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SEAÑO CUATRO NÚM. 36 9 CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. J 5 DE ENERO DE 3906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS. Esto demuestra el ingenio y la prudencia de Visconti Venosta. X u a n d o los primeros chispazos de la guerra en 1858, toda la juventud de Lombardía marchó al Piamonte para alistarse en el Ejército. Emilio Visconti marchó también, pero no se alistó. Esto fue motivo de comentarios. Visitaba nuestro personaje frecuentemente la casa del ministro Benso de Cavour, y allí, según se supo después, se encontró con un hombre de barba rubia, gran capa y sombrero flexible de alas anchas... Cavour y Luis Carlos Farini habían designado á Visconti para el cargo de comisario teniente de S. M el Rey de Cerdeña, á las órdenes del general Garibaldi, que era precisamente el hombre rubio y misterioso de gran capa y sombrero de alas anchas. En estas funciones asistió á las legendarias batallas de Várese, San Fermo y Como y firmó, en nombre del rey de Cerdeña, la proclama declarando perteneciente al reino de Piamonte y Cerdeña el distrito de Como. esde 1859 á 1864 tomó parte en todas las manifestacio ies de la insurrección del reino dé las Dos Sicilias. X jpjn 1864, siendo ministro de Negocios ex tranjeros, firmó el Convenio de Septiembre con Napoleón 111 y emprendió la marcha sobre Roma, trasladando la capital de Turín á Florencia, lo cual se consideró como una etapa más en el camino de Roma. X flj 1 marqués Visconti Venosta está casado con la hija del llorado marqués Carlos Alfieri de Sostegno, sobrino de Camilo Benso de Cavour. Así es que puede afirmarse que no sólo es heredero material de este insigne patricio, puesto que á sus manos ha ido á parar toda su fortuna, incluso la villa de Santena, donde murió Cavour en 1863, sino su heredero espiritual. X 1 os italianos desean que su delegado en Al geciras pueda proteger los intereses italianos con el mismo feliz éxito que obtuvo su antecesor en París en i856. DR. F. FRANCHI ANTE LA 1 oina, i o de Ene; o, debe Y 1 SCONT 1 VENOSTA. á Esta cartacon la coincidir en su llegada Madrid leí delegado de Italia en la Conferencia de Algeciras, que en estos momentos prepara su equipaje. ¿Referiré en estas notas la vida del venerable caballero á quien mí Patria ha encomendado tan delicada misión? No, no me parece necesario; porque sus setenta y siete años, de los cuales cincuenta han estado dedicados á la vida pública, forman una historia bien conocida en Europa. M e limitaré, con el placel de los lectores de A B C, á relatar alguna anécdota interesante del ilustre político que tan significado papel tuvo en la conquista de la Unidad italiana. Nació el marqués Emilio Viscontí Venosta en Milán el 21 de Enero de 1829. El lunes de la semana próxima celebrará su cumpleaños, y deseamos que pueda festejarlo felizmente en Algeciras. Es oriundo de la Valtellina, desde donde su familia, después del fallecimiento de su padre, se trasladó á Milán. Mientras los hermanos Emilio y Juan, que aún eran muy jóvenes, veraneaban en la casa de sus antepasados, las tropas austríacas del Ejército de ocupación invadieron esta vivienda, apilaron los muebles en el salón y les prendieron fuego para guisar el rancho. Acudió en aquel momento la madre de los Visconti Venosta, miró desdeñosamente al oficial austríaco que dirigía aquel acto de vandalismo y apoderándose de la matmita en que cocía el rancho, ¡a tiró por una ventana, y dijo al oficial: ¡Ahora, vaya usted á buscarla si quiere! Esto fue lo suficiente para despertar las sospechas de la policía austríaca, que desde aquel día inscribió en sus registros á la familia Visconti con la indicación de sospechosos X n Milán, Emilio Vísconti Venosta y su hermano Juan, un letrado excelentísimo, se dedicaron átodo género de sports que estaban prohibidos por la mencionada policía. Por esta razón, Emilio firmó un contrato profesional con M r Guillaurae, empresario de un circo ecuestre, para poder practicar la equitación. Los hombres de edad madura recuerdan haber visto al joven patricio caracolear y galopar á la alta escuela en la pista del circo. También por dicho motivo se ejercitaba en la esgrima, en casa de su amigo Julio Vigori (hoy senador del Reino) como otros muchos jóvenes aristócratas contemporáneos suyos, entre los cuales figuraba el conde general Maynoni D lntignano, hoy ministro de la Guerra. Por entonces conoció á Mazzini y se afilió á la Joven Italia, célebre Sociedad secreta cuya alma era el propio José Mazzini. t- -Convendría- -le dijo un día un seudoamigo, supuesto enviado de Mazzini, -que invitara usted á sus amigos á reunirse en su casa. -Bien, vendrán- -repuso Viscontí; -pero han de estar todos ocultos bajo amplios capuchones, y nadie podrá declarar su nombre á nadie por ningún motivo. Y en estas condiciones y ante su amigo, que era sencillamente un espía policíaco, se celebró una Asamblea, en la cual nadie fue reconocido. E CRÓNICA POLÍTICA UDAS Y PRE- Desde que con maD GUNTAS yor ó menor certidumbre se pudo averiguar cuál era el pensamiento inmediato del Gobierno en la cuestión militar pendiente, una complicada multitud de cuestiones acude á la mente de todos los hombres que se preocupan en el asunto. Este se presenta en la siguiente forma: Dado caso de que el Sr. Moret y sus compañeros de Gabinete, después de haber convenido en que se determine con precisión y severidad la sanción penal y el rápido procedimiento tocante á los delitos contra el Ejército y la Patria, cualesquiera que sean la manera y el instrumento de su perpetración, ¿se dejará en absoluto á las Cortes el cuidado de decidir la clase de jurisdicción á que habrán de quedar aquéllos sometidos? ¿De qué modo será dable al Ministerio rehuir la concreta manifestación de su parecer y juicio sobre la materia si en las Cortes se le interroga? Considérase como muy acertada la decisión de llevar á la alta Cámara y someter á su tibia temperatura el candente y delicado tema. También se toma en cuenta la importancia del alto personal dei Ejército que tiene asiento en el Senado; el numeroso contingente de senadores palatinos; las condiciones psicológicas de dicho Cuerpo colegislador para que en él no resulten peligrosos los debates de este orden. Mas, con eso y con todo, las dudas que se experimentan y las pregun tas por ellas inspiradas continúan. ¿Cuál será la actitud de los senadores liberales? ¿Cuál la del Sr. Montero Ríos que tantos amigos tiene entre ellos y que mejor que nadie sabe cuanto hay en el fondo dei asunto que se ventila? ¿Cuál la actitud de los conservadores, quienes con poco refuerzo pueden en aquella Cámara constituir mayoría? Porque, suponiendo que el Sr. Montero Ríos, sosteniendo lo que ha dicho y repetido sobre la ju. rísdicción civil, resista la determinación de someter á la jurisdicción militar los delitos de que se trata, y, suponiendo asimismo que los conservadores respondan al sentido y criterio que, según se dice, aplica á la cuestión el Sr. Maura, la jurisdicción civil prevalecerá. Entonces, si se quiere cumplir aquello que, al decir de la gente, se ha ofrecido al Ejército, habrá que llevar el asunto á otras Cortes; esto es, habrá que ir á la disolución de las actuales. Esta eventualidad se presenta como más probable todavía por el lado del Congreso. Porque, podrá haber duda respecto de la marcha y solución que tendrá la cuestión en el Senado; acerca de lo que habrá de ocurrir en el Congreso, no la hay. La jurisdicción de privilegio y de excepción, no alcanzará á los mencionados delitos por voluntad de la Cámara popular. El conflicto parlamentario sobrevendrá, pues, de todas maneras. Sin embargo, siempre se habrá obtenido la ventaja de aquilatar las doctrinas y de conocer la resolución de las personas. Cabe todavía que se quiera efectuar una marcha de flanco y soslayar la dificultad, declarando qué grupos y qué partidos mantienen la supremacía del poder civil en este orden de relaciones jurídicas; pero también aduciendo que el Ministerio considera que se- trata de una cuestión de Gobierno y que para ello necesita la disposición legal que á las Cortes se demanda, los elementos gubernamentales no se la pueden negar. Mas, como quiera que el Gobierno ha dejado ese punto á la resolución del Parlamento,