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ANO CUATRO. 379. CRÓCA- UNIVERSAL ILUSTRADA. cosas trataron la del arriendo de los Jardines del Parque de Madrid. Dejaron el asunto sobre la mesa. Sobre la chimenea debería haber quedado en atención a. t tiempo que disfrutamos v á tratarse de los jardines. Continuó el decomiso de pan falto de peso por esas tahonas de Dios, lamentando el vecindario que la medida no se extienda á otr os comestibles, porque podremos comer pan falto de peso, pero también comemos otras cosas que ni como broma bien pesada, con exceso de peso, pueden pasar. Los bomberos que hacen el servicio de los teatros fueron á pedir al gobernador que les pague el Ayuntamiento, ó los teatros, ó quienquiera que sea, porque resulta eso: que en la obra de las economías ha resultado suprimido el chocolate de los bomberos. En el Congreso, mucha expectación, muchas damas en ias tribunas, mucha interpelación Marenco y, por último, mucha decepción páralos espectadores, porque Soriano estampilló su anunciado discurso hasta esta tarde. A última hora de la tarde circularon rumores, que no se han confirmado, de haber sufrido un contratiempo la buena marcha de los asuntos en Algeciras. Sólo eso hubiera faltado en un día que precisamente era la fiesta de la Paz (Nuestra Señora de la Paz, según los almanaques) Por la noche continuó helando y hubo en el Cómico un estreno con éxito, naturalmente, muy frío. ¡Cualquiera sacaba las manos de los bolsillos para aplaudir! AEMECE DE ENERO DE 1906. NUMERO SUELFO, 5 CÉNTJMOS Y podemos decir que á los demás concu rrentes al Congreso en la tarde de ayer les sucedía lo mismo. La interpelación del Sr. Marenco surgió inopinadamente; nadie la esperaba; todos aguardábamos el discurso del señot Soriano; el tiempo iba pasando; una algarabía estrepitosa de charlas, toses y gritos ahogaba la palabra del orador. Y el orador á pesar de todo proseguía discurseando y tratando de convencernos de que el Cardenal Cisneros no se debió perder. En eso, efectivamente, estamos todos; acaso otro día hubiéramos gustado de la oratoria de) Sr. Marenco (llevando nuestra benevolencia á límites muy extremos) ayer sus palabras interminables, eternas, exasperaban un tanto nuestros ánimos. Y al fin, terminó el Sr. Marenco; pero se acercaba ya la hora de entrar en el orden del día. ¿Cuánto falta, señor presidente, para entrar en el orden del día? -preguntó el señot Soriano. -Faltan veintidós minutos- -contestó el señor Canalejas. -En ese. caso- -replicó el Sr. Soriano- -po demos dejar mi interpelación para mañana. Alborotóse con esto la mayoría. ¡Ahora! ¡ahora! gritaban desaforadamente varios di putados. E! señor presidente de la Cámara, después de ponerse al habla con el señor presidente del Consejo, dijo: La Mesa, de acuerdo con el señor presidente del Consejo, dispone que quede para mañana la interpelación del Sr. Soriano Hubo entonces un nuevo y más terrible alboroto. No, no! -se vociferaba. ¡Ahora, ahora! Y el Sr. Canalejas, con gran energía, exclamó: cqLos acuerdos de la Mesa no se discuten! y cortó el incidente. Nos gustó la frase del Sr. Canalejas; este es el primer deber de un presidente de la Cámara: el hacer respetar y acatar un acuerdo tomado por la Mesa, sea cual fuere. Ayer fue el primer incidente un poco complejo que el señor Canalejas resolvió; lo resolvió bien y enérgicamente, y hacia el Sr. Canalejas enviamos nuestra modesta enhorabuena. AZORIN CRÓNICA TELEGRÁFICA C Miércoles, 24, 1 1 ti. O S A S D E L A Un ventarrón Norte, DIPLOMACIA desusado en esta cíuiad, ha sacado á plaza los recios abrigos y tas amplias capas. Los algecireños están muertos de frío y nosotros los periodistas madrileños nos hemos quedado tiesos al conocer la novísima redacción del último artículo de las bases aprobadas hoy para la represión del contrabando. Malas tenguas (que también aquí las hay) íseguran que las enmiendas introducidas en el ya famoso artículo, son obra, que no gracia, de! amojamado Visconti, amador fervoroso de Francia, que con su habilidad natal nos ha escamoteado esta ocasión de hacer efectivo aquel tratado de Wad- Ras, cuyo cumplimiento, como el de Jas profecías mesiánicas, podemos aguardar pacientes. ¡Mala jornada para nuestros simpáticos diplomáticos, destinados, por lo que se va viendo, aí airoso papel de Augusto en la pantomima, con música de Offemüach ó de Tattenbach, que tenemos el honor y la comodidad de estar iendo representar! Al salir de la Conferencia nuestro gran duque fue acosado por ¡as anhelantes preguntas que todos le dirigíamos. ¿Se expresa en el articulado nuestra jurisdicción sobre Santa Cruz de Mar Pequeña? íHasta dónde Haga nuestra frontera en el Riff? ¿Se extenderá nuestro radio de acción hasta el Atlántico? ¿Y lo del Sahara? Y el ilustre hombre que nos representa, fijando sus miradas donde buenamente podía, contestaba á todos: Estoy satisfecho; los derechos de España están reconocidos, y nuestra acción fiscal equiparada á la de Francia en Argel. El ministro, deseando perdernos de vista, se filé al hotel Cristina para almorzar de prisa y recibir al Sr. Llavería. Este Sr. Llavería es ministro de España en Tánger y había sido llamado con urgencia para- onferencíar. El pintoresco palacio del Ayuntamiento fue quedando vacío, y yo recocí lentamente mis papelotes, donde voy tomando notas al margen para escribir una opereta s bre las costumbres y prendimientos diplomáticos. Luis PARÍS IMPRESIONES PARLAMENTARIAS Sólo sabiendo que estaba nevando en Barcelona y Valencia pudimos resignarnos al frío Noroeste que sopló ayer sobre Madrid. Y no es que nos consolase la nieve caída en aquellas provincias, sino que la envidiamos, porque es preferible ver nevar que ver el sol y sentir un- -frío endemoniado. Ei Rey marchó por la mañana á San Sebastián. Es noticia que, aunque parezca mentira, no fue rectificada en todo el día. Los asociados de Ja municipalidad se reunieron por Ja mañana, y entre otras P L A Z A M I E N T O Muy poco varaos á- decir de la sesión de ayer: nuestra expectación quedó defraudada. No habló el Sr. Soriano. Y estaban las tribunas repletas desde primera hora; veíamos en ellas una multitud de H 1 santo del Rey y las fiestas celebradas con adorables espectadoras. Sentimos una gran sim tal ocasión en Algeciras, han motivado patía por estas espectadoras; creemos- haberlo manifestaciones muy gratas para España; madicho ya dos ó tres veces. Las había ayer, entre nifestaciones en las que, por su espontaneidad, ellas, de estas jóvenes frescas, lozanitas, nuevas factura y conceptos, se adivina algo más que en la vida, que Ludovico Aríosto amaba tanto, un sentamiento de gratitud por la hospitalidad y que ¿1 compara en su Orlando Furioso con recibida. una rosa che sptititi aüora altara fuor flella buccia; Mal estudiados y peor juzgados los españolas había también de estas damas ya un poco de- les en libros y revistas escritos por extranjeros, cadentes, que tienen el supremo, el indefinible la leyenda de España corre por esos mundos encanto del cansancio y de la comprensión, y pintada con los más negros colores. Hace poco que el maestro Clarín ha retratado maravillosa- se publicaba tm libro acerca de España, que mente en un libro- -Su único hijo- -que es úni- dio mucho ruido en América, y para que el co en nuestra literatura contemporánea. Nos- público fijase en él su atención, te titularon otros no sabemos á cuáles preferimos: si á las país de las castañuelas. La propaganda hecha lozanitas ó á las decadentes; novtros! as mirá- por los libertarios nos ha perjudicado mucho, y bamos á todas llenos de un pro? n mbeleso. para infinitas gentes estamos aún viviendo bajo Y mientras estábamos en esta f ita rtempla- un régimen inquisitorial. El vulgo de los países ción, un señor hablaba furio- i r c en e. 1 he- se figitra que España es un pueblo compuesto miciclo; claro está que si a d s que este de chulos, frailes y toreros; en los espectácuorador era el Sr. Marénco, se comprenderá los públicos, no se comprende qje los españocómo su colérica oratoria témanmenos atracti- les, ó los que representan su papel, usen nuesvo para nosotros que lasgracias y encantos de tra indumentaria, y en los cafés de París se obliga á los que tocan guitarras y bandurrias á las bellas espectadoras. SOBRE LA CONFERENCIA