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A B C J U E V E S 25 DE E N E R O DE ¡9o6. PAG. 6. E D I C I Ó N i. CRÓNICA DE BERLÍN Berlín, 20 de Enero de 1906. T f o es viento de tempestad el que por toda Europa sopla, pero sí aire sutil, frío, malsano, inquietante, de esos que hacen surgir! as epidemias y las arrastran de un lado á otro de la tierra. Así, bajo la impresión de un malestar indefinido, pero general, es como hemos entrado en el año nuevo. ¡Algeciras! ¡Nombre de armonía singular! ¡Marruecos! que trae á nuestro espíritu De- ríe de ellos, -porque sabe que no nacen del corazón. Nunca se ha hablado más de concordia y de fraternidad entre los pueblos. Los artículos de la Prensa oficiosa europea, los discursos de los hombres políticos del continente en síntesis, no dicen más que: Yo soy tu amigo. Tú eres mi amigo. E! e. s mi amigo. Nosotros somos vuestros amigos. Ellos son nuestros amigos. Seamos amigos. ¡Y mientras, se oye en lontananza marcha de tropas, ruido de armas, los redobles del tambor y los sonidos del clarín, y se distingue en el horizonte, sobre el horizonte, sobre el cielo azul, el humo negro de los acorazados) ¿Será el color del libro miblicado por la como la de! os Papas; suspicaz y petulante, como ¡a española; verbosa y galante, como la francesa; corruptora é inteligente, como la inglesa; y modesta mercachiflera, como la norteamericana. Me he permitido poner un signo de interrogación después del adjetivo modesto, con el cual califica el filósofo español á la diplomacia americana. Desde entonces acá son muchas las vueltas que ha dado el mundo. No hay diplomacia hoy en día ni más soberbia, ni más brusca, ni más satis fagon que la diplomacia yanqui. No sin razón se ha dado á sus representantes en Europa e! apodo de diplomáticos en mangas de camisa. Acabamos de ver á los americanos, arbitros LA CONFtRÜNUA DE ALGECIRAS. EL MINISTRO DE ESTADO, SEÑOR DUQUE DE ALMODOVAR, Y ALGUNAS DE LAS SSÑORAS DB LOS DELEGADOS EXTRANJEROS, EN EL HOTEL DE ALGECJRAS regrmas leyendas del pasado, son el teatro ó ce un drama ó de una comedía. Ya se ha levantado el telón: hay que esperar el fin de la función. Para mí es una partida de ajedrez la que se está jugando. La primera jugada, y á mi juicio jugada buena, fue la de Rouvier con el Libro Amarillo. Bulow contestó, á pesar de todas las denegaciones primeras, con un Libro Blanco, jugada inodina, no jaque. ¡Pero qué libro amarillo y blanco, blanco y amarillo no se podría escribir con lo que ambos callan! Ocasión es ésta de citar dos pensamientos del inmortal Campoamor: Antiguamente Jas necesidades diplomáticas creaban á los diplomáticos. Hoy ¡os diplomáticos crean las necesidades diplomáticas Los piropos lanzados de nación á nación surten el mismo efecto que los requiebros que se dicen muieres rivales: que todo el mundo se cancillería alemana, color de nieve, símbolo de paz? Desaparecida la nerviosidad del primer momento, así lo cree todo el mundo, y e! último acto de la obra será una escena edificante en que aparecerán abrazados con singular ternura todos los actores. El público aplaudirá, cada cual se marchará á su casa y... nadie quedará contento, pero menos que nadie Muley Abdul Aziz. X V puesto á citar, he aquí otra frase de Cam poamor: La diplomacia es tan rica en géneros como la literatura; la hay vanidosa como la de los griegos, que tenían á mucha honra ganarse la aquiescencia de las demás naciones; soberbia, como la romana, que delegaba el poder de juzgar á los reyes extranjeros en sus mismos dominios; infame, como la del Consejo de Venecia, que se libraba de sus enemigos con el puñal y con el veneno; subrepticia y egoísta, de la paz y de la guerra, intervenir entre. Ru sia y el Japón, y según el corresponsal beriinés del Chicago Daily Nezvs, que parece estar bien informado, y que á pesar de todos los mentís lo sostuvo y afirmó con testigos, Roosewelt contribuyó mucho á desvanecer los peligros de una guerra entre Francia y Alemania, aconsejando á Inglaterra que se abstuviera en la posible en apoyar las pretensiones francesas en la cuestión de Marruecos. En efecto, si Guillermo II, i menudo ya, ha sorprendido al mundo entero por la impulsión de sus actos políticos, que á veces pudieron parecer espontáneos, por no decir precipitados, los acontecimientos han demostrado luego que habían sido dictados por la más sabia política y la diplomacia más hábil, apareciendo el momento bien escogido, y perfectamente calculados los efectos y las causas. Aquí punto final. Sus delegados en Algeciras demostrarán si en esta ocasión también ha sido oportuno. EDUARDO HAHN