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A B C MIÉRCOLES 10 DE ENERO Ut, 1906. PAU RDICIÜN LA ACTUALIDAD INTERNACIONAL AHORA, AiNJufc DE ENTRAR EN LA ESCUELA, TODO SE REDUCE A P! NA PEDREA DE ARCO IRIS. YA VEREMOS LO QUE SE TIRAN A LA SALIDA TRIBUNALES C L PRIMER Se reunió ayer tarde en la JURADO Sección primera para, juzgar á una mujer á quien el fiscal acusa de homicidio. Ocurrió el hecho de autos en la calle de Fernando el Católico, y realmente ni agresora ni agredida pudieron suponer que tuviera aquél las fatales consecuencias que tuvo. Porque es el caso que el día 13 de Abril de 1904 riñeron donde queda indicado Modesta Fernández Ramos y Filomena Castaño, y después de insultarse mutuamente y aun de causarse algunos arañazos, dio Modesta á Filomena un golpe en la frente con una piedra que llevaba en z bolsillo del delantal. La herida carecía de importancia, pues ni produjo hemorragia ni presentó en los primeros momentos síntomas alarmantes; pero algún tiempo después deter. minó una erisipela, de la cual falleció la desdichada Filomena. ¿Hubo negligencia ó descuido por parte de ésta en lo que á la curación de la herida se refiere? ¿Fue realmente la erisipela originada por la infección de aquélla ó se hallaba ya cicatrizada, y por consecuencia nada tuvo que ver la enfermedad posterior? Los médicos no resolvieron ayer de un modo terminante estas cuestiones, pero se inclinan á creer que dehaber sido atendida y curada Filomena con la rapidez y la escrupulosidad que toda lesión demanda, no hubiera sobrevenido la enfermedad ni, por lo tanto, la muerte. El representante de la ley, que calificaba el necho de homicidio simple sin circunstancias modificativas, apreció ayer, una vez terminada la prueba, la atenuante de falta de intención de causar un mal tan grave é informó sosteniendo estas conclusiones. El defensor de Modesta sostuvo que su patrocinada era únicamente responsable de una falta, y que por ésta procedía absolverla del delito que se la imputa, y remitir los autos al Juzgado municipal correspondiente. Esta tarde hará el resumen el Sr. Enjuto, y el Jurado emitirá su veredicto. X ESIONES Y Dos procesados ocuparon DISPAROS ayer el banquillo en la Sección cuarta: Marcelino Ramos y Esteban Lorenzo. El primero dio un estacazo al segundo para poner fin á una acalorada discusión que ambos sostenían en la plaza del pueblo de Ce- nicientos, y Esteoan, que no quiso guardarse el garrotazo, sacó una pistola y disparó, ¿contra su enemigo? No, señor. Contra Valeriana Alonso, madre de Marcelino. Afortunadamente, el disparo no hirió á nadie; pero el autor, fue detenido y, como su contrario, procesado. Y ayer se celebró la vista de la causa ante el Tribunal que preside el ilustre magistrado señor Fernández Loaysa. El fiscal pidió para Marcelino Ramos dos meses y un día de arresto mayor, y para Esteban dos años, once meses y once días de prisión correccional, considerándoles autores de un delito de lesiones y de otro de disparo, respectivamente. Al juicio acudió medio p eblo. X EPARACIÓN Ó CON- En la Sala de SERVACION? lo Contencioso vióse ayer en apelación una sentencia del Tribunal provincial, que decidió un pleito que sostenían dos molineros acerca de si las obras que hizo uno de ellos en la presa del molino eran de conservación ó de reparación. El Sr. Alvarez (D. Melquíades) á nombre del apelado, sostenía que eran de reparación, y que por consecuencia debía satisfacer las licencias y gastos que el dueño del molino no satisfizo oportunamente. El Sr. Dato afirmó en su inrorme que tas obras eran de conservación y que nada debía pagar el que las hizo. El fiscal se adhirió á la apelación. R UN PASANTE LOS ESTRENOS Ü N EL ESPAÑOL. Verdad, drama en cuatro actos, de doña Emilia Pardo Bazán El oríginalisimo y extravagante Edgai JPoe, tiene entre sus cuentos uno tan interesante como humano, que recordaréis fácilmente: un individuo comete un crimen, pero la habilidad que pone en su ejecución y el cuidado con que procura borrar toda huella, le aseguran su impunidad; sin embargo, al poco tiempo este hombre siente una viva comezón, un mal contenido deseo de contarle á las gentes su obra maestra, su hazaña, y no pudiendo resistir tan inquietante angustia, se delata espontáneamen- L te como autor del crimen, asunto parecido tiata Richepin en un primoroso cuento. Este caso abunda en la vida; las inquietas conciencias prefieren el castigo de los hombres al remordimiento, á la incertidumbre. Doña Emilia nos presenta, aunque en otro ambiente y condición social, un ejemplo. Martín, señor de Trava, solar hidalgo de Galicia, es un joven provinciano, tan ingenuo como inocente en lides amorosas. Irene, esposa de un diplomático, gusta de las aventuras galantes y tiene, como suele decirse, un capricho por el joven Martín, que amoroso la aguarda una noche en su casa solariega. Irene, para despistar á los curiosos, se hace acompañar hasta las inmediaciones del pazo, por un galanteador suyo, el conde de Porta- Alegre. Martín, lejos de entregarse á las dulces expansiones con quien le ofrece tan generosos momentos, muéstrase celoso, indagador, mo lesio, hasta exasperar á su amante. Martín, excitado, al sujetarla la ahoga inconscientemente. Santiago, un servidor leal, dándose cuenta de la magnitud del suceso, obliga á huir á su señorito, raudo por el esoanto aún; recoge el cadáver, lo quema v ari- las cenizas al río para que no quede ni rastro del crimen. Por si esto fuera poco, encierra á su madre, por si pudo ser testigo del drama, y la secuestra hasta que la anciana muere víctima de la bru (al tiranía de su hijo. Como ven ustedes, no se puede hacer más por servir bien á su señorito ¡Mejores informes... imposible! F asan seií años y Martín vuelve de su voluntario destierro á la casa del crimen, á su casa solar; pero no vuelve solo, vuelve con su esposa, con Anita, hermana de Irene, á quien recuerda por ser de exacto parecido. Los remordimientos de Martín no le han impedido contraer matrimonio, como se ve, ni regresar á un sitió de tan fatales recuerdos; dos cosas no muy lógicas que digamos. Martín, ante la presencia de un bandido, de un cri miiial vulgar, que accidentalmente pasa en conducción por el pazo, siente viva simpatía, un calor generoso de considerarle como hermano, sin poner mientes en lo repugnante y monstruoso de quien hace profesión de sus instintos sanguinarios. ¿Cómo estimarle su igual? ¿Por qué tenderle su mano? Quien involuntariamente realizó un crimen, no puede ser confundido en ningún momento, ni aun en la expiación, con un merodeador de caminos. ¡Martin saborea por momentos la embriaga- z de la verdad que le asoma á los labios, deseos de revelárselo todo á Anita, que constantemente se duele de lo que juzga desvío y es remordimiento. Por boca del propio PortaAlegre, que tnmbién á los seis años justos siente ganas de contar lo que ocurrió en aquella noche funesta- -y lo sabe porque siguió á Irene sus pasos- -conoce Anita su tremenda desgracia. Alartín, cada vez más acicatado por su noble empeño, se obstina en delatarse á la jus ticia; pero Santiago, el criado adicto de marras, impide este propósito, esta infamante mancha, pegándole un tiro á su amo. ¡Como se ve no le falla uno! Y acaba el drama, sombrío, cruel, crudísimo. Hay en la obra escenas que acusan un buen nervio dramático, caracteres como el de Irene y Anita admirablemente vistos, y aun la misma idea eje de la obra, el generoso sacrificio del protagonista, en exaltación creciente hacia la luz y el reposo de su conciencia, es muy estimable y redentora; pero el ambiente pesa, las figuras del criado y el bandido son repugnantes y, sin duda por eso el público rechazó 1 obra con poco corteses demostraciones, tratándose de escritora tan ilust. e como lo es doña Emilia Pardo Bazán. María Guerrero trabajó denodadamente por el éxito, con todas sus espléndidas facultades, y tuvo al final de la obra un clamoroso triunfo personal.