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1 ÍAÑO CUATRO. NÍIM. NICA 370. CRÓUNIVER- S ¿MADRI I) 16 DE ENERO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS. SAL ILUSTRADA. ALGECIRAS CRÓNICA TELEGRÁFICA Jllgeciras, ¡5, t. POLÍTICA E L PRIMER Es extenso el proyecto ACTO de e y que el Gobierno en el Senado Llena su objetoSatisface un deseo de la opinión, cansada ya de ver la impunidad en que quedaban ciertos atrevimientos é insolencias. Establece penas severas, y más que severas, eficaces. Reviste cierto carácter arcaico que le da aspecto de un retroceso, porque la suspensión y supresión de un periódico ó disolución de una Sociedad van unidas al recuerdo de los peores tiempos de la Restauración. Revela espíritu de transigencias y busca la transacción a establecer que los fiscales militares ínter- 1 vengan en el sumario, medida no extraña ni estupenda, puesto que el acusador privado en aquellos procesos en que 1 K acción pública está reforzada por la de la parte querellante, tiene facultades análogas. Es el mejor medio de conseguir ó que los procesos se desarrollen con ¡a de bida rapidez, ó de evitar que toda lentitud sea atribuida á incuria de los Tribunales civiles. El punto más dificultoso es el de los ataques indirectos que habrán de constituir delito. ¿Cómo se determinará el carácter de indirectos? ¿Cuál será su naturaleza? ¿Cuáles sus límites? En una ley que establece tan severas penas, la indeterminación, la vaguedad, pueden ser fuentes de terribles abusos. Este punto es el más serio de censura. La cuestión magna, ó sea la de la jurisdicción que ha de entender de esos delitos, se halla tocada con cierta timidez; la regla general es la que se aplica. Se marca para tales procesos la jurisdicción ordinaria, ésta e ¡a llamada á conocer, en ellos y á fallar. Esto es lo natural, lo lógico, lo corriente, aun en pueblos que dan á la cuestión militar toda la importancia que merece. Otra cosa equivaldría, como dice un ilustre escritor, á una permanente suspensión de las garantías constitucionales. Aquí es donde empieza la cuestión verdaderamente política en el alto sentido de la palabra. ¿Por qué razón el señor Moret en su elocuente discurso no ha marcado terminantemente su opinión respecto de toda alteración del proyecto en semejante sentido? ¿Por qué ha dado motivo á que se manifieste tan prevenido el espíritu público? Esto había que averiguar ayer. Como indicio se toma la comisión que ha de dar dictamen acerca del proyecto. Pero dicho nombramiento no puede equivaler á un dato para el juicio definitivo. La franqueza puede ser una fuerza; así como no siempre la malicia es un talento. Para juzgar acertadamente de hechos de tamaña trascendencia, es preciso pNSUEÑO. La noche tranquila, plácida. El tren se desliza rápido sobre los carriles. Densos nubarrones obscurecen el cielo. Menudas gotas caen con monotonía abrumadora. La luz amarilla del vagón da apariencias de cera á las caras de los viajeros. El departamento va lleno. La noche larga y triste se ofrece á la meditación. Apenas algunos entrecortados diálogos en inglés, en francés y en alemán interrumpen los largos silencios. Todos vemos algo incierto cabalgando, en esta noche del valpurgis clásico, no sobre corceles satánicos, sino en nuestra propia y honda inquietud. Dormito. Lentamente el alba gris, nubosa, húmeda, ilumina suave á Andalucía. Afanoso busco en los andenes de las estaciones la impresión de las gentes. Tarea inútil. Por todas partes marasmo, quietud, indiferencia, ignorancia sobre el problema de la Conferencia. Aumenta la sensación la tristeza del día que avanza y lo interminable del viaje. Lentos trenes se cruzan monótonos por desolados parajes. Una nueva y dolorosa sensación: la despoblación, la soledad, la inaudita miseria d e Andalucía vista por los ojos del observador desprovisto de todo prejuicio pintoresco. Atardece. Comienza la línea de Algeciras que es explotación inglesa. Diríase que es un presentimiento de cosas futuras. La noche. Otra vez solo. Llueve también pausadamente. En la enorme serranía de Ronda no se advierte la presencia de hombres ni de pájaros. Otra vez adelante. Allá en el fondo obscuro de la noche se ven luces en anfiteatro, cuyo reflejo riela en el mar hasta los cielos. Gibraltar, visión trágica con vislumbres de pena y dejos amargos, desaparece. Nueva pausa. Algeciras. El andén, lleno. Comienza el ir y venir vertiginoso del calvario del hospedaje. Todo está tomado. La noche es larga y obscura. Los cafés, las cervecerías, las tabernas rebosan luz y gentes. Estas hablan lenguas extrañas. Reina la alegría. Voy al telégrafo. Debo dar cuenta de mi llegada. N o cuento con la imprevisión española. N o se puede telegrafiar. El servicio es limitado. Vuelvo mohino á dormir ya de madrugada. Mohíno y confuso también veo lejos, al pasar por la calle que comunica con el puerto, la silueta, iluminada con focos eléctricos, de Gibraltar triunfante, Algeciras duerme... Luis PARÍS conocerlos bien. N o basta con suponerlos y menos con sospecharlos. La impresión general, es de expectación y de reserva. Existe una corriente de benevolencia hacia el Sr. Moret, cuyas tribulaciones adivina mejor que conoce la generalidad de la gente. Por eso su discurso, en el cual había la atención suma y el cuidado exquisito con que se mueve y opera quien maneja muchos objetos de fino cristal, fue una obra maestra de tacto, pero no movió los ánimos en ninguna dirección. Trabajos formidables son los de estos días, y en ello la conducta de las oposiciones está diciendo con su circunspección ¡a que todos los ciudadanos deben observar. MANUEL TROYANO CTqjq BHHIir- fff- i- W ifl. i L J gMSff fF Wfií P T T F- MADRID AL DÍA j p l crimen de anoche que publicaban los periódicos fue ayer el tema de todas las conversaciones. La indignación era grande y unánime. La preocupación, si ha de llegar el momento en que nos preocupemos de algo, debe alcanzar igual medida, porque eso de que pueda penr sarse que á las puertas de Madrid, hoy en las Ventas, ayer en Carabanchel, cualquier día en los Cuatro Caminos y con frecuencia en el centro de la capital, hay salvajes que en punto á barbarie tienen mucho que reprocharles los riffeños de Frajana y de Benisikar, es cosa triste y exige enérgico remedio. El héroe que, porque si, abofetea aun anciano y le hiere traidora mente, es figura gemela de ¡a del que por la mañana caza á tiros á un compañero, ó de la de individuo que mata á un joven estudiante sin más motivo que estar hablando en francés con una amiga, y todas ellas á la vez son gemelas de ese tipo degenerado que tanto se prodiga en las calles madrileñas, luciendo para estigma de su sexo el pantalón odalisca que recibe el nombre de su parecido con la indumentaria de la mujer oriental. Si no Ka de haber medio para acabar con ese matonismo, oprobio de nuestro tiempo, y para contener la multiplicación de tabernas y antros del vicio; si nuestras autoridades han de considerarse impotentes para corregir mal tan grande, será cosa de aprovechar la estancia de Mohamed Torres en territorio español para rogarle que envíe por acá unos cuantos cabos d e kábila que metan en vereda á nuestra cabrería. lina noticia sensacional- -y el adjetivo está bien empleado, p o r proceder de América la noticia y la palabra- -vino á embargar la atención del público. Un telegrama de Méjico anunció que anteayer fue cogido por un toro el diestro Bombita y que el popular torero está gravísimámente herido.