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A B C LUNES 5 OE FEBRERO DE 1906. PAG. 6 EDICIÓN ué cosa tan sencilla y ían hermosa! En tanto que así los salvajes buscan la sanción á iodo delito, nosotros aquí, los civilizados, creamos organismos y más organismos, que unas veces aciertan y otras muchas andan en el error, haciendo caer sobre el Estado enormes gastos que consumen todas sus fuerzas, cuando no vienen á ser instrumento entregado al servicio de otros menesteres que, con el nombre de política, no son más que una forma de explotación más ó menos velada, pero siempre dura y enojosa, y seguro camino de retroceso. Decía bien Herber Spencer: Que los pueblos modernos tenían que aprender mucho de sos otros á quienes miramos con desdén y traemos como pueblos bárbaros. En ellos, el primer elemento, la vida, es cosa posible; entre nosotros, eso que parece tan sencillo, es un gravísimo problema. Y no es otra la solución, dígase lo que se diga y piénsese lo que se piense: estamos á todas horas entre declamadores y sofistas; aquí se puede ser todo, cuando se ha tenido algún cuidado en conservar la posición adquirida. Aquí no hay nada; ni procederes de rufián, ni origen sucio, ni ocupación vergonzosa; la gente que más chilla y más declama, es la primera en rendirles pleito homenaje; entre la moneda falsa y legítima no hay diferencia alguna, y si la hay, es en favor de aquélla. Falto de estímulos el hombre de bien, tituIbea un poco y luego se deja ir por la corriente. Todo es cuestión de terreno, de buena ó de mala preparación. Un buen terreno bien cultivado, da plantas rollizas y fuertes; un mal terreno, sólo da cardos cucos. Ni todos los códigos, ni todas las leyes, pueden ser bastantes á corregir lo que la opinión no corrige, contando como cuenta con los medios más eficaces. Si al hombre informal, si al jugador de ventaja, si al prevaricador, si al rufián más ó menos dorado, y aun al asesino, les dais la mano, os acompañáis de él y lo lleváis á comer á vuestra casa y le abrís las puertas de los Círculos donde dicen reunirse los señores, ¿qué derecho tenéis á expresaros en forma de protesta, cuando vosotros sois los primeros culpables de ese estado de cosas? Si os quejáis del abandono, de! desamparo de los servicios, de la mala administración, de la cada vez más marcada decadencia de un país que en pendiente fatal va á su ruina, ¿quién es responsable sino vosotros, que con vuestras tolerancias, vuestra falta de fe, vuestra manera de ser en constante tendencia á quebrantarlo todo, habéis llevado las cosas á ese extremo? X A prendamos en la justicia de los esquimales la primera condición de un pueblo serio, y cambiemos esta pseudo- civilización por algo que resulte más positivo, que vaya á las cosas como las cosas son, sin vivir envueltos en un sentimentalismo ridículo y sin ese eterno clamoreo en que aquí vivimos envueltos á todas horas. SJXTO ESPINOSA UN APÓSTOL PRACTICO T espués de una existencia laboriosa consagrada al ejercicio y á la enseñanza de las enfermedades de los niños, el profesor de la Facultad de Medicina de París, Dr. Grancher, descansa largas temporadas de invierno en su hermoso hotel que adquirió en Málaga. Allá fui deseoso de estrechar su mano. 2 s un hombre alio, calvo, enjuto, con ia barba y el bigote recortados, afable, correctísimo, de mirar hondo y expresivo, de palabra pausada y elocuente. Es además un apóstol de la infancia y uno de los más activos miembros de la lucha contra la tuberculosis. Sus estudios le han permitido proclamar la necesidad de reconocer la terrible dolencia en sus comienzos, y ha dado reglas exactas para adivinar, por así decirlo, sus primeros síntomas, cuando nada autoriza á creer que los tubérculos invadieron el pulmón Está convencido de que urge evitar los contagios y endurecer ei organismo, y emocionado ante el número de niños que viven en París en habitaciones malsanas, con padres á veces enfermos, ideó, inspirado en la frase de Pasteur Salvemos la semilla transportar esos gérmenes humanos, aún no contaminados, al campo, donde una vida higiénica y una educación protectora salvaran cientos de existencias, contribuyendo de este modo á la regeneración de la raza Para ello, llevó esos infelices al seno de familias honradas, labradoras en su mayor parte, las cuales percibirían un módico estipendio por la alimentación y los cuidados que necesitaban los niños, siendo vigilados y protegidos por los médicos y maestros de las respectivas localidades. Muchos padres, casi toaos, hallaron convenentísima la proposición de la naciente sociedad fundada por Grancher con el título de Obra de preservación de la infancia contra la tuberculosis, y contando con ese entusiasmo g e n e r o s o que en Francia despierta toda obra filantrópica, en 7 de Noviembre de 1903 comenzó la propaganda, encabezando la suscripción la señora de Grancher con 100.000 francos, el doctor con 3o.000 y los Sres. Rothschild con 5o.000 francos. ¡Así empiezan nuestros vecinos las obras benéficas! Además de los numerosos suscriptpres y donantes (más de 3oo al año) el Gobierno francés ha acordadootorgar 5o.000 francos en este presupuesto y 100.000 en el próximo, y el rector de la Universidad de París ha hecho un llamamiento á los estudiantes á fin de qué se funden pensiones para los niños pobres. Estos obtienen unos beneficios incalculables; cada hogar, que así se denominan los sitios en donde hay niños en hospedaje rural, vigila las familias que les acogen. N o hay gastos de construcción de edificios, ni de personal, ni administrativos. Es una corriente de amor y de protección del centro á la periferia. Establécense nuevos vínculos de confraternidad entre los hogares pobres, y los hijos de los obreros de la ciudad hallan padres accidentales, pero amantísimos, en los aldeanos, ¡Qué obra tan hermosa! Al hablar de ella, Grancher se transfiguraba. En él veíamos un apóstol práctico, contento y feliz a! ver su fundación en camino de properidad, con activóse inteligentes colaboradores, con poderosos y generosísimos auxiliares. Es imposible entrar en detalles interesantes que nos dio á conocer; sería eno- joso establecer comparaciones entre lo que allí ocurre y lo que aquí pasa. Los que conozcan las aldeas francesas, tan diferentes de los pueblos españoles, comprenderán cuan viables y fecundos son los ideales de Grancher. Anima y conforta el ánimo contemplat un hombre de salud quebrantada, pero enérgico, al que no abaten los años ni el dolor, que piensa en aliviar el dolor ajeno y que ama con pasión á su Patria y á los niños. El nos demuestra con su ejemplo qut no hay que desfallecer, que importa hablar poco y emprender mucho, pues es cosa probada que vale más una obra buena que cien discursos elocuentes, pero vanos. ¡Feliz él, que fue escuchado y comprendido, obteniendo desús conciudadanos dinero, honores y respeto! MANUEL DE TOLOSA LATOUR LAS MUJERES DEL DÍA CASAMENTERA. -Cada día se casa me nos gente. -Es que el casorio va de capa caída. -Es que la vida cuesta cada día más. -Es que cada casada gasta bastante mas que de soltera. -Es que los hombres se han puesto imposibles. -Es que... -Es que... No hice más que apuntarlo, y armaron el jaleo hache. Todas estaban contra mí; yo, como Periquito entre ellas, á todas quise contentar. Quadrille burguesa y anovíada, la que menos, hablaba ya de ajuar; mejor dicho, hablaba de irousseau, que es como dicen que se dice. -Pero ¿es verdad ó no es verdad que cada vez se casa menos gente? Silencio en las filas. ¿Por culpa de quién es? (JVueva y feroz algarabía. -De los hombres. ¡Claro que de ios hombres! -No buscan más que dotes millonarios. -No se casan con pobres ni á tres tiros. ¡Son unos tales! ¡Son unos cuáles! ¿Puedo hablar yo? Pues bueno. Estamos ya conformes en que se casa menos gente. Ustedes dicen que por culpa de nosotros; nosotros decimos lo contrario. Veamos las razanes femeninas, y yo daré las de mi sexo. Ea, hable usted, María, usted que tiene explicaderas. -Yo digo lisamente que noy no se casa un hombre si la mujer no tiene algún dinero. Ejemplo al canto: sale una por ahí, la sigue uno, hay más ó menos timoteo, comienzan las cartitas; ¿y á que no sabe usted qué es lo primero que el pretendiente dice á la criada? Pues le dice: ¿La casa está hien puesta? Y lo segundo que hace es husmear, enterarse hasta del tendero si andan a ¡corriente; echar sus cuentas bien, y, si le salen, adelante con los faroles, y si no, las de Villadiego. Esto han hecho conmigo, y con ésta, y con ésta y con todas. ¿A que no me lo niega usted? -Al contrario; digo que sí, y hasta puedo ampliar detalles: hay pretendientes que lo primero que hacen es preguntar el precio del piso, y si es caro se quedan, y si no, se van con viento fresco. Pero ¿es que ustedes, ó sus rradres, no hacen tres cuartos de lo propio? ¿Qué es lo primero que una madre dics, sino? ¿Pero estás loca? ¿Un erapieado con s; ís mil! O al revés: Pero, hija de mi alma, ¿den-