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C MIÉRCOLES 7 CE FEBRFRO DE 1906. PAG. 6. EDICIÓN I I1 Vf 1 CUESTIÓN RELIGIOSA FN PARÍS. LA JUAKUIA REPUBLICANA ENTRANDO EN SAINT PlEKRE PARA A i COMIíAllO QUb H J Z O FL) N V C N T R 1 O I í 1 I) 1 C (1 ft Todos los episodios de la jornada parecían pasar, como en película de cmeiiutogiafo, por aquel escenario, con su lógica, su compiensible n onotonía. Tuve yo la suelte de ser uno de los óoé coi íesponsales que piesenciaron la priancia J egnda del Rey á Mouriscot; fui el único que le vio partir de la estación de Biamtz ir, ultima noche. Entre estas dos fechas, a imag nación de muchos proyectó, y á veces relató como hechos realizados, más de un rendez- vous de chasse, grandes banquetes de gala, revista i militar en la Chambie d amour, suculentos y concum dosy? t o dock tea en Villa Etchepandía ó brillantes bailes en la morada de algún noble español. Yo cuidé mucho de no telegiafiar tales esplendores. Sabía que una voluntad doblemente soberana entonces, porque los dictados del corazón no necesitaban el refrendo ác nadie, se había impuesto á sí misma un solo piogiama: amar- Y una sola línea de conduct 1 no dejarse arrebatar por agasajos ni home 1 jes una mirada, una sonrisa, un segundo de 1 atención de quien era allí su atención toda. Y cierto de ello, con la misma indiferencia con que veía ir y venir, de San Sebastián á Biarritz, á Jorge, e ayuda de cámara, y a) a maleta de coiona real que él conducía y que nunca llevo de fijo la indumentaria de las grandes fiestas, veía aparecer y desaparecer de su mesita del Hotel des Princes, frontera a la mía, a aquel Lord Cecil, de tipo tan genuinamente británico, y á aquella Miss Cochrane, cuyos cabellos blancos serían un agravio sino fuera un nuevo atractivo de su elegantísima figura. ¿Para qué espiarlos? Podría variar el itinerario. Al final de todos los caminos sólo habría un amortan vulcrai, tan sublime, tan soso, tan lleno de delicias como todos ios amot ¿que en el mundo an sido. a vi un di U i nomento, de lejos, 1 E princesa Ena entre las arboledas dt Moutiscot. T mbien os sera indiferente saber lo que hacía: de fijo sabéis como yo en lo que pensaba. Probablemente cuando la volvamos á ver muchos de los que la hemos admirado en Biarritz, niña ingenua, candorosa, enamorada, habrá aprendido ya las artes del disimulo ó as estará aprendiendo; será mujer y Reina, esclava de las conveniencias y del protocolo. ¡Con cuánto placer, con qué íntimo afecto no pensará entonces en aquel Mouriscot, inmortalizado por su ídibo! Si el matrimonio es un puente que conduce al cielo, como dicen que dijo Zend- avesta, un puente cuyo estribo de entrada se asienta en la encantadora posesión de la Negresse, y en cuyo centro hay un trono, sólo puede ser hazaña de hadas. Es que el hada blanca de Victoria de Battenberg ha derrotado para siempre al hada negra. T. LEVELFJELD PRO DOMO MEA Qerdone el lector si el artículo de hoy es algo egoísta; verá que no me fa ta motivo para ello. Por los periódicos sé que ha sido denunciado un aitículo mío inserto en La Publicidad de Barcelona. Dieciocho años hace que colaboro en ese periódico; mis modestos trabajos alternaban, mientras ellos vivieron, con los de Castelar y Clarín; hoy uno de mis colegas es Alfredo Calderón; no son estos nombres de busca- ruidos. Más años hace que escribo en los papeles- -labor tan honrada como la que puede hacerse, y yo he hecho, en cuarteles, oficinas, empresas, -y nunca he tenido que ver con el fiscal de imprenta, y eso que durante un año amparaba al escritor el amplio m mto de la inviolabilidad, inmunidad ó impunidad parlamentaria. Con estos antecedentes y con lo que por conocimiento directo saben de mí los lectoies de A B C, comprenderán que el fiscal civil de S. JVL en Batcelona se ha conido, y que yo este muy tianquilo por el presente; pero no así por el pot venir, y á eso vamos. C e ha hablado mucho de penalidades, más de jurisdicciones y apenas nada de los delitos, y eso es lo principal. Importa más que nada saber qué es ofensa al Ejétcito, y sobre todo si individuos del Ejército han de apreciar la ofensa. Yo, poi ejemplo, escribo casi exclusivamente de asuntos militares, y escribo con un espítitu de crítica y de censura que no puede menos de molestar á la inmensa mayoría de los criticados y censurados, si bien mis críticas y mis censuias no van nunca dirigidas á los individuos como personas, sino á los funcionarios obligados, con más o menos gusto tuyo, á piacticar una serie de actos que yo estimo en conjunto y resultado perjudiciales para el país y para la eficacia realmente militar de los institutos armados. No estoy dispuesto á variar de tono. No quisiera renunciar al ejercicio de una aptitud que la Constitución me garantiza, y en el cual busco y encuentro un modesto complemento a mi modesto presupuesto de ingresos, y algo más satisfactorio, cual es la estimación que el publico otoiga á quien á el se dinge con la verdad en la pluma y coala infoimación mas concienzuda posible. Y francamente, entregado á la jurisdicción militar, como lo sera el JUICIO respecto á lo que es ofensivo para el Ejercito, la única garantía eficaz que se nos puede otot gar á los que de asuntos militares escribimos, es una definición precisa, clara, terminante, que marque límites infranqueablas paia el ju entre la ofensa v la crítica legitima si íí a