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Bien sabido es que los relojes de torre sistema Canseco son los mejores conocidos en todo el mundo que gozan de privilegio de invención en España y en el Extranjero; pero por si acaso aún hay quien dude de la superioridad de los relojes de torre sistema Ganseco, véanse las siguientes CERTIFICACIONES Provincia de Canarias D. José Rodrigues, Alcalde de San Bartolomé de Tirajana. CERTIFICO: Que D. Antonio Canseeo, relojero, de Madrid, colocó en esta Villa un reloj de torre con motores a resortes, 6 sea sin pesas, que funciona desde el 22 de Julio de 1894 hasta la fecha admirablemente, y su campana de aleación acerada se oye á una distancia de 20 kilómetros, hallándose contentos con su funcionamiento este vecindario y satisfecho esto Ayuntamiento. Y para que conste extiendo la presente, etc. -JOSÉ RODRÍGUEZ. Provincia de Granada Alcaldía Constitucional de Albuñuelas. En nombre del Ayuntamiento de mi Presidencia y de este vecindario, te ngo la satisfacción de dar á usted las más expresivas gracias por lo bien que ha cumplido el contrato relativo al reloj de torre instalado en 1895, pues además de las buenas condiciones de la máquina y campanario, las vibraciones de las campanas son tan buenas que se oyen á más distancia de lo que se esperaba. Me complazco en participar á usted el agradecimiento de esta Corporación y vecindario para que le sirva á usted do premio á su buen comportamiento y caballerosidad, que es el premio más hermoso que se le puede dar á un artista qu cumple bien sus contratos. Dios guarde á usted muchos años. -JOAQUÍIV SÍNCHEZ. Sr. D. Antonio Canseco y Escudero. Provincia de Hueiva JD. Diego Garda y Vivas, Secretario del Ayuntamiento de Linares de la Sierra, CERTIFICO. Que el año 1886 se ha colocado un reloj de torre sistema Canseco, y en el tiempo que lleva instalado marcb perfectísimamente, siendo por tanto, del gusto y satisfacción de esta Corporación y de este pueblo. Y para que conste, á petición de D. Antonio Canseco, vecino de Madrid, expido la presente. DIEGO GARCÍA Y VIVAS Provincia de Cuenca D. Marcos Alonso, Jüicalde del Ayuntamiento de Fuente de Pedro Naharro. CERTIFICO: Que este Ayuntamiento contrató con D. Antonio Canseco, domiciliado en Madrid, un reloj de torre de los de su sistema, cuyo reloj fue instalado el año 1888, siendo hasta hoy satisfactorios los resultados que se vienen observando desde su instalación, estando, por tanto, el Ayuntamiento y vecindario completamente satisfecho de su buen resultado. Y para que conste y obre los efectos conducentes, libro y firmo. -MARCOS ALVAREZ. t D. Juan José Salazar, Alcalde del Ayuntamiento de Vellisca. CERTIFICO: Que el reloj de torre colocado por D. Antonio Canseco, el año 1887, ha dado excelentes resultados, y con e cual se hallan sumamente satisfechos los individuos que componen esta Corporación y todos los vecinos de este pueblo. Y para que el expresado Sr. Canseco pueda hacerlo constar donde convenga, y en mérito á la satisfacción de este vecindario, expido la presente, que firmo. -JUAN JOSÉ SALAZAR. (Se continuará) Los pedidos, dirigirse á D. ANTONIO CANSECO, Paseo de las Delicias, 52, Madrid. 55 BIBLIOTECA DE HA B CI ABNEGACIÓN Y AMOR ¿C) s! ón, fuá la de mi antigua amiga Jacobs y ia ae Los dos tenían un aire de misterio. Jacoba fue la que habló: -Venimos, Sr. Onésimo, á comunicarle nuestra 6o ctá v Estamos decididos además á dejar el servicio del conde -Y á contraer los lazos del himeneo- -añadió el Sr. Báti. Continúo ella medio llorando: -La existencia en el castillo se ha hecho imposible para honrados servidores; no puedo ver más tiempo el desorden que allí reina, una verdadera torre de Babel; Festines en la cocina como en el salón, sietemesinos de París que no respetan nada, ni las cacerolas de cobre, y ninguna consideración, ningún respeto al Sr. Báti. -Sí- -dijo Bautista amargamente, -no me tienen el respeto á que soy acreedor. -Siendo así- -continúo Jacoba, -venimos autorizados por el conde á proponerle que nos reciba; la combinación será ventajosa para todos. Comprará usted una vaca, yo la cuidaré y tendremos gallinas y un cerdo. Báti cultivará el jardín, enganchará el caballo y recibirá á los clientes. ¡Nos aburriríamos demasiado sin amo! Acepta usted, ¿no es eso? El Sr. Bautista añadió sentenciosamente: -Es preciso aceptar, señor notario; nos ofrecemos de todo corazón. Usted comprenderá que después de haber tenido el honor de obedecer á un conde no podemos ser servidores de nadie; no nos dará usted sueldo, no seretnos criados, sino cooperadores. Esa cooperación, que todavía dura hoy, ha sido para mí muy útil; un sueldo que pagar habría pesado dema siado sobre mi pobre presupuesto. Jacoba y Bautista se instalaron en mi casa; vivimos en familia; cuando estoy solo comen en mi mesa; Jacoba pone un orden perfecto en la casa, es limo ói Cn stffb una cosa es pródiga: su amor por las cacerolas de cobre la arrastra; mi cocina está tapizada con ellas. Bautista cuida del caballo que utilizo para recorrer Jos pueblos vecinos y cultiva el jardín; pero su ocupación favorita es la de disertar con mis clientes; ha enriquecido su vocabulario con algunas palabras de mi profesión, como hipotecas, pacto de retro, licitación, subrogación; tas emplea vengan ó no al caso y mis pobres clientes n cosas sorprendentes. IVlis dos amigos son felices en n i casa, que es de ellos también; saben que en ella vivirán siempre. Desde hace algún tiempo, sin embargo, Jacoba parece inquieta; el temor de que me case la preocupa; de cuando ¿n cuando me comunica lealmente las proposiciones que le hacen. Un día es el Sr. Gelo, el juez municipal, que ha dicho: -Sra. Jacoba, si pudiera dar una buena dote á mi hija, ya sé lo que le diría á usted. O bien otra vez la Sra. Balard, la rica comercianta, que la ha hecho entrar en su tienda con el pretexto de hacerla ver una pieza de tela, pero en realidad para anunciarle que la Srta. Balard, de vuelta del colegio hace seis meses, bien educada, los ojos siempre pegados á algún libro, y tan buena pianista como Santa Cecilia, se aburría en Varsange y se casaría con gusto. Una dote espléndida, treinta mi! francos, lo necesario para casarse con un militar buen mozo; pero preferiría contraer matrimonio con alguien que viviera en el pueblo. Bautista escuchaba y desaprobaba; profería siempre la misma frase: -No digo que no, Sr. Onésimo, pero toda esa gente no es de nuestra clase. Jacoba afirma que todos los padres, todas las madres, á dos leguas á la redonda, tienen la vista fija en mí; que todas las muchachas me hacen guiños.