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A B C MIÉRCOLES 24 DE ENERO DE 1906. PAG. 9. EDICIÓN zaaa, deja gustoso los palacios y los suntuosos templos para ver con sus ojos, nunca deslumhrados por otros espectáculos grandiosos, el triste cuadro del dolor y de la pobreza; que extiende con idéntico afecto paternal las ungidas manos sobre las frentes de los poderosos y las de los humildes; gracias, muchas graciasi No podemos hacerle presentes valiosos, pero sí afirmamos que en la humilde casa del Sanatorio vivirá por siempre su recuerdo, que no olvidaremos jamás sus beneficios, pidiendo diariamente á Dios por su santo emisario pues viéndonos sin duda desesperanzados por lo que ocurre por la tierra, nos ha dado alguna noticia, comp decía la Mística Doctora, de lo que pasa en el cielo. Después de escritas las líneas precedentes, el CARDENAL SPÍNOLA ha dejado huérfanos á los pobres niños á quienes tanto quiso. No añadiremos ni una sola palabra. El dolor es mudo. El nuestro es bien profundo. Además él dejó escrito en su testamento: IM mejor oración fúnebre son las obras de cada uno. MANUEL DB TOLOSA LATOUR EL SANTO DE S. M. EL REY I a recepción en Palacio. Ampliamos la información de ayer. Durante el besamanos acompañaban á S. M. el Rey, el infante D. Carlos con uniforme de general de brigada y las mismas insignias; la infanta doña María Teresa, que lucía precioso vestido de encaje blanco, con viso azul, llevando al pecho la banda de la Orden de María Luisa y admirables joyas de brillantes; el infante D. Fernondo, con uniforme de capitán de Húsares de Pavía, y la infanta doña Isabel, con traje de raso blanco adornado con encajes y joyas de gran valor. S. M. la Reina no ha ocupado puesto alguno en el Salón del Trono. Presenciaban la ceremonia crecido número áe grandes de España, gentiles hombres y mayordomos. S. M. la Reina recibió á sus damas en la Cámara. Los principes de Baviera D. Luis Fernando y doña Paz y su hija la princesa Pilar, presenciaron desde la puerta del Salón del Trono la recepción, confundiéndose entre la concurrencia. También S. M. la Reina presenció durante algunos minutos el solemne acto desde la antecámara. LOS DISCURSOS El general López Domínguez leyó ante Su Majestad el siguiente discurso: Señor: Por acuerdo del Senado, y en su representación, llegamos al Trono de V. M. en este día en que la Iglesia celebra el santo de (Vuestra Majestad, para hacerles presente los vivos deseos del alto Cuerpo Colegislador de que la felicidad rodee á V. M. y á la Real familia, y que las alegrías del Rey y de su pueiblo se recuerden en esta fecha memorable, durante muchos años, siempre venturosos, para la Patria y para su Rey. No puede el Senado dejar pasar esta solemne ocasión sin unir otras felicitaciones á Vuestra Majestud y Real familia por el reciente casamiento de S. A. R. la Serenísima seño- ra infanta doña María Teresa con el infante D. Fernando de Baviera. Del amor que Vuestra Majestad profesa á su augusta hermana participa el Senado, que admira y aplaude las virtudes y grandes cualidades que la adornan, y recuerda con respeto y veneración los afanes de S. M. la Reina madre, para enaltecer y recoger el fruto de sus desvelos en las personas de V. M. y de su amada hermana, Sirvan estos sentimientos del Senado de inmensa satisfacción á la que supo dirigir la nave del Estado, durante su Regencia, con admiración de su pueblo y de las naciones extranjeras. Que V. M. con tan honroso ejemplo y las dotes que le adornan, continúe la obra de verdadero engrandecimiento del pueblo español, asegurando y enalteciendo las instituciones que nos rigen, compenetrándose V. M. con su pueblo y garantizando todos los derechos. Estos son los votos del Senado, que hace presenes á V. M. con el respeto v acendrado cariño que le profesa. Con voz muy clara se dignó el Rey contestar: Señores senadores: Vuestra felicitación me es doblemente grata al ver que unís en vuestras frases los bienes que me deseáis y las alabanzas á mi familia. Pava ella ha sido motivo de especial contento la unión de mi amada hermana con el infante D. Fernando de Baviera, y lo es hoy de singular satisfacción escuchar las lisonjeras frasea que el Senado tiene á bien dedicarla, símbolo expresivo de la simpatía que inspira al pueblo español. Inestimable valor tiene también para mí el testimonio que en este solemne acto ofrece el Senado á mi augusta madre, cuyas virtudes y amor á España han hecho de su regencia un modelo que está siempre presente en mi memoria, para guiarme en el cumplimiento de mis de beres. Yo espero que el pueblo y el Monarca, en una aspiración idéntica, logremos el engrandecimiento de este país, cuyas nobles cualidades, que le hicieron grande en la Historia, habrán de augurarle en breve plazo la realización de todas sus aspiraciones. Vosotros así lo esperáis; yo, confiando en vuestra cooperación, presiento que Dios bendecirá nuestra obra. El presidente del Congreso leyó ante el Trono este discurso: Señor: EI Congreso de los diputados se asocia á las felicitaciones que en este día recibe Vuestra Majestad, y no por fórmula vana y ceremoniosa, sino como corresponde á los elegidos por el país, en quienes no cuadran bien las lisonjas engañadoras que adulteran la justicia, convirtiéndola en halago, y truecan en servidumbre el respeto. JAI Rey joven, animoso, entusiasta, se acerca el Congreso, también joven y esperanzado. Vea V. M. reproducidos en él los grandes alientos que le impulsan, las nobles ideas que le inspiran, los patrióticos afanes que le enardecen. Reciba como homenaje digno de V. M. y propio de quienes le tributan, la solemne promesa de que los diputados de la nación, bien advertidos de lo que ella desea y necesita, han de esforzarse en su servicio, persuadidos de que el mejor tributo que pueden ofrecer los hombres públicos á los Reyes es el de procurar el progreso de los Estados, donde ejercen su soberanía. Un fausto acontecimiento despertaba hace poco en toda España cariñosas emociones. El Congreso de los diputados felicita á Vuestra Majestad como jefe de la familia Real por el enlace de su augusta hermana con S. A. el infante D. Fernando de Baviera, á los que desea todas las venturas que el Supremo Juez otorga á quienes se unen por el amor y paia el bien. Somos al decir esto intéipretes del espíritu nacional, porque la dicha de los Príncipes la desean los pueblos, cuando saben que la suerte de los pueblos constituye Ja constante preocupación de los Príncipes. Y como lo acendrado de los afectos se halla en razón inversa de la prodigalidad de las palabras, sirvan las que acabo de decir como vehemente testimonio de la adhesión que á V. M. ratifica el Congreso de los diputados, y sean las últimas que pronuncie ahora ante el Trono las que estañen todos los labios; frases de amor para la Patria y de confianza en sus futuros destinos. S. M. el Rey contestó así: Señores diputados: Me es grato reconocer que la felicitación que tenéis á bien dirigirme en este día responde, no sólo á la sinceridad de vuestro afecto, sino á la confianza que ponéis en mi inquebrantable voluntad de vivir consagrado al servicio del país. Na da presta más aliento á ios encargados de gobernar los pueblos que la seguridad de hallarse identificados con sus representantes, conocedores de cuanto la nación desea y necesita, porque de esa compenetración no puede menos de resultar el progreso de los Estados que es el bien mayor á que pueden aspirar sus gobernantes. Recibid las gracias por el eariñoso recuerdo que dedicáis á la boda de mi augusta hermana con el infante D, Fernando de Baviera, y tened por cierto que interpretáis sus sentimientos, como todos los de mi familia, afirmando que nuestra constante preocupación es el bienestar de nuestro pueblo. A vuestra felicitación corresponde mi gratitud y la sinceridad de mis propósitos de cumplir y hacer cumplir la Constitución que nos rige, como medio el más seguro de garantir la tranquilidad del país, estimular el desarrollo de su riqueza y afianzar las libertades públicas, patrióticas aspiraciones para cuya consecución á todos han de parecemos pequeños los esfuerzos y ligeros los sacrificios. EL BANQUETE DE GALA Comenzó á las ocho y terminó cerca de las diez. El gran, comedor, profusamente iluminado y la mesa con 92 cubiertos, artísticamente adornada con flores, presentaban espléndido aspecto. He aquí los principales puestos de la mesa: Derecha de S. M. el Rey: infanta doña Paz, infante D. Fernando, duquesa de San Carlos, cardenal Sancha, duquesa de Santo Mauro, ministro de Marina, marqués de la Vega de Armijo, presidente del Consejo de Estado, obispo de Madrid- Alcalá, general Bascaran, conde de Aguilar de Inestrillas y conde de San Román. Izquierda de S. M. el Rey: infanta María Teresa, Sr. Moret, señora del ministro de Gracia y Justicia, ministro de la Guerra, duquesa de Montellano, almirante Berlnger, ministro de Fomento y presidente de) Tribunal Supremo. Derecha de S. M. la Reina: Príncipe Luis Fernando, infanta doña Isabel, general López Domínguez, señora del ministro de Fomento, Sr. García Prieto, condesa viuda de Toreno, conde de Romanones, marquesa viuda de Nájera, D. Alejandro Pidal y general Polavieja. Izquierda de S. M. la Reina: Infante don Carlos, señora de Moret, Sr. Canalejas, condesa de Aguilar de Inestrillas, marqués de Estella, marquesa de Rafal, duque de Veragua, Sr. Santamaría de Paredes, general Az cárraga, vicealmirante Fernández de Celis y general Villar y Villate.