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A B C. MARTES 23 DE ENERO DE ioc 6 PAG. 8 EDICIÓN i. s A RESIDENCIA DE LA PRINCESA ENA Mouriscot es una preciosa villa que todo el que va á Biarritz desde la Nsgresse puede ver sobre un montículo que bordea el llamado Bosque de Bolonia. Mouriscot en una de las abruptas vertientes del cercano Pirineo, parecería un nido de águilas. Donde está parece un nido de ruiseñores colgado en un enorme ramo de flores, adorno á su vez de una inmensa luna veneciana donde el cielo se refleja y donde la pintoresca vegetación se mira con coquetería. Ese espejo es el lago Mouriscot, siempre tranquilo y sonriente, con su leyenda go recorrió el pueblo casa por casa implorando la caridad. Desaires y desengaños crueles recibiría hasta dar con la casa Martincho, donde fue bien acogido. -Espera- -le dijo la anciana ama de la casa, -que el puchero está á la lumbre y con su primer hervor tendrás una taza de caldo. Entretanto, descansa. Descansó el buen Dios, tomó una sopa y, por fin, pasó la noche en un rinconcito abrigado de la vivienda. Amanecía ya cuando el anciano abandonó la casa, no sin llamar á la ancianita que, como buena vasca, madrugaba mucho. Diola las gracias y después agregó: -Cuando llegue la noche oirás un estranquilas y transparentes del lago. Se presume que, convertidos en estatuas de sal, fueron disolviéndose en los alrededores, porque en lagunas cercanas se forman frecuentemente extensos encajes blancos que no son sino sales que destilan sus aguas. Tal es la leyenda. La casa Martincho para los vascos, y Martín Petit para los franceses, no será la villa Mouriscot, donde hoy reside la Princesa, pero ¿por qué no ha de serlo forzando un poco la tradición y truncando otro poco la topografía? ¿Qué pierde con ello la leyenda? En cambio, puede ganar con el tiempo, si dentro de muchos siglos se preocupan 4 r t. ib y todo. ¡Cómo no, si aquel país es vasco y la tierra vasca es el pueblo de las leyendas! La del lago Mouriscot se la habrán contado ya á la princesa Ena, y habrá sumado una más á las que, siendo muy niña, haya oído en su país, rico también en cuentos y consejas. Vasca, muy vasca es la leyenda del lago Mouriscot. Lo que hoy cubre el agua fue emplazamiento de un barrio de Bia rritz que se llamaba Bayona. De esto hace muchísimos siglos. Pecadores muy grandes debían ser sus moradores, porque un día, Jaungoskoa, esto es, Dios, que así le llamaban y así siguen llamándole los hijos de Vasconia, se hizo hombre, se vistió con andiajos y figiendose menditruendo muy grande. No tiembles; tú no temas nada. Has sido buena. Los buenos no tienen nunca nada que temer. Pasó el día. Comenzó la noche. La pobre vieja se recogió presa de angustia mortal. Pronto se rindió al sueño. Soñó que el anciano de la noche anterior era Jaungoikoa; pero al despertar se rió de su sueño. Cuando, ya levantada, la luz del día iluminó á la tierra, vio que todo el barrio había desaparecido y que en su lugar había brotado el lago Mouriscot. Sólo la casa Martincho estaba en pie. El anciano, cierto, era Jaungoikoa. Ahora ya no era cosa de reír. N o se sabe lo que fue de los habitantes del poblado sepultado en las aguas V I t LA VILLA M 0 UR 1 SCO 1) fcN BJARK 1 TZ, RLS 1 DENC 1 A ACTUAL DE LA PRINCESA ENA DE BATTENBERG Y DE SU MADRE LA PRINCESA BEATRIZ los hombres de las cosas que pasaron, los poetas, si también los hay, ampliarán la leyenda añadiendo que Jaungoik a terminó así su profecía á la viejecita que le dio caritativa hospitalidad: -Además de ver tu casita salvada de la catástrofe- -podrán dech que dijo, -llegará día en que sirva de albergue á una bellísima Princesa de ojos azules como ese cielo que nos cubie, de cutis blanquísimo como la flor de esos almendros que rodean tu casa, y de cabellos dorados como el sol que sale de entre esas montañas; y esa Princesa será Reina, y esa Reina madre de Reyes de un pueblo que merece tanta dicha. como ella para sí de ee. ÁNGEL M CASTELL