Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
TRO. NUM. NICA CRÓUNIVER- 1 SMADR 1 D s 7 DE FEBRERO DE 1906 NUMERO SUEL- SAL ILUSTRADA. TO, 5 CÉNTIMOS obra es la pasión. Así lo hizo enia sesión de ayer el Sr. Moret, y al hacer otro tanto el Sr. Rusiñol quitó al debate el carácter peligroso que empezaba á revestir. En cambio, no se debe tornar como una blasfemia contra la Patria el regionalismo; porque la tendencia se halla d e tal modo en el ambiente, que ha penetrado hasta en los que, como los castellanos viejos, por la anchura del horizonte físico y por, la tradición de sentimientos y de ideas han representado la unidad. ¿Qué más? Los mismos andaluces, de quienes los dos hombres públicos más grandes que nacieron el siglo pasado en tierra de Andalucía, Castelary Cánovas, ensalzaban el amplio espíritu dé nación al cual atribuían ía superioridad en política, acaban de fundar en Madrid un Centro regional. Ni de la palabra ni de la tendencia hay que espantarse, ni mucho menos llevar- á ella el viejo espíritu de intolerancia, que reaparece aquí dondequiera que calienta el suelo la pasión. Lo indispensable es observar, analizar, como ha hecho ya uno de nuestros primeros pensadores, lo que de fecundo y vigorizador se encierra en ese movimiento. MANUEL TROYANO CRÓNICA POLÍTICA C S T Á EN EL AM- Esta cuestión del BIENTE catalanismo tiene la particularidad de revolver, como ninguna otra, lo- posos del alma española y mostrar al desnudo cuanto de perturbación y desequilibrio hay en ella, á poco jue sople la pasión. Empezando por los catalanes mismos, e descubre como fundamento capital de sus quejas eL enojo que les producen la inactividad del Poder central y la pasividad inerte de la gran mayoría de los españoles; es decir, la deficiencia de aquellas cualidades por las que sobresale el alma catalana. Pero ¡si esa es su primera materia de explotación! Pues qué, ¿si el resto de los españoles fueran tan activos, tan iniciadores, tan industriosos como los catalanes, serían éstos tan ricos y tan fuerfes como lo son? ¿Contaría Cataluña, sofcre todo Barceiona, con 1 el mercada eon ¡JU 2 hoy cuenta? Los que podemos lamentarnos de que ÍSÍ no suceda, somos los que hemos nacido en otros rincones de la Península. Pero los catalanes... Aquellas regiones de España, donde las enumeradas virtudes no escasean, no Jbndan stt disgusto en semejantes deficiencias de la masa nacional, sino en una torpe administración pública, que las coloca en deplorables condiciones para el desarrollo de sus tuerzas. Todo el Norte de la Península, y especialmente Asturias y Santander; Zaragoza misma, cuyos esfuerzos por ser una población industrial, son admirables; Valencia, cuyos adelantos agrícolas rayan en esa esfera tá una altura no alcanzada por regiójv alguna en otro orden de relaciones económicas; en k propia Andalucía, ciudades como Granada, como Málaga como S e villa, van en un media menos favorable por el camino del progreso material r sin las consideraciones y los mimos que con Cataluña han tenido, hasta en la cobranza de los tributos, los Gobierne de Madrid. N o existe, pues, el desnivel enorme que el catalanismo presume y que señala como base de sus pretensiones, por más que toda persona de razón reconozca que hay desnivel y que tocante á cultura y á lo que hoy se llama europeización merced sus iniciativas y su mayor pro xim dad y comunicación con el resto de Europa, nos llevan bastante delantera. Mas, un desequilibrio, que de día en día puede disminuir, no justificará nunca í el desdén y desvío por una parte, ni la hostilidad por la otra. La equidad y la armonía en las relaciones no será tan difícil de hallar, si con buena voluntad se busca. L jne habrá- que descartar de la ñol, éxito completo para La segunda mum jer; en Price, descubrimiento de un nue vo tenor rústico que cantó Marina como los propios ángeles, según los que oyeron al novel artista y la inextinguible obra de Arrieta. AEMBCE IMPRESIONES PARLAMENTARIAS Las notas de la sesión de ayer nos las ofrecieron el Sr. Moret y el Sr. Maura. Seremos muy bieves. El señor presidente del Consejo se decidió, por fin, á hablar. El quería hacerlo después de que los jefes de las minorías hubieran expuesto su criterio; pero no pudo ser así. Y ante todo, el Sr. Moret no dijo que la cuestión se había empequeñecido. ¿Por qué causa? Porque estaba mal planteada. Y es preciso- -decía el insigne orador- -que deslindemos bien el problema y marquemos el rumbo hacia donde nos dirigimos. Se h a b l a añadía el Sr. Moret- -de que el gobernado! de Barcelona no conoce la cuestión social pero no se tiene en cuenta que el Gobierno la conoce y que el gobernador no ha de hacer más que lp que el Gobierno disponga. Y después- -agregaba el Sr. Moret en tonos levantados- ¿es que vosotros, hombres de Parlamento, no tenéis el deber íntimo, moral, de asesorar al Gobierno con vuestras observaciones, en vez de contemplarlo como se contempla á un ído ¡0? linos leves, halagadores murmullos de aprobación siguieron á estas atinadas palabras del señor presidente del Consejo. Los catalanistas han publicado un cierto folleto que condensa sus aspiraciones; el señor Moret lo tiene en la mano. Cuando se lee esto- -dice el orador- -se vienen á los labios las siguientes preguntas: ¿no es más que esto? -A esto Viene á reducirse la gran cuestión? Y claro es que el Sr, Moret dice esto porque lo que en este opúsculo se predica es lo que todos los políticos y pensadores han predicado en todo tiempo. Esta es la teoría de la autonomía- -dice el orador. -Y ¿quién más que nosotros ha defendido 1 vida autónoma de la provincia, del municipio, de las universidades? Ahora, lo que no se puede tolerar es la forma en que hacen su política los regionalistas. ¡Simpatizar con vuestras ideas, todos simpatizamos; todos queremos ayudaros: á realizar vuestro ideales- -grita el S r Moret; -pero queremos que- os pongáis á nuestro lado para condenat el separatismo; pero queremos que todas las roanos estén unidas y que consideréis al Ejército como vuestro hermano, y á la bandera española, como vuestra bandera! El Sr. Rusiñol grita: ¡Qué duda cabel pronuncia unas palabras de parabién el Sr. Moret y resuenan en la Cámara durante largo rato unos estruendosos aplausos. El silencio se ha restablecido a 1 levansarse el Sr. Maura. Nosotros- -dice el jefe del partido conservador- -hemos gmardado silencio mientras debíamos guardarlo. Cuando la suspensión de garantías- fue votada, el Sr. Maura creyó un deber el exponer al Gobierno que entendía ser errado tal camino. En cuanto á la actitud. de los catalanistas, el ilustre orador entiende que es funesta! Los catalanistas no prestan lealmente su cooperación á la obra de re- construcción nacional. uPor qué- -pregunta el M TY EL ESR. SR. O R EURA L MA MADRID AL DÍA 1 4 dando y haciendo sol. Así pasó el día de ayer. Y todavía hay quien se queja del tiempo. Pepr hubiera sido que hubiera helado sin hacer sol. El suceso del día fue el suicidio de un aristócrata en su hotel de la Castellana. La noticia, por la calidad del protagonista y por las circunstancias trágicas del hecho, fue el tema de todas las conversaciones; pero no había motivo. La desesperación y la demencia no son patrimonio exclusivo de los pobres, ni la dicha lo es solamente de ios ricos. La atención pública ea la que se refiere á la política, estuvo en el Congreso. La sesión del Senado fue breve; los venerables señores de la casa hicieron fuerzas para hoy que empieza lo bueno. En el Congreso continuó la discusión de los sucesos de Barcelona, sin inspirar tampoco un interés extraordinario. -Hubo discursos muy notables de Moret, Maura y Salmerón, y hubo para todos grandes ovaciones. Si con aplauso y elocuencia se resuelve lo del catalanismo, la cues tión esfá resuelta. Si no, todo está igual... parece que fue ayer. La benemérita detuvo á varios individuos que se dedicaban á robar los trenes de la línea de circunvalación. De Algeciras pocas npticias. Ya falta muy poco para que nadie se acuerde de que hay Algeciras en el mundo. Dos novedades teatrales: en el Espa-