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A B C SÁBADO i3 1) E NERO DE 1906. PAG. 9 EDICIÓN qitelados parecían estar contra las pasiones ardientes y las iras desencadenadas por la coraza de la edad. Ha llegado el momento de que s; a tema para un concurso de adivinanzas ó rompecabezas, sí les parece á ustedes más propio, esta piegunta: ¿Cuál es la edad de la pasión? En mis buenos tiempos se hubiera respondido por unanimidad que las pasiones eran cosa de los pollos; hoy pediría la palabra para rectificar el gallo de la Pasión, porque hay gallos apasionadísimos, y quizá no faltase quien, al escuchar en estas pasadas fiestas de Pascuas y Reyes por despensas, patios y guardillas, los nocturnos quiqttiriquts de las aves cautivas, hiciese notar qu también los capones de Bayona cariño, no en el mozo impulsivo é ineducado que calza alpargata, sino en el hombre maduro que viste la toga. ¿Qué va á pasar aquí? ¿Tendremos que apresurarnos á poner de texto en las escuelas las famosas aleluyas de so, limpio, Heno de. libros: era el despacno en que trabaja un preclaro orador republicano; un querido maestro, Leopoldo Alas, había puesto en él sus esperanzas; nosotros nos honramos desde hace tiempo con su amistad; en la vetusta y lejana ciudad- -que nosotros no podemos recordar sin una íntima, agridulce El mundo al revés? ¿Pero qué han de hacer los pobres mortales añoranza- -nosotros hemos paseado co- n él si mamá naturaleza les da el pernicioso ejemplo? entre los viejos árboles de un viejo paseo; en él Vean ustedes lo que acaba de suceder en la Parlamento, nosotros hemos escuchado siemnevada región de Suiza. En el país de las nie- pre, con el interés más profundo, esta palabra ves perpetuas se ha desencadenado una terrible fluida, clara, límpida, elegante, flexible. Ahora tormenta y ha subido la temperatura veinte aquí en esta estancia, mientras aguardamos un momento, nuestra mirada de bibliófilos invetegrados de golpe. Estoy viendo á los graves y sesudos homes rados pasea sobre los lomos de estos libros de de la Conferencia de Algeciras suop. nder la que están reoletos los estantes: los amarillos V í 1 tísí 3i K 1 j -i 1 i DESPUÉS DE T 1 J M T (EL MCTA. S. M. la J etna doña Cristina, su hermano el archiduque Federico y el príncipe Luis Teman- do de Baviera, padre del novio, saliendo á la galería después de firmar el acta del matrimonio en el salón de Tapices. iot. Muñoz uaen tienen su corazoncito. Y si del símbolo de los avechuchos pasamos á la vida real de las personas, ahí tenemos á los ancianos respetabilísimos tomando las cosas por donde queman y tratando de dirimir sus diferencias en la misma forma campestre que el Trovador puso de moda: ¡Al campo, don Ñuño, voy! Y lo que ocurre respecto de la susceptibilidad, vivacidad, irascibilidad y acometividad en la ancianidad, sucede en los demás órdenes ó en los demás desórdenes, para hablar más propiamente. Locuras de amor á los cincuenta y taníos años, galanteos que renacen á veinte años fecha; el puñal y e! revólver, como pruebas de sesión para jugar un marro, y preveo que en las futuras representaciones de Don Juan Tenorio, la famosa escena del sofá, habrá de declamarse por Brígida y el Comendador. Y á propósito de la Conferencia, dicen que viene á complicarla la cuestión azucarera y esto me alarma. ¡Según la frase deArrieta, hay muchas cosas que con azúcar están peor! CARLOS LUIS DE CUENCA Toca á su término nuestra labor. Ayer nos hemos visto en un despacho silencio- UN DIPUTADO C ON REPUBL 1 CANO PEQUEÑAS CONFERENCIAS de Charpentier, los rojos de Stock, los grises de Alean... El ilustre orador ha aparecido de pronto en él umbral de una puerta; le hemos visto avanzar rápido, sonriente y afable, hacia nosotros, y hemos estrechado su mano efusivamente. -Conocerá usted- -le hemos dicho- -las breves conferencias que vengo celebrando estos días sobre la cuestión de actualidad; yo desearía poder ofrecer en una concisa síntesis el criterio de usted. -Mi criterio- -nos ha contestado el insigne orador- -es muy breve y muy sencillo. Yo amo al Ejército; yo creo que es una de las instituciones fundamentales de la Patria. Es preciso, á toda costa, por medio de una labor perseve-