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A B C- S Á B A D O lo D E F E B R E R O D E IQO 6. P A G 8 E D I C I Ó N K VENEZUELA. EL G E N E R A L C A S T R O x) P R E S I D E N T E D E LA R E P Ú B L I C A CON SU F A M I L I A Y L O S P R I N C I P A L E S P E R S O N A J E S P O L Í T I C O S D E SU PAl s EN UNA JIRA CAMPESTRE CAMARERAS MAYORES 1 os recientes nombramientes de damas de S. M la Reina y a próxima boda de S. M el Rey presta interés á cuanto se relaciona con Palacio, y las conversaciones en las aristocráticas tertulias r e caen sobre asuntos palatinos de estos y otros tiempos. E n una de ellas se hablaba anoche d e las camareras mayores que han sido famosas, recordándose, como es natural, á la celebérrima princesa d e los Ursinos, A n a M a r í a de la Ti- emoille, duquesa d e Bracciano, francesa por su nacimiento, que había residido muchos años en Roma sosteniendo un salón notabilísimo, en el que demostró sus grandes condiciones para la intriga. V i n o á España acompañando á la reina doña M a r í a Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa d e F e l i p e V y desempeñando ya, p o r imposición d e la C o r t e d e Francia, el cargo de Camarera mayor d e Ja joven Sobei ana. Estaba entonces viuda de dos maridos; era d e estatura arrogante, morena, con ojos azules d e extraordinaria expresión; d e talle esbelto, de exquisita elegancia, V, sobre rodo, de una conversación ame- nísima. Reunía todas las condiciones para agradar; era habilísima para la intriga y su influencia fué poderosa en la C o r t e mientras vivió la Reina y durante el p e ríodo de la viudez del R e y T a n t a influencia ejercía sobre ei ánimo del M o n a r c a que se había retirado al palacio de Lerma y donde le tenía casi secuestrado, que corrió muy válida por E u r o p a la noticia de que se casaba con Felipe V á pesar de que ella se acercaba á los ochenta años y de que el Rey no pasaba de los treinta y dos. D o ñ a Isabel de Farnesio, la segunda esposa de F e l i p e puso fin al poderío d e la Princesa haciéndola marchar d e s d e j a draque, donde había ido á recibir á la nueva Soberana, sin daría tiempo siquiera para cambiar el traje de corte. La princesa d e los Ursinos murió en Roma en 1722, d e edad muy avanzada é intrigando siempre. La sucedió en el cargo de camarera mayor doña Angela Folch d e A r a g ó n hija del duque de S e g o r b e que casó con el conde de Altamira, del que estaba viud a E r a pequeñita d e cuei- po, algo contrahecha, p e r o en sus maneras y en su conversación demostraba lo esmerado d e su educación y lo elevado d e su nacimiento. N o eierció gran influencia sobre Ja Reina, porque ésta, además de ser muy independiente para dejarse dominar, tenía sus dos favoritas, que eran ¡a princesa de Roberg, y en un grado rcyÁs íntimo á su nodriza que había traído d e Parma, ¡a famosa Laura Piscatori, á la que hizo su azafata y dio posición en la C o r t e en Ja que ejerció gran influencia. Camarera mayor muy notable fué doña Luisa d e Gante, duquesa de Montellano, que desempeñó este cargo con la que fué primera princesa de Asturias y después reina Luisa d e Orleans, esposa de Luis Lo que sufrió la duquesa, que era de un carácter dulce y bondadoso, con las extravagancias y caprichos de su señora, es indecible. E n nuestros tiempos han sido camareras la duquesa de M i n a la condesa del M o n tijo, la duquesa de Gor, y mereciendo especialísima mención por sus cualidades excepcionales, aquella inolvidable y santa marquesa de Santa Cruz, cuya señoril figura se destaca majestuosa y venerable desde los primeros tiempos de la Restauración hasta su m u e r t e acaecida desempeñando sus altas funciones con la reina doña M a r í a Cristina. UN MADRILEÑO