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A B C LUNES i5 DE ENERO DE 1306. PAG. iz. JEDICION extremos a? algunas declaraciones de los detenidos. r; Teniendo en cuenta que esta mañana terminaba el plazo legal de las detenciones, en vista de lo últimamente actuado dictó auto de procesamiento contra Mateo y Ramón Díaz Villarreal, y contra Mariano y Bonifacio Plaza, siendo puesto en libertad esta madrugada el detenido Manuel Abascal (a) el Jlndatuz, pues en su contra no existen cargos tan directos, y sólo indicios de complicidad en la preparación del crimen, pero indicios bastante confusos. SALVAJADA DE UN BORRACHO A noche á primera hora se encontraba en el merendero de Liberto, en las Ventas del Espíritu Santo, Juan Dombriez, esperando que terminara su trabajo un hijo suyo, que sirve de camarero en dicho establecimiento. Se entretenía en contar episodios de la guerra de África, donde estuvo de soldado, cuando entraron en el merendero Tomás González Mesas y un tal Ramón, ambos en completo estado de embriaguez. El Tomás se encaró con Dombriez, preguntándole cuántos años tenía. -Setenta y dos- -le contestó. -Esas son las bofetadas que voy á darle- -dijo González, -y uniendo la acción á la palabra le dio una en la cara. Cuando el viejo se volvió huyendo de la agresión inesperada, el borracho sacó una enorme navaja, se la clavó en la espalda y se dio á la fuga. El público, sorprendido en el primer momento, cuando se dio cuenta de la brutal hazaña, salió persiguiendo al criminal, que ya era seguido por la pareja de la Guardia civil. Pero el borracho, sin detenerse, se volvió dos ó tres veces, disparando contra sus perseguidores cinco tiros de revólver. La pareja tuvo tjue hacerle un disparo de fusil, que no hizo blanco. Acosado, se precipitó por un desmonte y chocó contra una tapia, produciéndose lesiones en la cabeza y hombro, pudiendo entonces ser capturado. La Guardia civil tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para evitar que el público le Iynchara: El herido fue conducido á la Casa de Socorro de la calle de Hermosilla, donde se le apreció una profunda herida y rotura de una cos- tilla, causada por la violencia dei golpe de la navaja. Pasó al Hospital en grave estado. Esta madrugada no había podido declarar el agresor, por la tremenda borrachera que tenía. Sólo manifestó que no sabía nada ni se acordaba de lo que había hecho ESTUDIANTE MUERTO A TIROS POR TELÉGRAFO I I N HOMBRE MUERTO EN CARABANCHEL Según comunicó ayer la Guardia civil de Carabanchel, se cometió un crimen en dicho pueblo, cuyos detalles son los siguientes: Las primeras horas de la noche del sábado las pasaron bebiendo en varias tabernas de Carabanchel Bajo dos jornaleros llamados Críspulo Cáceres Ortiz y Pedro Zubiela Nevado. Disputó el Críspulo con otro sujeto, á quien encontró en uno de los establecimientos de bebid? s, sobre cuál tenía más fuerzas, y lucharon con un palo y con una barra de hierro. El contendiente de Críspulo, viendo que Sa disputa tomaba mal cariz, desapareció. Críspulo vetó á los demás concurrentes, que no le hicieron caso, y entonces, dirigiéndose á su domicilio cogió una escopeta, disparó desde la puerta sobre el grupo é hirió en una ingle á Pedro Zubiela, que falleció instantáneamente á consecuencia de la herida. El agresor se confesó autor del crimen, añadiendo que 1 muerto le había amenazado con un puñal, cosa que negaron los testigos presenciales, q le afirmaron que Críspulo disparó sin haberle provocado nadie. C a n Petersburgo, 14, 6 n. Anoche y dtt rante las tradicionales cenas y festines en conmemoración del nuevo año, la orquesta de un restaurant muy céntrico tocó el Himno nacional y los espectadores, según costumbre, pusiéronse en pie para escucharlo. Un exoficial ruso, llamado Okuef, dijo á un estudiante que su actitud no era muy correcta, por tener apoyada la rodilla en uno de los asientos. Davidoff, que así se llamaba el estudiante, manifestó al exoficial que si quería darle lecciones que saliese á la calle. Oknef se encaminó á la puerta y al llegar al pasillo disparó sobre el estudiante un tiro de revólver que atravesó á éste la mano y fue á herir á una señora en la rodilla. Davidoff se refugió en el restaurant mientras le curaban la herida; pero Okuef se arrojó sobre él y le disparó cinco tiros, uno de los cuales íe hirió en la cabeza y otro en el corazón. Davidoff quedó muerto en el acto. El asesino logró escapar en los primeros momentos, pero después fue detenido. El cadáver de Davidoff fue cubierto de flores por las mujeres que se hallaban en el local cuando ocurrió el suceso. Este ha excitado considerablemente los ánimos y ha contribuido á aumentar el odio contra los militares. 62 BÍBLIOTECA DE A B C ABNEGACIÓN Y AMOR 63 agente; ¡se divertía uno mucho en el castillo de Varsange! Era algo así como una de esas farándulas fantásticas de las antiguas leyendas, formada de bailarines y bailarinas que no podían ya detenerse después del primer impulso. Cuando la señora de Yarsange no tenía á ningún convidado en su casa, recibía á la gente del pueblo, á nuestro venerable cura, al anciano doctor y á mí; hubiera convidado al sargento de los gendanmes y á los guardias rurales, con tal de no comer sola con su marido. Recuerdo una noche de otoño en que una nevada prematura privó á sus invitados del gusto de asistir á una de sus fiestas; llamó á los aldeanos del pueblo, que bailaron toda la noche. Otro día, encontrando en su camino una vieja mendiga, se apiadó de ella al pensar que la pobre mujer había vivido muchos años en la miseria. -Quiero proporcionarle á usted la alegría de comer una vez, en su triste existencia, una suculenta comida, La cena, hecha por el cocinero, fue, en efecto, suculenta; por poco se muere de indigestión la pobre vieja. ¡Ah! ¡No era posible aburrirse al lado de ¡a condesa Laural Era más difícil aún descansar, y á veces se sentía uno fatigado, El estado de cansancio del conde se acentuaba de día en día tan insensiblemente, que ninguno de nosotros lo advertía; sus visitas á mi casa eran más frecuentes; se excusaba, bajo insignificantes pretextos, de acompañar á la condesa á las reuniones que se celebraban en los alrededores. Así es que no me sorprendió verle llegar una noche en el momento en que iba á ponerme á la mesa. -Laura se ha ido- -me dijo; -come en casa de los Chateau Raldon; no he podido acompañarla; me siento indispuesto esta noche. ¿Y desea usted- -le pregunté- -compartir mi humilde 1 ena? -No, no; hoy no; no tengo hambre; me siento realmente enfermo. Si dejo que la señora de Varsange salga sola casi siempre, no es, como dice ella, ni por pereza ni por despego al mundo; le gusta divertirse, es natural, á su edad, pero no lo es á la mía. ¡A su edad! ¡Una mujer de cuarenta años! Le miré pensando que se burlaba: sólo vi en su cara la expresión de cansancio y de indulgencia que siempre sentía. Varias veces durante la comida, que fue corta, se levantó y dio la vuelta á la habitación, pasándose la mano por la frente. -Tengo que hablarte, amigo mío; tengo que consultarte; por eso es por lo que he venido esta noche, á pesar de no encontrarme bien. ¿Por qué no me ha mandado usted llamar? -No estoy enfermo hasta ese extremo; he pensado que me convendría andar un poco y respirar el aire del campo; además, tengo que hablarte de cosas graves; está uno mejor en tu casa para hablar. -Estoy á sus órdenes- -le dije levantándome y dirigiéndome hacia mi despacho, en el que entró conmigo. -He aquí, hijo mío, lo que quiero. He venido pava que redactes mi testamento; este es un deber imperioso que hubiera debido cumplir hace tiempo. Deseo, ya lo adivinas, asegurar el porvenir de mi mujer; Pedro, tan bueno con todo el mundo, es con ella implacable; rio la perdona el haberse casado conmigo, y esa injusticia suya me impide confiar en él para el porvenir. Ya sabes en qué condiciones me he casado. Hubiese deseado entonces reconocer una dote á Laura en mi contrato de boda; se ha opuesto resueltamente á ello, tú no sabes hasta qué punto es desinteresada. Yo no quiero- -me ha dicho- -que pueda usted suponer que me he casado por cálculo; usted me da su corazón y su nombre, no quiero nada más; le ruego aue respete el sentimiento de dignidad