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A B C- J U E V E S 8 D E F E B R E R O D E i 9 c 6 P A G 8. E D I C I Ó N i, a truyendo uno que correrá á razón de 260 kilómetros por hora. 333 metros por minuto! ¡72 metros por segundo! hí le tienen ustedes á Febrerito loco, que, ¡Nada! que sale usted de Pozuelo, pongo harto de esta fama de variable que! e die- por caso, á las cinco en punto y á las cinco y ron los siglos, parece que viene decidido á un minuto está usted en el Cementerio del acreditarse de constante. Su programa viene á Este! ser el de los Gobiernos procedentes de saldos, X ó sea de disidencias, que siempre afirman que son continuación del Gobierno anterior. Fe p i Kaiser piensa regalar á la hija de Roosebrero continúa los fríos de Enero, sin andarse velt, según dicen los telegramas, un braen variaciones. za ete engastado en brillantes. No puede neYa se sabe que cuando la Candelaria plora garse la completa novedad de la joya, porque ya está el invierno fora; pero como este año hasta ahora eran los brillantes los que se enhemos tenido la desgracia de que no haya plo- gastaban en los brazaletes. rado ni una gota, continuamos con el invierno CARLOS LUIS DE C U E N C A dentro. Yo lo siento en la medula de los huesos, confirmando la exactitud de) proverbio bilingüe, y evocando el recuerdo de otro, más bilingüe todavía, mezcla de catalán y gallego, que dice: Que plore que no plore, que deje de plo- A la reunión antiduelista celebrada días parar, á piotía está por pasar. sados en el Círculo de labradores de SeviMucho me temo esta peoría que nos amena- lla, de que dimos oportunamente cuenta en un za y que hace exclamar á todos los ligeros de telegrama, seguirán otros actos análogos en ropa: ¡Dios nos coja confesados, y abrigados diversas provincias, según nuestros informes. inclusive. Los enemigos del duelo continúan la campaña emprendida, y bien pronto la Liga aniidueJLÍ stos días en que á los pobres foltcularios se liata española tendrá toda la importancia que nos pone, al escribir, carne de gallina, en- merece, al igual de sus similares del extranvidiamos á cuantos se dedican á trabajos que jero. xigen un violento ejercicio corporal. No hay La bárbara costumbre del duelo que persisliberalismo que nos cure del deseo de entrar te entre nosotros, aunque todos la censuramos en reacción. Por eso hoy casi miro con envi- en teoría y los Tiíbunales la condenan en teodia á esas muchachas á quienes la fiebre de la ría también, debe ser retirada en nombre de novedad ha puesto á los pies de los caballos en la civilización. No hemos de repetir ahora toel hecho de colocarlas á los pies de los caballe- dos los argumentos que la combaten; bástanos IOS. La triste situación de esas pobres mujeres recordar el número de duelos que se celebran, limpiabotas, que todo el mundo censura con no por cuestiones verdaderamente de honor, razón, tiene hoy este pequeño desquite. ¡A es- sino por insignificantes mortificaciones del amor tas horas en que tiritamos los escritores esta- propio. Y así, queriendo ser actos consagrados rán ellas sudando! á algo fundamental de la vida, quedan reduciE! oficio es duro, y el parroquiano lo hace dos á sesiones en que se prueba la mayor ó menor destreza de los combatientes. á veces más duro todavía. Un caballero penetra en un salón de limpiaY he aquí una de las cosas, acaso la más mobotas con unas engrasadas, á las que quiere se lesta, que se evitarían acabando con los duedé un brillo deslumbrador. El hombre pide un los: la impertinencia de los hombres diestros mozo para cada pie, y les da á cada uno dos en el manejo de las armas. Hay caballeros que reales. Trabajan con fe durante un gran rato y sin tener nada en que ocupar su vida, la emse dan por vencidos: el brillo no sale. plean en las salas de esgrima aprendiendo gol ¡Otros dos! pide el caballero, y entrega pes y estocadas, y al sentirse prácticos, intenuna peseta á cada uno; pero aunque los nuevos tan atropellar al prójimo con la impunidad de frotadores redoblan su ardimiento, el deseado su sabiduría de tiradores, con la enorme venbrillo no resulta. taja que tienen sobre quien dedicado á sus ta Basta, les dice entonces, no se cansen uste- reas no pudo dedicarse á tan agradable depordes más: á estas botas no se las puede sacar te. Abolido el duelo, esos caballeros ¡imitarían lustre, pero no importa. Padezco de reúma en su actividad caballeresca, ó la emplearían en los píes y el médico me ha recetado masage. algo más beneficioso para su país que la injusUn técnico me pide 10 pesetas por sesión y ya ta provocación apoyada en el conocimiento de he resuelto con ustedes el problema de tener las armas. dos sesiones por tres pesetas. ñez, y á médico de segunda á D Javier Casares. Concediendo cruz de segunda clase del Mérito Naval blanca, pensionada, al contador de navio de piímera D José Lescusa ídem id. de primera y tercera clase, respes tiv? mente, pensionadas, al ordenador de Marina D Valentín Arranz, y al contador de navio D Francisco de Paula Sierra. ídem de tercera clase, pensionada, al auxi- liar de oficinas D Manuel Rodríguez Martín. Guerra. Concediendo la cruz del Mérito Mi itar blanca á varios generales y asimilados del ejército alemán. Ídem la de San Hermenegildo á los generales de brigada y división D Eduardo Andiro y D Adolfo Valle. Ídem del Mérito Militar blanca al general de brigada de la reserva D José Moraleda. Ídem la merced del hábito de Santiago á D. Dionisio Nogales Rendeu. Ídem la del Mérito Militar, con distintivo blanco, pensionada, al teniente coronel de Estado Mayor D Remigio García Cabrera, por servicios al profesorado. Declarando pensionada la cruz del Mérito Militar con pasador del profesorado que p e see D Francisco de Ledesma y Palma. Concediendo cruz de primera clase del Mérito Militar blanca á los capitanes de Estado Mayor y Artillería, respectivamente, D Emilio Urquiola y D Julio Andillo, por servicios prestados en la visita de M r Loubet. Confiriendo el mando del regimiento de Wad- Ras á D Gabino Aranda Miura. Ídem de Melilla á D. José Benedicto Gálvez. ídem á la zona de Salamanca á D José Barriga Elias. Ídem al 5. regimiento mixto de San Sebastián, al coronel D José Castro y Foca. Aprobando el reglamento del Cuerpo de Inválidos. CONTRA EL DUELO GRANDEZAS DE LA VIDA IX. MUERTE DE PÍOUN tAyershizo trein- s HISTORIA DE a y eis año X p n el teatro de los Recreos de Lisboa han tenido un recreo espantoso. La pobre Mlle. Thíers, que hacía una de esas barbaridades recreativas que se practican con automóviles en los circos, ha caído á la pista, hiriéndose gravemente. El público protestó del espectáculo, que es como protestar de sí mismo, porque para él se inventan esos ejercicios peligrosos y para verlos acude. Si se hubiera podido anunciar la desgracia en el programa, la afluencia de público hubiera sido mayor de la que era, porque amamos e! peligro. Lo que hay es que en estos casos no se confirma el proverbio de que quien ama eí peligro en él perece; porque quien lo ama es el público y el que suele perecer es el titiritero. Estos espectáculos de automóviles circenses ¿stán, sin embargo, llamados á desaparecer, porque resultarán pálidos ante los que se nos ofrecerán gratis por los más opulentos automovilistas. Para el Sr. Vaaderbiii están coas- PALACIO. q u e falleció el venerable Pío IX, cuyo Pontificado llena con sus trascendentales sucesos una parte muy interesante del siglo XIX. La muerte de aquel inolvidable sucesor de San Pedro se señaló en la sociedad de M a drid por un hecho notable. Los duques de Santoña habían dispuesto inaugurar con un gran baile el suntuoso palacio que, sin perdonar ninguna clase de gastos, habían hecho restaurando un viejo caserón de la calle de las Huertas esquina á la del Príncipe. FIRMA DE S. M. Hacía tiempo que se hablaba en M a El Rey firmó ayer los siguientes decretos: Marina. Disponiendo cese en el cargo de drid de las grandes obras emprendidas comandante general del Arsenal de la Carraca en esta morada, de los artistas de primer el capitán de navio de primera clase D José orden que tomaban parte en ellas, de los González Lacostera. mármoles que para decorado habían traíNombrando para sustituirle al de igual clase do de Italia, del lujo y magnificencia de D. Guillermo Camarego. los muebles y de los salones, y existía inRedactando de nuevo el art. 3. del Real de- terés por conocer tanta opulencia, digna creto del 12 de Mayo de 1897, sobre defen- del renombrado banquero. sas submarinas. Habían circulado ya las invitaciones Declarando nula la Real orden de de Agosto de 1904 sobre concesión de un vivero para el baile; de Murcia, de Valencia y de Sevilla habían venido vagones cargade peces á D Eduardo A. Martínez. Sacando á oposición diez plazas de aspiran- dos de flores; estaba todo dispuesto para tes de Marina. una cena suntuosa, cuando se recibió el Decreto sobre el tiempo de duración de los telegrama comunicando la triste nueva de destinos de la Armada. la muerte del Pontífice. Inmediatamente Ascendiendo á teniente auditor de tercera dieron los duques la orden de suspender al auxiliar D Luis López. la fiesta; todos los manjares preoarados dem á médico de primera á D Adolfo Nú