Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MARTES 16 DE ENERO DE 1906. PAG EDICJON 1 Ni la Conferencia de ÁJgeciras con toda su trascendencia, ni el discurso de Moret en el Senado con toda su miga, ni el proyecto de ley que leyó con teda su fcorteza, dieron tanto que hablar y que discurrir como la triste nueva de Méjico. La consternación hizo estragos. La cogida de Ricardo Torres, de cuyas consecuencias deseamos que se cure pronto el simpático diestro, dará que hablar tanto, por lo menos, como se habló de la pérdida de nuestras colonias. Una novedad: los estudiantes entraron en clase. No hubo el menor incidente. Diclía completa, y que mucho dure. Otra novedad, y ésta entre irónicas admiraciones: jOtra novedad! Los concesionarios de la Gran Vía piden al Ayuntamiento aclaración de algunos puntos de la escritura. Algo habían de pedir. Algún día habrán de dar lo que den. Y nada- más. La noche entró y en las calles madrileñas no se oía otras voces, que las de los vendedores de periódicos, que para muchos eran apocalípticas, gritando la terrible, la espantosa noticia: ¡la cogida de Bombita! AEMECE do es una cosa prosaica, vulgar; nadie hace caso; este acto se realiza atropelladamente y sin fe ninguna. En el Senado dos señores secretarios avanzan hacia ¡a puerta del fondo, recogen a! novicio y lo ¡levan en medio de los dos. con toda gravedad y prosopopeya, hasta la mesa presidencial dor. de jura. Y ya hsi jurado este señor senador. ¡El Sr. Moret: tiene la palabra! torna á exclamar el Sr. López Domínguez. Y entonces entre el silencio y la profunda expectación de todos, se pone en píe el señor presidente del Consejo. El Sr. Moret, ante iodo, recuerda que hace poco tuvo el honor de dirigir su palabra á la Cámara con motivo de la aprobación de los presupuestos; fue aquella aprobación una preocupación constante para el Gobierno, y ahora al volver á dirigir el orador su palabra á la Cámara lo hace también bajo el peso de otra preocupación. Y ¿cuál es esta preocupación? Es preciso considerarla fría, serenamente. Yo os pido- -dice el Sr. Moret- -que hagáis un esfuerzo por separar vuestro ánimo de la atmósfera que nos rodea. Se ha escrito mucho sobre el asunto- -prosigue el orador; -los ánimos se hallan apasionados; la opinión está extraviada; diríase que se pretende que aquí existe un antagonismo, una lucha entre el elemento civil y el militar. Y á esta situación es á la que es preciso poner término... El orador al liegar á este punto hace una breve pausa. Después entra á examinarlos antecedentes del conflicto; es decir, los sucesos de Barcelona. Y con los sucesos de Barcelona, el Sr. Moret enlaza e! creciente avance del internacionalismo por una parte y del antimilitarismo por otra. El mal crece de día en día; urge el remedio; la ley en el caso presente no ha sido cumplida; han andado remisos los tribunales en castigar los delitos contra la Patria. ¿Qué debemos hacer? ¿Cuál es el remedio que se impone? Algunas personas- -dice el señor Moret- -han pensado en entregar estos delitos á los tribunales militares, es decir, en restablecer el art, 7. del Código militar. El orador se detiene un instante; después añade con voz suave: Esto nos ha parecido absolutamente... Y pronuncia el Sr. Moret- la última palabra de esta frase de un modo tan opaco, tan bajo, que durante un instante la concurrencia se pregunta llena de interés cuál es este vocablo; al fin logramos averiguar que se trataba de la palabra deficiente. Este medio es, en efecto, deficiente; el Gobierno ha confeccionado un proyecto de ley por medio del cual los delitos de que se trata quedarán eficazmente reprimidos. La Cámara va á oirlo dentro de un momento y el orador no hace más que indicar lo más fundamental de é! es esto lo que se refiere á la suspensión de los periódicos y á la intervención en Jos procesos de los fiscales militares; estas revelaciones del orador producen ligeros murmullos en la Cámara. Y luego el Sr. Moret habla del disentimiento del Sr. Luque en el seno del Gabinete. Las Cortes juzgarán por sí mismas- -añade el orador; -el señor ministro de ¡a Guerra quedará- en libertad para obrar. Ha llegado el señor presidente del Consejo al término de su discurso. No hay nada que toque tan á la entraña de la nación como el Ejército- -dice el Sr. Moret; -el problema es de una gran trascendencia; conduzcámonos con exquisita prudencia; apartemos de nuestro camino todo apasionamiento, de lo contrario el peligro se echará encima. ¡Y un desquiciamiento en el interior de ¡a nación- -grita el orador- -ya lo hemos visto! Es preciso sentir en estos momentos un profundo patriotismo. El Sr. Presidente cumplirá con sus ideales y con su historia. Y si al final puedo decir por mi parte que he cumplido con mi deber, yo, señores senadores, lo proclamaré lleno de la más viva satisfacción No ha dicho más el Sr. Moret; ei proyecto en cuestión ha sido leído después y los concurrentes aJ acto han abandonado el salón acabada la lectura. Y la síntesis del asunto es la siguiente: se había entablado una lucha entre el elemento militar y el Gobierno; el Sr. Moret, experimentado y agudo parlamentario, ha tenido a habilidad suprema de hacer que el problema fuese llevado á las Cortes; si en el Consejo de ministros del sábado el Sr. Luque se hubiese plantado firme y resueltamente, la contienda hubiera tenido que resolverse entre un Gobierno y los que de él exigían justicia; el señor ministro de la Guerra no es experto en ondulaciones y diplomacia; triunfó el Sr. Moret, y ahora el pleito ha aerecido considerablemente en trascendencia, puesto que ya la batalla no podrá ser entre los que reclaman justicia y un Gobierno, sino entre aquéllos y las Cortes de la nación. Y podrá suceder que de! debate senatorial resulte triunfante la jurisdicción civil (en cuyo c? so la victoria, y brillantísima, es del Sr. Moret) ó que se pronuncie la Alta Cámara por la jurisdicción militar y el Congreso por la civil, en cuyo caso el Sr. Moret cae (y cae gloriosamente defendiendo la supremacía civil) ó el Sr. Moret se encuentra ante un caso de disparidad de criterio en las Cámaras que pueda poner en sus manos- -si la Corona lo cree oportuno- -el decreto de disolución. Y ya ve el lector cómo la tarde de ayer ha sido capitalísima, memorable, en la historia política del Sr. Moret. Cuando no pueda uno vestirse la piel del león, vístase la de la vulpeja escribe Baltasar Gracián. Y el maestro completa su pensamiento con este otro: Fácil es matar al vuelo al ave que ¡o tiene seguí do, no así á la que lo tuerce. AZORIN IMPRESIONES PARLAMENTARIAS p? N E L S E N A D O Hemos cogido nuestro sombrero y nos hemos marchado pasito tras paso, como un filósofo, hacia la Cámara de los pares. Tenemos una gran simpatía por esta Cámara. Cuando nosotros hemos llegado á ella eran las tres y cuarto; comenzaban á poblar los escaños los senadores; uno después de otro íbamos viendo á estos señores graves, enigmáticos, misteriosos que sólo vemos por casualidad de tarde en tarde; aquí estaban el Sr. Groizard, con sus blancas patillas, de quien no teníamos ya ni la más remota idea; y el señor duque de Veragua, también ya olvidado; y el Sr. Aviles, autor prodigioso de algunos bellos versos- -seis ú ocho; -y el Sr. Sanz y Escartín, sociólogo al parecer en el ostracismo; y el Sr. López Muñoz, orador que tiene en su palabra todas las flores de los cármenes granadinos. Y juntamente con estos graves varones van asimismo apareciendo otros- bien de esta Cámara, bien de la otra- -con quienes continuamente departimos y cuya amistad es por nosotros muy estimada; tales son el Sr. Rodríguez de la Borbolla, el Sr. Rivas, discreto y mundano, el Sr. Romeo, -que esta tarde va á pasar por el amargo dolor de no poder hablar desde estos bancos, -el Sr. Quiroga Ballesteros, ecuánime y sonriente en todo momento, el señor marqués de Valdeiglesias, nervioso y precipitado. El salón va animándose por momentos; ya casi negrean los largos divanes rojos; el reloj marca las tres y media. En este instante hace su entrada en la Cámara el Sr. Maura, seguido del Sr. Cierva, del Sr. Dato y del Sr. Sánchez Guerra; el ilustre jefe del partido conservador sonríe, teparte efusivos apretones de manos y se dirige á sentarse en uno de los escaños bajos... Y á poco el señor presidente de la Cámara, penetra lentamente y escala su elevado sitial. ¿Diremos que el señor general López Domínguez se apresura á coger la campanilla y á hacer que este instrumento lance unas argentinas vibraciones? Las charlas, los gritos, las toses cesan casi súbitamente; hay un momento de profunda ansiedad en el salón. Y l Sr. Presidente grita: ¡Va á jurar un señor senador! E n el Congreso, el acto de jurar un diputa- Kermesse benéfica La kermesse benéfica que con tan amoroso cuidado y entusiasmo sin igual organizó la caritativa marquesa de Squüache, secundando la iniciativa de la infanta doña Paz de Borbón, se inaugurará él próximo sábado 20. La exposición de los infinitos y lindos objetos que continuamente recibe la marquesa de Squilache y la rifa de los mismos, tendrá lugar en las habitaciones de la parte baja del Banco de España que forman la rotonda. Las referidas habitaciones estarán adornadas principalmente con los tapices que la Real Casa posee. No hay que dudar del éxiío verdaderamente positivo de la kermesse si se tiene en cuenta el entusiasmo y la fe con que la marquesa de Squilache ha tomado la organización de esta obra benéfica. Conforme los regalos llegan á su palacio, ella, únicamente ella, sin ayuda de ningún género de criados ni servidores, se ocupa de su numeración y de rotularlos, poniéndolos inmediatamente junto á los ya recibidos en uno de los elegantes salones de su morada, formando todos artístico conjunto. Sabemos también que el Gobierno ha ofrecido á la noble marquesa todos ¡os billetes de la función de gala que se celebrará en el Real con motivo de la próxima visita de los reyes de Portugal á Madrid y que las localidades han de ser vendidas, para que el total sea sumado á lo recaudado en la kermesse. La venta de los billetes facilitará la entrada á tan soberbio espectáculo á muchas personas ajenas al elemento oficial, pero que por su posición pueden acudirá esta fiesta regia y benéfica á la par. Sume nuestra enhorabuena la noble marquesa á las muchas recibidas por el éxito induda ble de la obra de- cari dad que con tanto canño organiza.