estudios filosóficos y autor de varios folletos contra los jesuítas. Este señor conde de la Monclova tenía una posesión por los lugares que después adquirió el Real Patrimonio, pertenecientes en su mayor parte á la casa de Alba, y con ellos hizo la posesión de re nreo que estuvo muy de mocia en los tiempos de Carlos IV, porque á ella iban con frecuencia á celebrar fiestas campestres las personas de Ja aristocracia. Siguiendo las corrientes de maJ gus -o, at! u epoc? -est biecieion casitas ruan- cas ccn figuras de movimiento, como las que representaban una familia de choriceros extremeños consagrados á su tarea. Todavía existían en tiempo de Isabel J estos pabellones, que se visitaban con papeleta, y que desaparecieron cuando después de la Revolución de Septiembre se derribaron las, tapias. Lo único digno de mención que queda es el Palacio, que fue sitio de recreo de la Real familia, decorado con el estilo del primer Imperio. A este Palacio se retiró Murat después de la jornada del 2 de Mayo de 1808, por creerse en él con más segundad que el que habitaba y es hoy Ministerio de M a n na. El rey consorte D Fiancisco de Asís hizo de este Palacio uno de sus sitios favoritos de recreo, y en él solía reunir á sus íntimos, celebiando conciertos, lectura de poesías y reptesentaciones de charadas. En tiempos r e a Revolución estuvo njy aípndonada Ja Moncloa, no Ikgan- do á realizarse los vastos proyector que concibió Fernández de ios Ríos para unirla á la Castellana, ni lo que propuso el académico D Antonio María Segovia, El Usludtante, que quiso hacep allí un barrio llamado de Cementes, y compuesto de hotelitos que se alquilarían por módicos precios á hombres de letras y de ciencia, para que pudiesen entregarse en ellos á sus trabajos y á sus estudios, disftutando al mismo tiempo de la vida higiénica del campo. El Sr. Cánovas del Castillo fue muy aficionado á la Moncloa, donde solía pasar en el buen tiempo muchas horas, y mandó arreglar algunos de sus jardinillos. CasteJar iba con frecuencia á contemplar desde la escalinata que rodea el palacio la puesta del sol, que dtecía que era uno de los espectáculos de la Naturaleza más herniosos que se podían piesenciar en M a d n d recordándole mucho la de Roma. Sagasta hizo de la Moncloa su paseo favonio en los últimos años de su vida, y