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S ¿AÑO CUATRO. NUM. 38 9 CRÓNJCA UNIVERSAL ILUSTRADA. fWADRID, 4 DE FEBRERO DE 1906 NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS CONFERENCIA profesor Schiemann colabora en La Gaceta de la Cruz, con la particularidad de que siempre ¡o hace al día siguiente de haber tenido una entrevista con el emperador Guillermo. Pues bien, el último martes (el 3o de Enero) celebró una Conferencia con el Kaiser, y el 31 apareció un articulo del célebre profesor, que ha de ser comentadísimo. En ese escrito se dice que habiéndose sometido todas las Potencias al programa de Alemania en las Conferencias de Algeciras, se han alejado totalmente los temores de guerra, y que las cosas deben quedar tal como están. El programa alemán consistía en la soberanía de) Sultán, independencia del territorio y régimen comercia de puerto abierto; y una vez confiada la policía de las fronteras respectivas á Francia y á España, se habrá llegado á cuanto ¡a vecina República debía aspirar, porque la organización de la policía general en Marruecos ó debía ser internacional ó del M o narca marroquí exclusivamente. Y este es, condensado y traducido al lenguaje social y corriente, el artículo del Kaiser... no, perdón, del profesor Schiemann, que confirman artículos y sueltos de otros periódicos alemanas escritos con más soltura y desenfado. De elios se deduce que, no encargándose España de la policía general de Marruecos, se pensó en Italia; pero en vista de la oposición que hizo la Prensa italiana al proyecto, se decidió, por quien podia hacerlo, que esa policía fuera internacional ó marroquí. Por eso decía en rai artículo de! 2 del actual que ahora empezaba á tener interés la Conferencia, y que de los aplazamientos, de aquel no hacer nada de los diplomáticos se deducía que había contrariedades, y no por lo que se trataba al presente, sino por lo futuro... y como á ninguno de los congregados se les oculta que de no terminar bien las Conferencias han d e ocurrir en breve plazo sucesos muy graves, de ahí el que se trate de limar asperezas, cosa que, si no imposible, ha de ser muy difícil después del artículo del... profesor Schiemann, Sin contar con que en el asunto del Banco, donde son tantos los intereses encontrados que no se ve ninguna solución aceptable, España debe estar interesadísima por el statu quo. FELIPE OVI LO señores concejales que denunciaron infracciones de las Ordenanzas municipales ¡gran novedad! y después riñeron, cambiando frases un tanto vivas, por si uno hablaba en voz baja mientras otro lo hacía en voz alta. Otra novedad la de que en el Ayuntamiento se hable alto, bajo y de todos modos con exceso abrumador! Si no se hablase excesivamente, aquella casa no sería lo que es. En cambio, las sesiones de las Cámaras fueron reposadas. En el Senado se leyó, ¡por fin! el dichoso dictamen. Pero todo ello no pasó ni podía pasar de ahí, y la gente quedó en espera de los votos: el particular y el general, que será de donde arranque el entretenimiento que se avecina. De Algeciras transmitieron noticias de una sesión más de las numerosas que están en cartera. La gacetilla registró la desgracia horrible de una niña que pereció entre llamas y de un matrimonio medio asfixiado por la acción de un brasero. Romero Robledo mejoró por la tarde, con gran satisfacción de sus amigos, porque enemigos no los tiene. La noche, aunque de sábado, que suele ser la de los estrenos, no ofreció novedades teatrales. El único estreno fue el del vendaval; cosa buena. desusada aquí, de gran espectáculo y de éxito feliz. AEMECE IMPRESIONES PARLAMENTARÍAS T D E LA E L C O N F O RCAMARA Ci es verdad el dicho vulgar de como el 3 todo el mes Febrero va á ser insoportable. Amaneció un día plácí do y al caer la tarde se levantó un viento huracanado y de hielo, que fue lo peor. El Rey regresó de San Sebastián y Biarritz. No hubo Consejo de ministros y, por consiguiente, los que de él esperaban una crisis se quedaron sin ella, pero con la ilusión de que mañana ó cualquier otro día surgirá. Y en esto no deben andar desprovistos de razón. Cualquier día ha de surgir... El día fue amenizado por una sesión del Ayuntamiento y la sesión por varios f MADRID AL DÍA Cuando penetramos en el recinto del templo de las leyes, lo primero que llama nuestra atención es Ja alfombra que pisan nuestros pies; á juzgar por esta alfombra no sabemos si nos hallamos en un edificio donde se alberga una de las más altas instituciones españolas, ó en un viejo casino de provincias donde el gobernador hace tiempo que no deja jugar. Nada más sucio, más lleno de polvo, más raído que esta alfombra. Y si tendemos nuestra vista por los parajes inmediatos á las puertas por donde se penetra en el salón de sesiones, entonces es posible, es seguro que sintamos la más viva vergüenza. Pero no nos avergoncemos tan aína; todavía nos queda algo que andar en la jornada de hoy. Acaso estando aquí en la Cámara popular, se nos ocurra escribir una carta: nos dirigimos al escritorio. Si somos diputados, un ujier nos proporcionará papel con el membrete de nuestro distrito. Si no representamos ningún pedazo de nuestra España, entonces nos acercaremos discretamente á este ujier, le pediremos papel en que escribir, y él, después de mirarnos atentamen ¿Diremos que lo mismo pasa con la calefacte de arriba á abajo, nos entregará con mucha ción, es decir, que en el Congreso no hace lentitud y como quien nos hace un gran favor, frío oficialmente más que cuando os diputados uno ó á lo sumo dos plieguecillos de cartas. deliberan? ¿Hablaremos ahora de la luz, ó sea, El papel de estos pliegueciilos es bastante in- del esfuerzo gigantesco, enorme, que se hace ferior, pero podemos darnos por satisfechos, para no iluminar la Cámara sino cuando ya las por muy satisfechos, si al fin lo hemos logrado. tinieblas impiden que nos veamos unos á otros Y ya hemos escrito nuestras cartas. ¿No po- las caías? Clásico se ha hecho en el salón de drá darse d caso ahora de que nosotros, aauí sesiones el grito de: Luz, luzU. ¿Apuntare- en el Congreso, sintamos una necesidad inaplazable? Es posible; en este caso nos encaminamos sin pérdida de momento en busca de una de las camarillas excusadas. Diremos, ante todo, que en el Congreso estas camarillas están situadas en dos departamentos; las tales camarillas tienen, es cierto, un á modo de respiradero ó tapa de cristal en el techo; pero estos respiraderos están todos comprendidos bajo el techo común del departamento, y este departamento no tiene más aireación y ventilación que la que puede prestarle el pasillo que circunda la Cámara y donde los diputados se reúnen. Y dicho se está, que hay días en que desde el momento en que se penetra en el edificio se tiene la prueba patente- -que el olfato nos proporciona- -de esta insoportable y absurda falta de aireación. Y debemos añadir, aunque corramos el riesgo de que no se nos crea, que para agravar tamañ atentado contra la higiene, hay muchos señores (no sabemos sí diputados ó no) que se olvidan de tirar de una sutil cadena que existe en tales camarillas, y que no son pocos los días en que en los tan repetidos lugares es absoluta la falta de la indispensable agua corriente. Y sigamos con nuestras aventuras. Cuando hemos salido de los dichos departamentos, nos dirigimos, como es natural, en busca de un lavabo. Mas lavarse las manos es una empresa de las más arduas en el Congreso. Existen en la Cámara popular unos lavabos, pero estos lavabos están reservados exclusivamente á los diputados. Y como es mucha la gente que concurre al Congreso y q u e no representa al país, resulta que estos concurrentes á la Cámara popular; se ven en el trance de no poder lavarse las manos; y resulta también que como los indicados lavabos están lejos de las camarillas, los diputados que salgan de éstas para dirigirse á aquéllos, tienen que recorrer un gran trecho de camino y se ven expuestos al riesgo de encontrarse en su carrera á amigos y conocidos que les tienden la mano con objeto de saludarles. ¿Qué es lo que en esta situación deben hacer los diputados? Que conteste cada cual como quiera á esta pregunta. Nosotros en honor de ¡a verdad hemos de consignar que en uno de los departamentos citados existe una diminuta palangana. Nuestra alegría al descubrirla ha sido inmensa. Pero pronto hemos comprobado que el hilo de agua que arroja el grifo situado sobre ella es tan sutil, que hemos tenido que esperar para llenarla dos ó tres minutos; hemos visto después que el jabón que se hallaba á su lado era un fragmento tan microscópico que apenas podíamos cogerlo; y nos hemos dado cuenta, finalmente, de que la hazaleja ó toalla en que nos enjugábamos las manos, más que á blanco tiraba á gris ó á negro. Y tenga en cuenta el lector que esta hazaleja y este jabón podrá encontrarlos los días en que hay sesión en la Cámara, pero no en aquellos festivos ó en que la Asamblea no trabaja, puesto que en ellos jabón y toalla son cuidadosamente, celosamente guardados.