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A B C VIERNES 12 DE ENERO DE 1906. PAG. 9 EDICIÓN 1- a i 1 CONMEMORACIÓN DE LA BATALLA DE SENDLING (S A Y I E R A) EN I jo 5. LAS BANDERAS SALUDANDO EN EL MOMENTO DE COLOCARSE LA PRIMERA PIEDRA DEL MONUMENTO QUb VA Á ERIGIRSE EN HONOR DE LAS VÍCTIMAS l- ot Hutin Trampus dieciocho años después La damnalion de Faust, que dentro de pocos días va á ponerse en esceoa en el teatro Real. Hay que advertir, sin embargo, que no pensó Berlioz escribir una ópera temeroso de las dificultades que siempre encontró para que le abneran sus puertas los grandes teatros de París y, por ta! motivo, la llamó solamente leyenda dramática, en cuatro partes. La adaptación que vamos á escuchar en breve la ha íjecho Raúl Gunzbourg. Antes de componer las Ocho escenas de Fauslo ya se había distinguido Berlioz, aunque sólo contaba veinticinco años, escribiendo obras de verdadero empeño, tales como La muerte áe Orfeo, monologo y bacanal, para grande orquesta; la gran overtura de Waverley y la de los Francs- Juges, para no citar más que las importantes, algunas de las cuales gustaron extraordinariamente y llamaron la atención púb ica obre el joven maestro. P 01 cierto que cuando presentó La muerte de Orfeo para optar al concurso de Roma, los jueces la rechazaron reputándola imposible de ejecutar, por lo que Berlioz se apresuró á desmentir ese dictamen haciendo que se tocara en ttn concierto que dio en la Escuela Real de Música. Una vez impresas las Ocho escenas de Fausto, se las mandó á Goethe con una carta llena de entusiasmo respetuoso; éste, que no sabía de música, regó á su amigo Zelter que Je informase acerca del mérito de las tales escenas, pero, por desgracia, á Zelter le parecieron disparatadas, ó poco menos, puesto que escribió á Goethe que el olor á azufre que Mefistófeles despide, se le ha metido á Berlioz por las na- MATA- HAkY, LA BAILADORA DE LAS DANZAS SAGRADAS DE LA INDIA, QUE ACTUALMENTE SE EXHIBE EN LA CENTRAL KURSAAL DE MADRID rices, y esto le obliga á hacer que estornudenv tosan y estallen todos los instrumentos de la orquesta. Resultado de esta opinión fue que Goethe no contestó á la efusiva carta de Berlioz. Otro músico famoso, contemporáneo suyo, Rossini, decía de él: iQué suerte que no sepa música! ¡Qué mala sería la que hiciera! Se ve por lo que antecede, que no fue el autoi de La damnahon de Faust de los que triunfaron á la primera batalla. Por el contrario, tuvo que luchar con todo el ímpetu- de que era capaz y, aun así, antes reconocieron su valer y la excelencia de su arte en Alemania, en Austria, Inglaterra y Rusia, que en su propia patria. En Viena, cuando regresaba del viaje tríun- fa! que hizo á Praga y á pesth, en donde por primera vez tocó ¡a celebre Marcha húngara ó Marcha de J akoczy, comenzó el arreglo de La damnahon, que estrenó el 6 de Diciembre de i 846 en un concierto organizado en el teatro de la Opera Cómica, de París. Por varios motivos, no pudo contar con cantantes de nota que dieran relieve á la obra, y el público la acogió con la mayor indiferencia, á pesar de los esfuerzos que la Prensa hizo para procurarle un éxito. Después de este nuevo desengaño volvió Berlioz á emprender sus peregrinaciones pot el extranjero, y La damnafíon de Tausi triunfó por completo en San Petersburgo, en Berlín, en Londres y en Viena. Era natural, sin embargo, que comprendieran mejor la música de este compositor en países donde el gusto estaba educado gracias á la labor de Juan Sebastián Bach, Haydn, Mozart, Weber, Beethoven, Schubert, Schumann,