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A B C VIERNES 26 DE ENERO DE 1906 PAG. 8. EDICIÓN 1. IMPRESIONES PARLAME ARIAS p L E S T A M- Procuraremos d a r cuenta PILLADO con la mayor brevedad posible y con la mayor impasibilidad de lo ocurrido ayer tarde en la Cámara. Ello fue menos de lo que esperábamos. Se hallaban las tribunas tan repletas de público como el día anterior; había en el ambiente idéntica ó más profunda ansiedad. Y en medio de esta intensa expectación comenzó á hablar el Sr. Soriano. El Sr. Soriano recordó en sus primeras palabras la serenidad del debate pasado; él se proponía que esta discusión fuese igualmente serena. El Sr. Soriano pidió entonces el expediente; el expediente ha venido á la Cámara. El Sr. Soriano ha examinado el expediente. De este examen resulta que las sombras que se acumulatan antes sobre el señor marqués de Cayo del Rey, se han aumentado. No entraremos á recoger una por una ¡as interrupciones que el señor conde de San Luis ha dirigido desde los primeros momentos al Sr. Soriano; ya recogeremos después lo dicho por el señor conde. Yel Sr. Soriano nos manifiesta que él viene ahora á ia Cámara á acusar de nuevo. Está bien. ÍTO yo soy un calumniador y se me debe perseguir, -dice el orador- -ó el marqués de Cayo del Rey ha delinquido y se le debe perseguir á él. Y Juego el Sr. Soriano examina el folleto de autovindicación publicado por el señor marqués de Cayo del Rey y pasa á leer una carta de este señor marqués. Esta carta la leyó ya en el anterior debate el Sr. Soriano. ¡En este debate- -grita el orador- -queda una víctima por un lado, que es el Sr. Osma y un delincuente por otro, que es el marqués de Cayo del Rey! El orador no pone en duda la honorabilidad del Sr. Osma; él lo declara as! terminantemente; pero extraña su conducta en el ministerio de Hacienda... cuando el señor conde de San Luís se ha puesto en pie. Yo voy á demostrar que todo cuanto ha dicho el Sr. Soriano carece de fundamento Esto ha comenzado diciendo el señor conde; esto era lo bastante para excitar el interés del auditorio. El denunciante del marqués de Cayo del Rey dice que tiene unas cartas y un recibo, (que son los que el Sr. Soriano ha leído) cartas y recibo que prueban plenamente la evidencia de la denuncia. (ÍY bien- -pregunta el señor conde- ¿cómo siendo esos documentos decisivos, plenamente decisivos, no se han presentado en el expediente? Un poco extraño parece, en verdad, este fenómeno; existen estos documentos; lo que el señor Soriano nos ha mostrado son reproducciones fotográficas. ¿Dónde están los originales? ¿Por qué, constituyendo prueba plena, el denunciador no los ha llevado á la causa? Esto quiere el señor conde de San Luis que quede en claro ante todo. Después, por el giro que se le ha dado al asunto, diríase que el marqués de Cayo del Rey ha estado cobrando durante años los cupones. No- -sigue el orador- -lo que únicamente aparece es que cobró un solo cupón y durante un trimestre. Se ha citado también lo que manifestó el abogado del Estado; este señor dijo terminantemente que no le satisfacía la ley de i852. ¿Cómo se puede hacer de lo dicho por este señor un argumento contra la derogación de la ley del 52? Se ha alegado también que la dirección de lo Contencioso manifestó que los hechos estaban claros y probados. No es cierto; lo que la Dirección ha dicho es que los títulos fueron realmente vendidos; es decir, todo lo contrario. nes que se han dado y muy diversos ios criterios. Es inexplicable tanto desconocimiento. El reporí es lo que en Espsña llamamos doble. La palabra indica admirablemente lo que expresa: llámase doble porque es una operación doble, una compra y una venta. J eport es la venta al contado de un título que se vuelve á comprar al mismo tiempo á plazo. Al vender al contado, pasa á otras manos el título el mismo día en que se hizo la venta; al comprar á plazo, no recoge el título el comprador hasta que el plazo no se cumple. Con esta explicación es fácil comprender la relación que pueden tener los reports con el estampillado; cómo, por medio de ellos, han seguido cobrando en oro sus cupones los tenedores españoles de Exterior. Coincidiendo el tiempo transcurrido entre la venta al contado y la compra á plazo con el corte del cupón, quedaba vencida la dificultad. El tenedor de Exterior vendía, por ejemplo, su título al contado el día 3o de Diciembre al cambio de 90 y lo entregaba ese mismo día al comprador, lo volvía á comprar á plazo á 90 más algunos céntimos de report y el día del corte del cupón el vendedor le abonaba en su cuenta ese cupón. No le cobraba en la taquilla de la liquidación de Hacienda ó de la sucursal del Banco de España en París, sino en su cuenta de liquidación. Repetimos 10 que hemos dicho varias veces en estas columnas. ¿Existe algún Tribunal que pueda castigar al español que ha cobrado en oro los cupones de su Exterior valiéndose de este medio? Y el señor conde de San Luis ha aludido después á cierta remuneración que el denunciador esperaba ó solicitaba del denunciado; estas palabras han motivado vivas protestas del Sr. Soriano; enardecióse con ellas el señor conde y ya resueltamente, con franqueza, pronunció luego la palabra chantage. Y entonces las Hasta ahora no aparece ninguna novedad en protestas y los gritos subieron de punto. Creía el debate. A continuación el S r Soriano lee ver sin duda el Sr. Soriano en las palabras del Otra carta del marqués á su agente de París señor conde de San Luis algo ofensivo para diciéndole que hable mal del crédito de Es- su persona; intervino con gran tacto el señor paña ¿Se puede ver esa carta? pregunta presidente de Ja Cámara y quedó cortado el el Sr. Domínguez Alfonso. ¡Aquí está, aquí incidente. Y luego al referirse el orador á la está! replica el Sr. Soriano. ¡Venga, ven- agresión de que fue objeto el Sr. Soriano (que ga! grita el Sr. Domínguez. ¡Ahora me el señor conde estimó como un acto natural en puede hacer falta para el debate! torna á re- un hijo que defiende el honor de su padre) el plicar el Sr. Soriano y prosigue en su perora- alboroto se reprodujo. De nuevo intervino la ción. Y lo que hace ahora el ora- dor es hablar Presidencia. Yo no me he referido- -dijo de lo que ¡e ocurrió á un ministro francés, que el señor conde- -álos actos y palabras de un diestuvo dos meses en la cárcel, y leer unos re- putado; sino á ofensas proferidas fuera de la cortes de periódicos en que se habla de su in- Cámara y que se trataron de vindicar en la terpelación. Notamos cierta languidez en la persona del Sr. Soriano. Cámara; la emoción fuerte que el auditorio Y no pasó más; claro está que hemos procuvenía buscando, no parece. El Sr. Soriano dice después que no es sólo el marqués de rado ofrecer al lector lo substancial; puesto Cayo del Rey quien ha burlado la ley; existen que si hubiéramos llevado la cuenta detalle por también otros señores. Yo no quiero citar sus detalle de las protestas, interrupciones, gritos nombres- -añade el orador- -pero las denun- y dimes y diretes del debate, no hubiera habicias van á ser presentadas en el ministerio de do espacio bastante para la crónica en cuatro ó Hacienda y yo sólo diré que se trata de los seis columnas. Esto es todo. El Estado pidió cupones comprendidos desde el núm. 3o hasta dinero á varios capitalistas á condición de que el 45. J 1 (rEstas nuevas denuncias- -pregunta el había de darles tal cantidad como intereses; Sr. Soriano- ¿han de correr la misma suerte después modificó el contrato- -cuando éste ya que las anteriores? ¿Qué es lo que el Gobierno estaba celebrado- -y quiso darles menos. No piensa hacer- -añade- -para que esta situación les pareció bien á estos señores esta decisión del Estado y se ingeniaron para eludir la ley. acabe? Aquí en estas páginas se han explicado las traEsta parte referente a las nuevas denuncias zas que se pusieron en práctica para conseguir ha sido en realidad lo nuevo, lo no conocido, este resultado sin caer en delito. Lo que proque el Sr. Soriano nos ha ofrecido en su ex- cedía lisa y llanamente era abolir tal ley... tenso discurso; Jo demás de él ha sido una reA ORÍN producción del anteriormente pronunciado. El Sr. Rahola ha intervenido luego en la discusión; la Cámara estaba distraída; nuestro exDEL ESTAMPILLADO celente amigo nos perdonará que no extractemos su discurso. No es posible saber lo que I O Q U E E S U N Ayer tarde en el Conel Sr. Rahola ha expuesto ante la Cámara; el R E P O R T Í greso el Sr. Soriano y formidable rebullicio que en el salón había nos el conde de San Luis han dicho, cada uno á su ha privado de Ja satisfacción de escucharle. manera, lo que es un reporl. Luego, en el salón Y se ha restablecido repentinamente el silencio de Conferencias, han sido muchas las definicio- DESDE ALGECIRAS CRÓNICA TELEGRÁFICA Jueves, i 5 7 t. A J E J O S M O L D E S Jamás en Españaen contró ningún Gobierno Prensa mejor dispuesta, por razones de patriotismo sumadas á la cortesía que merecen los que son ahora nuestros huéspedes, á secundar su acción diplomática. Antes de empezar la Conferencia díjose que el ministro de Estado se proponía reunir á los directores de los grandes diarios, pero no fue preciso. Después, ya en Algeciras, el menos lince habrá podido observar nuestra prudencia. Nuestra unanimidad de templanza, nuestra mesura en el juicio están puestas á prueba por el estiramiento enfadoso que estos rancios usos de la diplomacia del viejo régimen cancilleresco llevan consigo. En los primeros días de la Conferencia todos tomábamos á broma la reserva afectada, el silencio aparatoso, la clausura solemne, la ocultación de noticias tan opuesta á la organización de las sociedades modernas, donde todo se piensa y se ejecuta á los cuatro vientos de la vida pública. Alguien creyó que todas estas ceremonias, todas estas notas redactadas con una retórica de menor cuantía, indigna de ser transmitida, cuanto menos de archivarse y protocolizarse, serían la última etapa de un sistema llamado á desaparecer por caduco y bufón. Creíamos que la Conferencia de Algeciras sería, en una palabra, la última reunión de diplomáticos que el espíritu moderno podría tolerar, y ante este nuevo aspecto pintoresco que revisten las cosas cuando se sabe que se las contempla poi última vez, pudieron calmarse nuestros nervios y apaciguarse nuestras impaciencias. La Conferencia, además, perdía originalidad é interés fundamental por momentos. Los re presentantes de las grandes Potencias llegaban á ella con un mandato previo: ni Alemania pasaría más allá de lo contenido como aspiración en las notas marginales del Libro Blanco, ni