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i! AÑO CUATRO, NUM. 386. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. De antemano se sabía, no obstante, que era ésta una visita privada, que no habría en ella, al menos para el público, ninguna emoción. ¿Por qué, pues, este afán de ver pasar dos automóviles cerrados en rápida carrera, que sería lo único que podría verse? Tiene el instinto colectivo aciertos que parecen revelaciones. Y hoy e! instinto de las gentes les decía que, más que as repetidas entrevistas del Rey con su prometida, más que la excursión de la princesa Ena á San Sebastián, lo que sellaba con eficacia el acta de esponsales de los regios novios era la presencia de la Reina Cristina en la raorada de su futura hija. Por eso querían las gentes cerciorarse de! hecho de la visita; y una vez que S. M entró en Mouriscot, dispersáronse los testigos, lanzándose á difundir por el mundo 3 a buena nueva. Ya no hay sombra de duda, ni pretexto á la murmuración, ni razón para inventar historias tártaras de resistencias, de oposiciones, de preferencias no atendidas y de candidaturas postergadas. La madre, que entró sonriente en casa de la novia de su hijo, no ha venido á Mouriscot á pagar una visita de cortesía; ha venido, de cierto, á aprobar, á ratificar con su autoridad materna siempre respetada, una elección verdaderamente feliz. ¡hubo algún detalle que ultimar, ultimado quedó; si alguna dificultad que vencer, quedó vencida; si algún procedimiento, alguna ritualidad que acordar, acordada está ya desde esta tarde. Fácil sería, dando rienda suelta á la fantasía, forjar ahora toda una historia de ceremoniales de conversión, de formalidades de protocolo, de orden de comitiva nupcial. Pero los lectores de A B C no me perdonarían que yo les mintiera. Tiempo habrá para ir diciéndolo todo, y entonces se verá cuan envidiable potencia imaginativa tienen los que inventaron esas especies, recogidas por algunos periódicos, de la comunicación de la boda á las Cortes en Febreto, del casamiento inmediato, de la conversión solemne en el Vaticano, de la petición de mano hecha al rey Eduardo por conducto de su ilustre hermana, de la contestación de (esta señora en nombre de S. M B y de los esponsales suscritos en España y llevados luego á Londres para recabar el visto bueno del Monarca inglés. MADRID, 1 DE FEBRERO DE 1906 NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS MADRID AL DÍA S e ha planteado ya la crisis? Esta fue la pregunta que hubo ayer en todos los labios. La alta y persistente fiebre que sufre el enfermo es de las que hacen esperar un rápido y funesto desenlace, ó una rápida y radical mejoría seguida de una franca convalecencia. El interés político se concentró por la tarde en el Senado. Allí era la junta y consulta de médicos. Allí, al olor de carne muerta, al parecer, cayeron los cuervos de todas ¡as crisis. Hay fórmula no la hay ó lo que es lo mismo: se cura se muere y estas frases corrieron por la villa y alimentaron las conversaciones de todas las tertulias y de todas las familias. Hubo sorteo de la lotería y equivocación como en el pasado, aunque no con el premio gordo. Aquí de la histórica frase: Afortunadamente eran de tercera Los dueños de algunas vaquerías á quienes la Alcaldía ha multado- -y hay que suponer que por algo, y no muy santo, habrá sido- -acudieron al propio señor alcalde á pedir que se les condonen las multas y á amenazar con el cierre si no se les complace. Y es de desear que, si esas multas están bien puestas, que sí lo estarán, se redoblen ó se impongan otras nuevas en justa recompenea á la amenaza. De Algeciras nada nuevo. También allí, como en Madrid, andan en busca de una fórmula. El formulismo es una locura que con carácter epidémico liace estragos actualmente en España. Crispáronse los nervios al saber la espantosa desgracia ocurrida con un ascensor en el hotel Inglés. ¡Horrible! Un argumento más para Jos que reniegan del progreso ¡que los hay! y alaban los tiempos de la galera para viajar y el vehículo de San Francisco para subir y bajar las escaleras. Y nada más. Sigue el buen tiempo, y á última hora indicios de que tiende á mejorar el horizonte político, que tan preñado de nubarrones se ofreció todo el día. AEMECE Biarriiz, 3 o de Enero de 1906. En medio de las aclamacíones y de lss curiosidades de estos días, yo he echado de menos un aplauso especial, un vítor, alguna expresión de simpatía por la princesa Beatriz, figura interesantísima en estos momentos y siempre digna de respetuosa admiración. Hija predilecta, más aún, amiga, confidente, casi consejera de aquella gran gobernante que se llamó Victoria I, la augusta madre de la futura esposa del Rey no podía ocultar ayer la profunda emoción que la embargaba. Había sonrisas en sus labios y lágrimas en sus ojos, recuerdos dolorosos en su memoria y esperanzas muy dulces zn su corazón. Viéndola en la terraza de Miramar, al lado de la Reina Cristina, con cuya historia tiene la suya muchos puntos de contacto, me parecía que al extender su mirada sobre el mar, evocaba la princesa Beatriz fechas, momentos, circunstancias de su vida que han dejado indeleble hueüa en su alma. Ese mar lleva al África, y de! África han venido para Beatriz de ¡Inglaterra los más grandes dolores. Un día, su amor de niña, aquel que debió llevar sobre la frente una corona imperial, sucumbió allá abajo, en la campaña de Zululandia; basta leer las flojas de mi estancia en los escritas por ¡a reina Victoria, para advertir, á través de su diplomacia de escritora y de reina, que el principal doltír de Ja madre al recibir en Baimoral la noticia del martirio del príncipe Napoleón, era por su hija, á quien nos presenta llorando á raudales y hondísimamente conmovida. Otro día, su amor de mujer, el que la hizo esposa dichosa, regresaba sí, de África entre grandes homenajes, salvas y músicas; pero eran los homenajes de la despedida eterna, el adiós de la Gran Bretaña al Príncipe querido que por ella había ido en busca de la muerte. Hoy, al fin, sueña la princesa Beatriz con una compensación á tantas amarguras. Por eso, sin duda, en su fisonomía batallaba la risa con el llanto. LA PRINCESA BEATRIZ Dejemos á cada cual el respetable derecho de estimar como proyectos serios las lucubraciones de los desocupados. A mí me basta con Si, como es ya de esperar, la risa vence, no afirmar que esta noche los insignes huéspedes será sólo la madre de nuestra futura Reina de Mouriscot duermen tranquilos y contentos. quien se congratule. Deben congratularse tamHan pasado ya los días más difíciles de esta bién los españoles de que, cerca del trono de jornada. En todo proceso matrimonial ¿quién, su Rey, se halle quien ha visto durante muchos que lo haya pasado por sí, no lo recuerda? hay años á su lado cómo puede gobernarse y en- etapas de verdadera tensión del espíritu: la de grandecerse un poderoso Imperio, entrar el novio en la casa; la de avistarse por primera vez los parientes de ambos prometiX dos; la de fijar entre sí los padres fechas y deA REINA Así como al Jle- talles. Todo esto, por razón de las circunstancias, se ha aglomerado, en cuatro días, en E N MOUR 1 SCOT gar por primera Mouriscot. vez D Alfonso XIII á Mouríscot no pasábamos de ocho los que aguardábamos su venida, Pero ya ese enojoso desfiladero ha quedado hoy, para recibir á la Reina Cristina, ha habi- atrás. Mañana, cuando vuelva á ser visto sobre do en las inmediaciones de la finca un- a anima- el altozano de enfrente el automóvil gris, ninción extraordinaria. Se había anunciado la vi- guna inquietud ni ninguna preocupación vensita para las tres y media, y aún no serían las drá en él, ni ningún temor le esperará en Moudos cuando ¡os varios caminos que llevan á la riscot. Sólo se oirá, más franca, más alegre, finca eran recorridos por jinetes, coches, automás comunicativa que nunca, la encantadora móviles y peatones que, tomando cada cual la risa de la princesa Ena. posición ó la dirección más acertada á su juiT. LEVELFJELD cio, se proponían presenciar la entrada en Mouriscot de la augusta madre de! Rey. L LAS NOCHES DEL REAL Trunque es ciertamente mucho sacrificio so portar todo Tin bailo m maschera para oir uno ó dos, ó á lo sumo tres números agradables que tiene la obra de Verdi, hubo público numeroso y distinguido que afrontó la prueba sólo por oir á Sanmarco el aria del acto último. Y este acto fue todo el acontecimiento de anoche. La Boninsegna cantó con la maestría de siempre las dos escenas del primer cuadro y escuchó legítimos aplausos. La simpática García Rubio hizo un paje Osear delicioso, cantando con afinación suprema y representan