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B C. V I E R N E S 12 D E E N E R O D E 1906. PAG, n E D I C I Ó N i. g etc. que no en París, entregado en cuerpo y alma por aquel entonces á la adoración de Rossini y Meyerbeer. Pero la justicia siempre triunfa y hay en Francia hace algunos años una reacción plausible en favor de Ja obra de Berlioz, uno de Jos músicos más grandes, más originales y más dignos de estudio que han tenido nuestros vecinos en! a primera mitad del pasado siglo. Gustó siempre de las concepciones amplías, de escribir para orquestas enormes y masas corales fabulosas: en el Juicio final de su misa de Réquiem emplea cinco orquestas y ocho pares de timbales para acompañar el Tuba inirum; La Apoteosis de la Sinfonía fúnebre y triunfal fue ejecutada por dos mil músicos, y no es raro en él poner acotaciones como la que hay en La damnation de Vaust, indicando que deberán cantar la Apoteosis de Margarita doscientas ó trescientas voces de niños. ¿Gustará á nuestro públieo la obra que nos ofrece la empresa del teatro Real? Pronto se despejará esta incógnita; ¡pero... aplaude tanto Bohemia y otras cosas por el estilo! ENRIQUE MAUVARS PEQUEÑAS CONFERENCIAS f U N EXM 1- Nuestra conferencia de NJSTRO ayer fue muy sencilla. Si tenéis alguna experiencia de la vida; si habéis dado tumbos por el mundo; si habéis paseado vuestra mirada observadora por todos los medios sociales; si habéis frecuentado los salones, los grandes balnearios, los ministerios, las asambleas parlamentarias; si habéis tratado, en suma, gentes y más gentes, os habréis percatado de que hay una cosa rara, inapreciable, en el comercio humano: la simplicidad; y de que existen unos hombres contadísimos, que sólo por milagroso y feliz azar tropezamos de tarde en tarde: los hombres sencillos... Ayer nos tocó á nosotros, modestos periodistas, visitar á un insigne exministro; este exninistro ha pasado por los dos ministerios nás importantes de un país- -el de Gobernación y el de Hacienda; -ha gozado de la plena y más íntima confianza de un eminente político: el Sr. Vülaverde; posee una de las palabras más fluidas, sobrias y transparentes de nuestro Parlamento; le es reconocida, en fin, una alta autoridad en las difíciles materias de la Hacienda. Y con todo esto, nosotros mirábamos y remirábamos la diminuta antesala en que nos encontrábamos, y veíamos un cuarto chiquito, sobrio, desnudo, propio de un estudiante. Muy breves momentos aguardamos en él; una puerta se abrió de pronto y nosotros vimos aparecer al insigne político á quien queríamos interrogar. Nos levantamos; nos indicó eortésmente el ilustre exministro que pasáramos, y nos vimos en otra reducida, angosta estancia, tapizada por una modesta alfombra, con muebles sencillos, prosaicos, sin autógrafos, ni planchas de plata ni batómetros en las paredes. El insigne político se sentó ante la mesa de trabajo; sobre ella reposaban el ancho y cristalino bloque de un tintero y un reloj negro de bolsillo. Nos dispusimos á entrar en materia. ca; no asisto á tertulias ni reuniones; pero tengo mi criterio sobre el asunto y voy á exponérselo á usted en cuatro palabras. Ante todo, sería absurdo hablar en este caso de la supremacía del Poder civil. No se trata de eso. No se trata de crear ó resucitar jurisdicciones especiales. Se trata de abolir un estado de excepción. Existe en nuestro país un Código de justicia militar; este Código ha sido dictaminado, votado y sancionado por unas Cortes liberales; en uno de los artículos de este Código se establece una penalidad para los que por cualquier medio -así creo que dice el artículo- -ataquen al Ejército. Y bien: tiempo después de promulgado este Código, una ley especial exceptuó del artículo citado los ataques de la Prensa. Los militares piden ahora la anulación de esta ley y el restablecimiento del artículo. ¿Es esto crear una jurisdicción especial? N o esto es equiparar á todos los ciudadanos españoles ante el precepto de un Código. Un transeúnte injuria á un regimiento que pasa por la calle; á este transeúnte se le aplica el Código militar; yo, particular, envío un memorial á una autoridad de la milicia y lo hago en términos ofensivos para ella; á mí se me aplica también inexorablemente el Código. Pero usted ó yo, escribimos y publicamos un artículo en que se veja ó injuria al Ejército, y ni usted ni yo caemos bajo la penalidad que coge y castiga al transeúnte que ha injuriado al regimiento que pasa ó al que ha dirigido un memorial de injurias. ¿Está esto claro? Hablaba el ilustre parlamentario con una gran vehemencia, con una admirable precisión de concepto, de frase. Nosotros le escuchábamos con un respetuoso silencio. Y el insigne político ha continuado: -Este es mi punto de vista; este es mi criterio. En un Estado no existen ni militares ni paisanos; no existen más que ciudadanos. Y estos ciudadanos han de ser iguales ante la ley. Y esta igualdad es la que yo apruebo, es la que reclaman los militares al pedir el restablecimiento de un artículo que se hizo sin restricciones, sin excepciones, sin especialidades, sin distingos, y que fue conocido, estudiado, aprobado y sancionado por unas Cortes de la nación y Cortes liberales. Y este es, en sus exactas proporciones, el problema que se halla en pie. ¿Se resolverá en el Parlamento? ¿Lo abordará el Gabinete antes de que el Parlamento reanude sus tareas? Nada sería más improcedente, más desacertado. El problema es de una trascendencia incalculable; el Sr. Moret es, ante todo, un político parlamentario. Y el señor Moret no cumpliría ni con su historia, ni con sus tendencias, ni con el concepto que de éi tenemos todos, si el Sr. Moret pretendiese resolver este asunto á espaldas del Parlamento y no en plena Cámara y á la luz de toda discusión. de estudiante en que tracaja un hombre d una gran rectitud y de una sobria, transparente palabra. AZORIN CET 1 RIMAD G ACOPLASL L A VIERNES A DEL NOTICIAS Y ANUNCIOS Un golfo de los de espuerta y uniforme pintoresco, que papeles inservibles va recogiendo del suelo se encontró ayer en la calle el programa del Gobierno. Se ha estrenado ferdad, de doña Emilia, y gustó de verdad... á su familia. Está haciendo una ley García Prieto y lu que dice él: ¡Menudo aprieto! En breve se va á abrir en Algeciras un comercio de pieles hechas tiras. Se cede un elegante gabinete: Segismundo Moret, cuarenta y siete. Se ha perdido la Have del Congreso. Si el quince no hay sesión será por eso. Ha bajado la leche Mi opinión es que echarán más agua al almidón. ¡Ya hay cervezaN Que sea enhorabuena. ¡Venga un bock de dorad? ó de morena! Hacen falta escolares, comision. es que logren otras nuevas vacaciones. Pantalón de montar en bicicleta se vende para bailes de etiqueta. Duchas frías para hombres cincuentones que padezcan de eróticas pasiones. Aviso á los que tengan gusto ruin: Se ceden dos butacas en Martín, Figuritas de puríMantasia: Nicolás Salmerón y Compañía. Máquina de escribir, sobresaliente: Preguntad por Jacinto BenaVente. Lenguas vivas de rápidos registros: Hablan antes de tiempo los ministros. Crema especial. Su objeto es suavizar: Precios de la Farmacia Militar. Se asegura la vida y se asegura que nunca vendrá aquí la dictadura. Luis DE TAPIA p O R INCENDIARIO. Manuel de Gra cia, exinspector de policía, deseaba venSe ha detenido un instante el ilustre exmi- garse de María Sambade, con la que durante mucho tiempo había sostenido amorosas nistro. -Al Parlamento- -ha continuado luego- -relaciones, y deseaba vengarse de un modo debe, pues, ir este asunto; y en el Parlamento feroz, terrible, como correspondía á la enordebe ser solucionado. Allí se discutirá amplia- me falta que ella cometió negándose á vivir mente; allí trazarán su línea de conducta con con él maritalmente. claridad los dos jefes de las grandes agrupaY sin duda pensó en utilizar para ello un ciones políticas del país- -la libera y la conser- arma blanca, pero le pareció vulgar; Ja pistola vadora; -á ellos toca tomar la iniciativa y re- ó el revólver hacían desaparecer la impunidad solver, y sobre ellos, en cualquier caso, caerán del delito ó la comprometían gravemente por las responsabilidades consiguientes. La política lo menos; la muerte por estrangulación tenía no es un arte doctrinario, de abstracciones; es este mismo inconveniente; el veneno presentaun arte de realidades y contingencias vivas. La ba no pocas dificultades... ¿Qué hacer, pues? -Yo desearía- -dijimos- -que usted tuviera realidad, y no ¡a abstracción del libro y de la Gracia hallábase perplejo y á punto de abando la bondad de exponernos en dos palabras su doctrina, es lo que impone su norma- al gober- nar sus tremendos proyectos de venganza, criterio sobre el asunto que estos días apasio- nante. Vayamos á las Cortes; el país nos ha cuando se le ocurrió otro procedimiento para enviado á ellas como sus representantes; discu- quitar á la ingrata la vida; el fuego. Y como na los ánimos. Hubo un momento de silencio; observamos tamos en ellas; contrastemos la realidad, y lo pensó supónese que lo llevó á la práctica, a nuestro visitado, sencillamente vestido, sin veamos, en fin de cuentas, qué es lo que esta pues una noche, la del y de Mayo del año último, comenzaron á arder las tres puertas de la joya alguna en su corbata, sin cadena, ni di- realidad nos impone y exige... ges, ni llamativos gemelos en sus nítidos puños. No era preciso saber más; nos hemos pues- casa donde María Sambade vivía con sus hi- -Vivo- -nos ha dicho al cabo el insigne ex- to en pie y hemos abandonado, después de una jos, y de no haber acudido algunos vecinos y ministro- -vivo alejado estos días de la políti- afectuosa despedida, este diminuto despacho el sereno con gran oportunidad, de creer es