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AÑO CUATRO. 394. CRÓNICA UNIVER SAL ILUSTRADA. supremacía del poder civil no hay referencia alguna á relación de paisanos y militares, ni de escala gradual en esa relación en favor de unos ó de otros. La función militar en la vida de un L TÉ ENFRIADO EN Somos una EL PLATILLO raza impulsi- pueblo- -no la meramente educativa y va, y á medida que degeneramos, ¡natu- que tiene por objeto preparar el ejército ralmente! somos más i mpulsivos todavía. para aquella- -es lo excepcional, y supoEsta condición de nuestra naturaleza hace ne que el orden civil, esto es, normal se que en ¡a vida pública el arte supremo encuentra atacado por un enemigo intedel gobernante español sea ganar tiempo rior ó exterior. El ejército defiende en para darlo á la reflexión. No hay que uno y otro caso la normalidad de la exisconfundir esto con Jo que practican los tencia de su país. Conservando este punministros cuando ganan tiempo para no to de vista, se impedirá que Jos concepmolestarse. Fue esta cualidad la sobresa- tos se equivoquen, y de su choque, cual liente en Sagasta; aunque la forma y la del de la piedra y el hierro, saque chisfrecuencia con que á veces la aplicaba pas la pasión. quitase mérito á la obra. En un partido Con ello y con hacerse cargo de que es político, y más en un partido liberal, en- imposible que la inmensa mayoría de la frenar el primer impulso de éste ó de la nación consienta, sin grave mengua para opinión general, es hacer mucho por el ella, que se haga privilegio del patriotis rden y por la paz interior. mo, y que por tanto no es aceptable que La observación expuesta se halla una los delitos contra la Patria entren en otra atz más comprobada por la marcha que esfera que en la de la jurisdicción normal, sigue la cuestión de las jurisdicciones. que es la ordinaria, se tendrá como conCon el carácter de antagonismo de clase, jurado el pavoroso conflicto, cuya medique en mal hora se le había querido im- cina, de haber sido desacertada, habría primir por algunos, la mecha de la mina agravado la enfermedad. había empezado á arder. Si se hubiera MANUIL TROYANO llevado la cuestión al Congreso, donde fácilmente la pasión se enciende, no es dable calcular lo que habría tardado la explosión. Esta fue evitada con llevar al 1 a noticia del día la dimos los periódiSenado- -justificando el símil de Wascos jde la mañana, anunciando, con hington del té en el platillo y en la taza arreglo á informes que se tienen por ve -el candente y peligroso asunto. Y cuan- rídicos, la boda del Rey para el día 2 de do del anunciado debate esperaba el au- Junio. Nueva más grata no podía darse ditorio que hiciese sentir la emoción trá- al público madrileño, que se pirra por gica, habló la reflexión, habló el buen las grandes solemnidades y cuenta por los sentido, y ha habido quien por ello hasta dedos las que se avecinan: primero, visise ha llamado á engaño. ta del Rey de Portugal con los consiQueda, sin embargo, un ascua, soplan- guientes festejos; después, Carnaval con do sobre la cual no es difícil levantar lla- sus cuatro días de incesante bullicio; más ma y aun arrojar chispas sobre el com- tarde, llegada del rey Eduardo, seguida bustible. Con mucho cuidado pasó sobre de la del Kaiser, y, por último, las boella el general Linares, merced á la co- das reales... ¡Dicha completa! ¿Qué va á. rrección y discreción de su discurso. Por importársele á este pueblo jacarandoso la fortuna ayer nadie sopló sobre ese ascua cuestión délas jurisdicciones ni la Confede la supremacía, de manera tal que lle- rencia de Algeciras? vase el debate al antagonismo. La noticia de la boda puede consideEs preciso volver sobre esto, porque rarse ya oficial. El Rey se la anunció á aquí se discute más sobre palabras ó fra- los ministros en el Consejo que, como ses que sobre conceptos precisos. Y un jueves, celebraron en Palacio. error cien veces repetido acaba por cuPrograma así y tiempo como el que brir el puesto de la verdad. Ayer por ayer disfrutó, bueno de los buenos, es lo haber elevado el Sr. Aramburu y el se- que necesita para ser feliz y preocuparñor Labra la cuestión á la esfera de las se poco délo que ocurre en su alrededor. doctrinas, el escollo quedó salvado. Se El interés político siguió en el Senaha dicho y habrá que repetirlo. do; pero la discusión no despierta ya tanCon respecto al orden del Estado, no ta curiosidad. Además, no son tantos los se usa del calificativo civil por oposi- ciudadanos decididos á jugarse la vida, ción á Ja clase militar y menos al orga- que poco menos significa meterse en aquenismo que ejerce las funciones de fuerza lla casa, donde los venerables ancianos armada de aquél. Civil por su naturaleza que la usan para sus funciones hacen pola sociedad, civil habrá de ser por su ín- ner la atmósfera á temperatura que echa dole la normalidad del poder público en bombas, cuando la de Ja calle está hecha la vida de aquélla. Lo civil en este caso témpanos. En el Congreso hubo también significa lo normal. Y cuando se habla de desanimación completa. lÜMADRID, 9 DE FEBRERO DE 1906 NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS De paso para Gibraltar llegó el príncipe de Battenberg, hermano de Ja futura Reina de España. Otro suceso del día fue el estreno de Jllaíer Dolor osa, drama de- Leopoldo Cano, en el Gran Teatro. No hubo nada de lo que se dijo que iba á ocurrir ajeno al drama y al teatro; pero hubo alborozo popular en la galería, sacudidas de nervios y explosiones de entusiasmo, porque hay otro Marcial como el de La Pasionaria y otra Pasionaria, latigazos para el modernismo, para los desmanes automovilistas, alabanzas para lo humilde y despreciado, y, en fin, cuanto conmueve y nos hace creer que aún hay Veremundos y muchas cosas que hacer. Y nada más. Él alcalde participó ayer al gobernador que la próxima semana quedarán sin trabajo muchos obreros municipales. Como ven ustedes, Jo de Ja Gran Vía es un hecho. AEMECB POLÍTICA E IMPRESIONES PARLAMENTARIAS N A CARRETERA. Vamos marchando por la carretera hacia adelante; dentro del coche nos encontramos un señor grueso con una recia cadena de plata y que nos dice á cada momento que es muy amigo de tal ó cual político; una señora que ha ido muchas veces en Aíadrid al teatro Real; un joven que lleva una pelliza con negras coderas y que creemos que es de Albacete; otro señor todo afeitado, vestido de negro y con una botella metida en el bolsillo interior de la americana; y una muchacha morena, con anchos ojos, que mira á cada paso por la ventanilla y que dice que este paisaje se parece á otro de Murcia, de Alicante ó de Castellón. El coche corre rápidamente, con un ruido alegre de tablas y de herrajes; se oye el chasquido de la tra la del mayoral. T o dos hablamos de cosas indiferentes. Me han dicho- -observa el señor grueso- -que esta carretera es muy mala. jt ¿Dice usted que es mala? pregunta ¡a señora que ha estado mucho en el Real. ¡Ya lo creol- -exclama el señor de la botella misteriosa. ¡Como que la semana pasada volcó la diíigencía y fue rodando por un desmonte! En este momento el coche dá un vaivén formidable. ¡Jesús! grita la señora, horrorizada. ¡Dios me valga! vocea la moza. Y todos miramos instintivatnente por las ventanillas; un temeroso precipicio se abre en lo hondo, á un lado de) camino. Cuando nuestros ojos contemplan este pavoroso despeñadero, comenzamos á chillar todos. La diligencia se detiene. ¿Quieren ustedes bajar? pregunta tranquilamente el mayoral, que ya está acostumbrado á estos gtitos de espanto. Sí, sí- -decimos nosotros- -vamos á bajar Todos bajamos del coche y vamos caminando alegremente detrás de él. Hace una mañana espléndida; el ambiente es sutil y templado; se divisan en la lejanía unos picachos azules de las montañas. De todo esto- -dice el señor grueso- -tiene la culpa el Gobierno En España- -observa el joven de la pelliza- -hemos perdido ya hasta la vergüenza No hay caminos, ni hay nada corrobora el personaje de la bo-