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A B C VIERNES 9 DE FEBRERO DE IOc 6 PAG. 5. EDICIÓN i. ó. r- fr r PKOCL MAOÓN DE FEDERICO V I H REY DE DINAMARCA. EL NUEVO REY SALUDANDO AL PUbBLO DANÉS DESDE EL BALCÓN DE SU PALACIO DE COPENHAGUE Fot lliilin I. vmpus De su existencia fastuosa sólo la rodea el duro camastro y el pobre escabel de su ergástula, testigos silenciosos de tantas lágrimas de arrepentimiento, de gemidos de dolor y suI 1 TERATURA CARCELERA. Conven- premos gritos de desesperada angustia. En ese período de postración, propicio á gamos con el distinguido cronista Jean Frollo en que la buena literatura femenina sale todos los encarcelados, sus jueces han tenido hoy de las prisiones. O por lo menos, es la la humana idea de permitir á la madre el infinito consuelo de acariciar á sus hijos. Desde eue mejor se vende. Preguntádselo á la suave Bompard, á ¡a sen- ese momento todo el fuego pasional, del que sible Merelly ó á la atropellaplatos María constantemente fue juguete la mujer deliciosa Audo. La primera os dirá que tuvo editores de los vehementes amores, surgió lleno de quiespléndidos; la segunda, que vendió á peso de meras y esperanzas. Y en unas páginas de prooro su prosa; y en cuanto á ¡a espiritual fre- sa triste y violenta, la infeliz cautiva describe gona, folletineando está en los grandes dia- las extrañas fases de su vida de esposa y de madre, su papel en la espantosa tragedia- -que rios parisienses. Sabemos que el original se lo juzga mal comprendido, -sus faltas y sus loarrancan de las manos y que cinco experimentados dactilógrafos apenas dan abasto á su fe- cos amores. Pregunta si existe un término científico que cunda inspiración. Toda esta femenil literatura se la debemos defina el horror nervioso que le hacía gritar á ese pobre Galley, por lo que yo estimo que á la sola idea de unión con su marido Cuenta sus amores de fuego y locura indebiera perdonársele su falta. Si restituyó lo timado y da dos nombres ilustres á su pa- mensos y violentos con Secchi. Pero sobre la tria, ¿qué menos puede otorgársele que un ge- muerte del conde no dice nada. ¿Acaso su neroso olvido y las palmas académicas, como hermano Tuilio no lo ha confesado todo? ¿No está expiando un crimen que sólo cometió equitativa compensación? Pero mientras aquí las jóvenes peripatéticas para dar á la hermana adorada la libertad y la de la Cahime cultivan el género alegre, allá, alegría? Linda Murri no trata de justificarse de lo en la tierra de Maquiavelo, la literatura carcelera pertenece al género triste, horriblemente que llama el pecado de no haber amado al hombre que por la ley y la Iglesia tenía deretriste. Linda Murri, ía heroína del extraño y te- cho á su amor Es Dios quien nos manda amar- -exclama rrible drama de Bolonia, al comenzar á expiar su condena nos habla, desesperada y conmo- exasperada, -pero él hizo el amor tan puro vedora, de su inocencia. La mujer que fue y tan libre, que nadie puede amar por fuerza... reina en salones y fiestas no es hoy más que ¡Oh jueces que me habéis enterrado viva, decidme cuál es mi crimen... ¡Si está escrito en una desdichada criatura enferma. Y sus ojos, sus bellos ojos de diamante ne- los códigos del amor, vosotros no podéis, no debéis condenarme... glo, son ya los úmc- os que dan vida á su rostí o pilido y tsjv Ji ¡I Henos aquí bien distantes de ios arrullos de POSTALES EUROPEAS la tórtola Merelly y de tas sensaciones impersonales de la soubreite M- uía AuJo. El libro de Linda Murri no tendrá un gran éxito, pei- o provocará piedad. F. MORA DAMAS DE LA REINA C e ha aumentado el número de damas de S. M la Reina con el nombramiento para este alto cargo palatino de las Grandes de España cuyos nombres publicamos ayer. En realidad, hacía falta, porque ¡a avanzada edad de alguna de las poseedoras del lazo rojo, y recientes y sensibles muertes, han reducido el número de las aristocráticas señoras que prestan servicio de honor á S. M la Reina. La marquesa viuda de Ayerbe fue nombrada en Noviembre de i85o y ha sido dama de doña Isabel 11, de doña María de las Mercedes y de doña María Cristina, y ya está retirada del mundo. En Diciembre del mismo año fue nombrada la duquesa de Fevnán- Núñez, que ha servido á cuatro reinas: á doña Isabel I á doña María Victoria, á doña Mercedes y á doña Cristina. Del tiempo de doña Isabel quedan la duquesa de Almodóvar del Valle, la condesa viuda de Sevilla la Nueva y las condesas viudas de Toreno y de Torrejón. La primera nombrada después de Ja