Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
S AÑO jUM, IHICA CUATRO. 3 5. GRÓUNIVER- I M A B R I D 10 DE F E B R E R O DE 1906 NUMERO SUEL- TO, 5 CÉNTIMOS importa á los actores el que la g e n t e se rizonte despejado, calma chicha... P r o n halle desde el principio d e la función en- to hemos d e verlo. E n el Gobierno civil hubo anoche una terada del argumento y sonri endose an- ticipadamente de los efectos preparados. reunión d e senadores y diputados por Llegar ó no llegar: éste es el problema, M a d r i d para estudiar la próxima crisis Y cuando, después d e las escenas p r e p a- obrera y acudir á su remedio. S e acordó radas no se llega al p o d e r hay en ello lo de siempre: recurrir al G o b i e r n o V e una sanción d e las cosas, que bastaría á remos á quién recurrirá el Gobierno á impedir repeticiones, si claramente sé la su vez. AEMECE percibiera. ¡Cuestión de oído! E s t o no deben olvidarlo los villaverdistas en la presente ocasión; p o r q u e el IMPRESIONES público está muy prevenido. MANUEL T R O Y A N O SAL ILUSTRADA. CRÓNICA PO LlTl CA p L VILLAVERDISMO, ¡Estas d i s i dencias políticas, que se quedan fuer ra del partido á que pertenecieron, sin p o d e r entrar en o t r o son terribles! H u mores inasimilables, están en la circulación de la vida pública para constituir al cabo un reúma nacional. Como una verdadera artritis, complican todas las enfermedades que en cl Estado se producen. Si el país, en que se presentan, carece d e energías bastantes para eliminarlas; si una política antihigiénica les da medios d e crecimiento, acaban p o r ser una causa constante d e perturbación. E n tal sentido, d e objeto d e estudio nos puede servir la minoría villaverdista. F o r m a d a por hombres, que han sido ministros y continúan con las pretensiones d e tales y por algunos otros que aspiran á serlo, hállase dispuesta á crear una situación con cualquiera clase d e element o s tendencias y doctrinas. S e habló del p o d e r personal, y por ahí asomó la nariz dicha disidencia; se ha hablado de militarismo y se ha mostrado propicia á servir de materia tintórea á un Gobierno, que de tal naturaleza se formase, para hacer menos vivo, más suave su color. A l g o d e incompatibilidad p e r s o n a l con el S r M a u r a y mucho d e disgusto p o r la superabundancia d e exministros y ministrables en el partido conservador la alejan d e éste. La misma última indicada razón y las prevenciones d e la masa la alejan del partido liberal. Fabricarse un nuevo y seguro nido es el capital objeto político d e esa disidencia. A e lo sacrifican hasta el nombre y la representación que han querido ostentar. P o r aibaceas del S r Villaverde d e mandaron puesto importante en la política. M a s el S r Villaverde había r e d u cido su significación á la obra económica. N a d a hizo como presidente del Consejo d e ministros, para ensanchar aquella. P e r o en ella había p o r lo menos solidez. ¿Cómo se concierta semejante herencia con el presupuesto que fué á diseñar en Salamanca el S r González BesaÜa, uno d e los Césares del villaverdismo, que aspiran á la púrpura d e Augusto? T a m p o c o corresponden á la consabida herencia las entusiásticas aficiones militairistas. Personaje importantísimo d e l a Situación conservadora, el segundo después d e Silvela, era el S r Villaverde, cuando aquel señor reformó el art. j. del Código de justicia militar, y e l i l u s t r e y á la sazón omnipotente hacendista ¡no puso á semejante medida reparo alg u n o el cual entonces habría sido obstáculo infranqueable. Sin duda, para r e mediar tamaño descuido, los aibaceas exageran ahora en sentido contrario. -Ya no PARLAMENTARIAS MADRID AL DÍA o n t i n ú a el tiempo brindando á M a drid excepcionales bondades. E l sol es con nosotros, y quien dice el sel dice la alegría y la animación. El precio d e los francos siguió ayer para abajo. Con lo cual está d e enhorabuena el comercio en general y en particular el madrileño, que tiene aderhás en perspectiva una gran primavera d e fiestas regias de las que dan honra y p r o vecho. Gran animación ayer en ambos C u e r pos colegisladores. E n el Congreso, r e surrección d e la animada miscelánea, á cargo d é los Sres Silvela (E. y ministro d e ia Gobernación, con paréntesis d e r i sas y protestas. E n el Senado, debate d e las jurisdicciones con diálogo vivo y mordaz, actuando d e protagonistas el señor Groizard y el ministro de la Guerra p o r etecto d e una frase del primero y d e un colmo de susceptibilidad del segundo. S e conoce que era día d e basca para los señores mangoneadorcs d e la cosa pública, porque no fué solamente en las Cámaras d o n d e se sintió t e m p o r a l T a m b i é n fué amena y pintoresca en alto grado la sesión celebrada p o r el A y u n t a m i e n t o Lean la reseña nuestros lectores y saborearán cosa buena. N u e s tros ediles, siempre sacrificándose p o r el bien d e la villa, discutieron la reorganización del servicio d e incendios. El debate fué acaloradísimo, cosa natural tratándose d e incendios. Se habló d e favoritismo, d e influencias... ¡todo inverosímil! ¿quién p u e d e creerlo? P e r o se llegó á la provisión de cuatro placitas d e 3.ooo pesetas, y allí fué T r o y a j C u á n t a abnegación, cuánto desinterés, cuánto patriotismo malrotados! T i e n e M a d r i d un Ayuntamiento que no se lo merece. P o r lo mismo debía renunciar á seguir disfrutándole. La política que al empezar la noche ofreció cariz amenazador, cambió después mucho, gracias á la habilidad y elocuencia de M o r e t que contuvo el nublado que se venía encima. A última hora se anunciaba para h o y bonanza segura, h o- r O M E Z A C E B O ¿Qué habrá pasado en el Congreso? pregunta D Leonardo. D Juan se pone los lentes, busca en el periódico la sección parlamentaria y lee: Viernes, 9 de F e b r e r o Ábrese la sesión á las tres y cuarto. El S r Gómez Acebo dirige una pregunta sin interés al ministro de H a c i e n d a ¡Ahí lo tiene usted! exclama D Leonardo cortando el hilo de la lectura. (r ¿Qué? replica D Juan mirando p o r encima de- los anteojos, Nada excJama D Leonardo con un ligero tono irónico y dando un golpecito con el bastón en el suelo. ¿Dice usted que nada? t o r na á preguntar D Juan mirando fijamente á su interruptor. ¡Hombre! -grita D A n t o n i o poniendo término á esta pausa embarazosa. ¡H o m b r e quiere decir que allí tienes ya á G ó mez Acebol ¡Ya lo sé! -exclama D J u a n ¿Y qué? ¿Qué ha dirigido un ruego sin interés? ¿Quiere usted decir con esto que Gómez Acebo no se ocupa más que de fruslerías? H a b r í a que ver si lo que ha dicho Gómez Acebo no tenía interés. Ya sabe usted lo que son los periodistas. Ya la tenemos interrumpe sonriendo P e r i c o Perico sale á la defensa de su profesión dice dando otro golpecito con su bastón D Leonard o Y. después añade enfáticamente: ¡Lá noble profesión d é l a s letras! Perico ha estado en M a d r i d dos ó tres años estudiando; en M a d r i d ha escrito algunos artículos en este ó el otro periódico; aiiora Perico vive en el pueblo y hace de cuando en cuando una escapada á M a d r i d Estos literatos- -dice D Juan con ciert o retintín- -odian todos á los políticos; á ellos no les gusta más que pasarse las horas en P e r nos despellando al prójimo. ¡Caramba, don Juan- -replica Perico- -yo no he despellejado á nadie; y en cuanto á ir á F o r n o s yo le aseguró á usted que he ido muy pocas veces. Sí, sí, Perico, sí- -le ataja D Juan, con un dejo de hombre que está al tanto de los misterios de lá literatura. -Sí, sí, Perico; tú te crees que yo n o conozco la vida literaria de M a d r i d Él año 885 cuando se estrenó La Pasionaria, los periódicos contaron que había en el teatro un espectador que gritaba bravo con voz más; r e cia, más estentórea que todos los demás; este hombre era D Juan, que había venido entonces á M a d r i d á celebrar una conferencia con D Venancio González; desde entonces d o n Juan se consideró uria autoridad critica en U ciudad. Sí, sí Perico- -prosigue D Juan; -vosotros hablad. lo que queráis de los hombres políticos. ¿Lo vais á hacer vosotros mejor? ¿Es que tú te crees q u e Gómez Acebo es un cualquiera, que no tiene talento? Yo no sé, doi Juan, quién es Gómez Acebo contesta sencillamente P e r i c o E s un gran hacendista observa irónicamente D Francisco, que hast