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ABC. JUEVES 11 DE ENERO DE 190 b. PAG 7. EDICIÓN 1. El mayor enemigo de Francia no podía d a r mejor consejo que obligar á la vecina República á que hiciera en Marruecos lo mismo que en Túnez, haciéndose responsable de su gestión ante los demás pueblos. X A PARTE M A S DIFÍCIL Si no se DEL ASUNTO obliga al Sultán á la conservación del orden en el Imperio, éste no hará nada, y no porque no quiera, sino porque no puede; si se le obliga, en el acto de enterarse los marroquíes dejará de ser Sultán y el país se declarará en anarquía; cada región tendrá su Roghi correspondiente, no habrá con quién tratar y se impondrá ¡a intervención armada. ¿Quién se va á encargar de ello? Senecesitaríantres ejércitos poderosos ycostosos preparativos rabiamente pensados, porque no hay caminos, ni puentes, ni elementos de subsistencia para sostenerse á costa del país; porque es seguro que sus habitantes ocultarán en silos los granos, que destruirán los ganados, y que sólo se vería al enemigo en condiciones muy ventajosas para éste. Es preciso recordar que estos pueblos no han sido conquistados ni por los cartagineses, ni p o r los romanos, ni por los barbaros, ni por los árabes; han sido sus aliados: no otra cosa. En dos horas he visto levantarse un pueblo sin dejar nada que valiera cinco céntimos, para huir de las tropas del Sultán que le perseguían. Para dominar el país, son necesarios muchos hombres y mucho dinero. ¿Vale JVUuuecos este sacrificio? Ese es el problema. Por eso no creo que nadie haga cuestión de Gabinete lo que se ha de tratar en Algeciras, como no sea un pretexto para resolver cuestiones no olvidadas y que vuelven a revivir por modernas necesidades. X i O Q U E CONVIENE N o perder un A ESPAÑA ápice de los derechos adquiridos. Definir ó ratificar bien los que tiene o debe tener en los territorios próximos á sus plazas fuertes. Entrar en posesión de M a r Peaueña ó Santa Cruz de Agudir. N o ceder, bajo pretexto alguno en cuanto álos privilegios que- disfrutan nuestros colonos, ni someterse á contribuciones ó impuestos, vengan disfrazados en una ú otra forma. N o abandonar el derecho de que nuestros compatriotas sean presos y juzgados sólo por españoles. Inscribir como españoles á los indígenas que demuestren su origen peninsular y que lo s o s liciten. Todos ¡os hebreos, ó el mayor número, son de origen español y allí están como emi grados, Y- -esto es lo principa! -en caso de discordia, observar la más completa neutralidad yr procurar que no se rompan las buenas relacic 1 nes que con todos tenemos. Con Alemania, ni podemos ni debemos romper, por muchas razones; con Francia sostenemos tantas relaciones y compromisos, que sería una locura; y de la Gran Bretaña, hay que recordar el consejo de nuestros padres y abuelos: Con todo el mundo en guerra, y paz con Inglaterra. pero no para la transformación del Mogreb. Hace muchos años, y en momentos bien difíciles, se presentó á Bismark una comisión de comerciantes alemanes que temían el reparto de aquel territorio. -Estén ustedes tranquilos- -les dijo ei Canciller de hierro; -la cuestión de Marruecos sólo se puede resolver en las orillas del Rhin ó tal vez en los Balkanes. Verdad que el tiempo no ha de desmentir. X f U E C E S J D A D E S D E- La cuestión de RECHOS Y ASPI- Marruecos en su RACIONES aspecto político, es la cuestión del Estrecho de Gibraitar, y ésta es la del Mediterráneo. Un pueblo fuerte, Inglaterra, poseyendo el canal de Suez, Gibraltar y Ceuta, sería dueño absoluto del mar latino. Inglaterra podrá tener ese sueño, pero no aspira á él; quiere que nadie la impida su navegación; quiere y necesita tener en ese mar puntos de sostén para su comercio, muy amenazado hoy por el alemán, que produce artículos similares á su producción, no tan buenos, pero mucho más baratos; y en cuanto á Marruecos, tiene derecho, necesita y quiere no perder ese mercado, del que en tiempo no remoto alcanzó la exclusiva. Además, aspira á que ningún otro, aparte de los ya establecidos, asiente sus reales en aquel país. Alemania desea á toda costa tener un puerto ó una estación carbonera en el noroeste africano; ha hecho grandes esfuerzos para introducir en Marruecos su comercio, y tiene derecho á conservarlo. Concediendo ciertas prerrogativas á otro pueblo comercial é industrial, se le hiere en el corazón, y no lo consentirá sin arrostrar el todo por el todo. La visita del Ka ser y la oposición á que la policía sea francesa, no obedece á otra cosa. Se trata de una cuestión de estómago: la más vital para la vida de los hombres y de los pueblos. Francia es otra cosa. Aparte de necesitar y querer para su comercio io que Inglaterra y Alemania, tiene derechos innegables y aspiraciones más discutibles y más ó menos convenientes para ella misma, como voy á demostrar. Francia tiene indiscutible derecho y necesidad imprescindible de rectificar y definir sus fronteras argelinas; debe procurarse una salida, si es posible, por el Atlántico, y lo indispensable para establecer un contacto entre sus colonias del Norte y las del África central; tiene derecho á exigir del Sultán la pacificación de los territorios fronterizos, refugio de todos los bandidos, que hacen imposible la vida de su colonia, y en todo caso á la venia de todos los pueblos para hacerse justicia. Tiene Francia legítimo derecho, como todos los pueblos, á exigir que sus comerciantes é industriales encuentren facilidades en el interior de Marruecos; pero á nada más. Otra chos adquiridos tan legítimamente, que son la base cosa: el sueño de algunos franceses, á cuya cade los que disfrutan allí los extranjeros. beza está M r Etienne, el de formar con Túnez, En virtud de estos derechos tenemos liber- Argelia y Marruecos un Imperio colonial, es tad de cultos, de industria y de comercio. No ambición que á la misma Francia no conviene. pagamos contribuciones ni tributos, y no podeY esta no es mi opinión: es la de todos mos ser juzgados sino con arreglo á nuestras aquellos franceses que, no teniendo intereses en propias leyes y por nuestras autoridades. Estos Argelia, conocen bien la cuestión. Muchos años derechos los tienen todos los ciudadanos de los lleva esta colonia en poder de Francia, sin que pueblos que asistieron á la Conferencia de haya conseguido dominarla del todo, y eso Madrid. España- los disfruta de tiempo an- que el país estaba poblado por poco más de tiguo. un millón de habitantes; Marruecos tiene diez No solamente disfrutan en Marruecos los veces más; Argelia es, en genera) plana y no extranjeros esos privilegios, sino otros muchos tiene ríos difíciles de cruzar; Marruecos es que no es presumible que ninguno se deje arre- montañoso y está atravesado por ríos traidobatar en provecho de cualquier otra nación, y res; en Argelia, salvo los tuaregs y otros á por eso debemos tener nosotros relativa tran- quienes ios franceses no han conquistado aún, quilidad. Un diplomático que sepa serlo, puede los indígenas son de carácter blando y dóciles; en Marruecos los bereberes son inabordables; sacar de esto gran partido. En A! g: ciras no se resolverá la cuestión de entre lo que Francia ha gastado en Argelia y Matruecoi, tengo ese presentimiento; podrá lo que esta colonia ha producido, hay una diser Algecíras el punto de partida, el pretexto, ferencia de tres mil quinientos MILLONES de franmejor dicho, para una conflagración europea, cos en contra de la Metrópoli. dos nuestros Gobiernos en tiempos de Isabel II, lo mismo en el período revolucionario que en el reinado de Alfonso XII y en la Regencia. Testigo el que esto escribe de gran parte de lo acontecido en el último período, ni puede recordar ni recuerda ahora muchos hechos y actos que el día que se conozcan darán gloria á Cánovas del Castillo, á Sagasta, á Castelar, á Martínez Campos, al duque de Tetuán, zntve los que fueron, y entre los que por di: ha se encuentran entre nosotros, al marqués de la Vega de Armijo y á Moret, de quien, sin que me ciegue el afecto, puedo decir que con Cánovas rivalizó en ¡os más delicados trabajos. Lazo de unión de aquella finísima labor fue la augusta madre de Alfonso XI 11. Con tanta prudencia como discreción, sin olvidar sus deberes constitucionales, dirigió y encauzó la marcha que había de seguirse. ¡Lástima grande es que respetables deberes no dejen correr mi pluma para describir cuántos cuidados, cuántas amarguras costó á la Regente sostener el equilibrio ante grandes intereses encontrados que se agitaban en el Extranjero para el reparto de Marruecos! María Cristina, inspirándose en nobilísimos pensamientos y con la cooperación de los primates de los partidos políticos, logró evitar todo género de complicaciones y retardar lo que parece próximo: la disolución de Marruecos. X 1 OS DERECHOS La catástrofe de 1898 D E ESPAÑA tenía que producirnos iaños irreparables, y en política internacional no hay sentimentalismos; por eso se ven unidos Repúblicas avanzadas con Imperios autocráticos, y adversarios mortales, monarcas de la misma familia. En los juegos de esta política son triunfos oros y espadas, únicas cartas de que no disponemos, y pedir que nuestros diplomáticos hagan milagros, es soñar. Yo creo que el pueblo supone esto por instinto, y que á ello se debe su indiferencia; pero sin ser optimista, creo que no debemos abatirnos y que, aparte de otros elementos, contamos con esa misma debilidad, que, si se sabe sacar partido de ella, es una fuerza de tanto poder como cualquier otra. Querer es poder, y el recuerdo del Gran Ducado de Brandemburgo, hoy Imperio alemán, y el Piamonte, hoy Italia, sen ejemplos en que debemos inspirarnos. ¿Cuáles son esos elementos con que contamos? Con la ambición de los poderosos, que por dicha no marchan unidos; con nuestra situación geográfica, que es factor importantísimo; con nuestra colonia única, que puede implantarse en aquel país para desarrollar cualquier plan; con nuestro idioma, que tienen que aprender allí los extranjeros; con los trabajos realizados por España y por los españoles en todas las poblaciones de la costa, y con nuestros dere- L FFLIPE OV 1 LO. LOS BAILES DE PALACIO I os bailes en el Regio alcázar de M a drid comenzaron en cuanto llegó á la mayor edad la reina doña Isabel I I y, alcanzaron su mayor esplendor cuando es- tabareci encasada la joven Soberana. Hubo