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B ¿ANO CUATRO. NÚM. 36 4 CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. SJMADRID, JO DE ENERO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS. CRÓNICA POLÍTICA 1 EGRESIÓN. Las no usuales consideraciones guardad- s al relator del Triounal Supremo, Sr. Rojas, autor del atentado de que es víctima el joven señor Casaus; la inusitada reserva en que se trató de envolver este hecho; algunas in- ¿sólitas oficiosidades que han subrayado todo ello, han dado al escepticismo ambiente ocasión de prejuicios pesimistas. La enfermedad moral más grave que padece nuestro pueblo, se ve así favorecida por las circunstancias. Porque, entre nosotros, en lo único que se cree ya es en el espíritu de clase. Examinemos someramente el fenómeno. E? te viene siempre con la decadencia. Cuando sentimientos más elevados y más amplios decaen, y los movimientos alttuistas del ánimo escasean, el egoísmo busca con mayor ahinco en la solidaridad de dase, en más estrechos círculos, un auxilio contra su aislamiento. De ahí esa contracción de afectos que se produce. La onda de amor que se desarrolla en círculos concéntricos, se extingue á poca distancia del individuo de. cuyo corazón arianca. No alcanza ya hasta la Patria grande, hasta la patria nacional, y se queda en la patria chica, en la región, en el Municipio. Sólo ese patriotismo pequeño se siente de veras; no hay energía de sentimiento para el otro que se emplea como palabra hueca, en cuya cavidad se puede meter muchas conveniencias bastardas. No llega hasta la justicia, como ideal de las relaciones sociales y á cuya augusta sombra todo buen ciudadano puede vivir tranquilo, y se reduce á las ventajas que para sí, y á lo sumo para la colectividad á que pertenece, pueden proporcionar el influjo y la fuerza de su posición en el Estado. No toca al bien general, que es al cabo su más alto y propio bien, sino que se detiene en aquellos intereses parciales que derechamente le afectan. Y cuando semejante estado de ánimo es común y corriente y se exterioriza en mil formas y maneras, es muy explicable que la gente atribuya más valor á los motivos segundos é inmediatos que á las causas primeras y elevadas. Así cree que entre el bien de la nación y un interés local pesará más este último; que entre una razón de justicia y una conveniencia de clase, se inclinará de este lado la balanza; que entre un beneficio para la generalidad y una ventaja para una corporación, triunfará lo más menudo é inmediato. La solidaridad, en esto, llega á lo hondo; en aquello, apenas se hará sentir. ¡Este es el gusano que corroe la entraña de la sociedad española! No se aceptan ni casi se comprenden los motivos superiores. No artículos de periódico, ni discursos de la más resonante tribuna, sino ejemplos vivos y muchos serían necesarios para rectificar tan torcido estado de ánimo. Lejos de ello, los que se dan con harta repetición ayudan el torcimiento, pues ni siquiera se toma en cuenta las apariencias. Y para amalignar ó contener en su curso estas enfermedades de opinión, las apariencias tienen mucha fuerza, aunque Ja intención sea otra en realidad. De igual suerte que á la persona que tiene algo lastimado en su organismo parece que todos los golpes van á dar en la parte dolorida, nuestro pueblo, cuyo cuerpo es una pura llaga, experimenta punzadas continuas al menor choque con la realidad. Y ésta, con la cual. durante siglos ha estado tan mal avenido, donde quiera que le toca le produce agudo é intenso dolor. Cuantas cuestiones salen hoy á la superficie son origen de nuevos padecimientos, sean cualesquiera sus proporciones y vengan de frente ó de soslayo. Examíneselas una por una, incluyendo en ellas las repetidas crisis y, sobre todo, la presente, y se verá que arrancan del punto que se acaba de señalar. El encogimiento del espíritu público en todos y cada uno de los españoles, hace que cada cual desconfíe de los demás y aun de sí propio. Y esa regresión á un estado social inferior, cada día parece ir más á prisa. MANUEL TROYANO mo es lo racional, lo español, lo característico en esta tierra de gabanzos. Se celebró el primer juicio por jurados del año en la Audiencia, ofreciendo así un nuevo aliciente para pasar distraídamente el invierno á los aficionados á toda clase de emociones, que en Madrid forman pléyade numerosa. La murmuración tuvo no poco que roer. Ahí es nada, todo un drama de adulterio con sorpresa, con intervención de la policía, con un estudio de pintor como escena... Todo muy poético, muy del gusto de la galería. El otro drama, el de la insigne doña Emilia, Verdad, estrenado por la tarde en el Español, tuvo un éxito desgraciado. Lo del conflicto de la cerveza parece conjurado. Se llegará á un acuerdo; los cerveceros no se declararán en huelga y habrá cerveza. La verdad es que la ocasión no podía ser más inoportuna. Ahora qne hay tanta gente alemana en Madrid. La función regia de anoche, deslumbradora. El elemento femenino la dio más contingente que á la última función de gala. Entonces hubo prevenciones que, justo es decirlo, no tuvieron razón de ser, aun siendo como somos y seguiremos siendo, por los siglos de los siglos el pueblo del ingenioso hidalgo. AEMECE NO RECTIFICAMOS E s t a m o s en un café de las calles excéntricas; amamos nosotros con pasión estos cafés. No hay en él kre eléctrica; el viejo gp. s difunde por toda IR sala una claridad opaca, suave. Junto á nosotros, un buen mercader, que ha pasado todo el día en su tiendecilla sombría, se inclina resignadamente sobre un vaso de leche; más allá, otro señor- -tal vez otro pequeño comerciante: un percocero, un sombrerero modesto, un regatón- -se inclina también sobre otro vaso. Todo es plácido; la luz del gas da un tinte de tenue melancolía al ambiente. Nosotros nos ñguramos en un momento que somos un pobre oficinista con una capa vieja, ó un pobre veterano que ha estado en la guerra de África y ha conocido á Alarcón, ó un antiguo periodista que ya no escribe y que ha publicado un artículo ó dos en El Contemporáneo. Nadie nos conoce; nuestra vid nos parece tranquila; algunas veces leemos en los periódicos una crónica, una poesía de estos jóvenes terribles, que no han conocido á Carlos Rubio, y no las entendemos. Ya no hay nadie que escriba pensamos, y vamos tristemente á dar una vuelta por la Puerta del Sol ó entramos- -con cierta inquietud de los ujieres- -en el Salón de Conferencias... Y esta noche nosotros estamos en este cafe de los suburbios imaginando nuestros ensueños, nuestras quimeras: un recio vaso con una mixtura imponente, misteriosa tenemos delante; dentro de un momento, cuando salga el último periódico de la noche y lo hayamos leído, nos iremos á casa. Y transcurren unos minutos; unas voces dolientes suenan á lo le- MADRID AL DÍA 1 a magnífica fiesta que dio anteanoche la infanta dqña Isabel fue ayer el tema de todas las conversaciones en Madrid. Los que asistieron áella no encontraban términos bastante expresivos para ponderarla. Los que no asistieron conformábanse con comentarla, aprovechando las noticias de la Prensa. Comentaristas hubo que anotaron al margen del periódico que leían nombre que significaban ausencias ú omisiones. Pero nunca falta un protocolo que Jas justifique ó disculpe, porque para él no hay, por ejemplo, más grandes de España que los que lo son oficialmente, aunque los haya que lo son en realidad sin serlo de modo oficial. Estas cosas es lo que tienen. La función de gala en el Real motivó ayer innumerables lamentaciones y conflictos de etiqueta. Todo el mundo quiere ir á esos actos y no hay teatro para todo el mundo; todo el mundo crec entender de organizar esas cosas y son pocas las personas que las entienden. Una buena impresión recibió ayer el comercio: la de saber que el precio de los francos descendió hasta 2 3. Esta baja constituye, según los técnicos, algo inexplicable ó inesperado; pero por lo mis-