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A, B C. MARTES 9 DE ENERO DE 1906. PAG. 11. EDICIÓN 2. EL LIBRO BLANCO DE ALEMANIA POR TELÉGRAFO erlín. 8, o n. El Libro Blanco referente al asunto de Marruecos consta de 42 páginas. Le abre un informe del cónsul de Alemania en Fez, con fecha 21 de Febrero de- 1905, diciendo que el Sultán había declarado que insistía en conceder el mismo trato á Alemania, Inglaterra, Francia y España, y preguntaba si Francia tenía un mandato colectivo. El cónsul le contestó que Alemania no había concedido ningún manteo á Francia, quedando el Sultán satisfechísimo al oit esta declaración. Un informe del cónsul alemán en Tánger, con hecha 21 de Abril, dice que el Sultán se mostró enojado por las declaraciones que Delcasse hizo en el Senado el 3i de Marzo, diciendo que el Gobierno de Marruecos había declarado que estaba dispuesto á seguir los consejos de Francia. El Sultán afirmó luego que á pesar desús negativas, TaillancTíer había invocado el mandato de Europa. Con fecha 5 de Mayo Tattenbach anuncia a su Gobierno que el Sultán niega exactitud á las manifestaciones que hizo Delcassé á raíz del viaje del emperador Guillermo á Tánger, al declarar que Marruecos aceptaba en principio las reformas propuestas por Francia. El Sultán no hizo concesión alguna á dicha nación, esperando, por el contrario, la llegada de Tattenbach para estudiar la situación. El día 7 de Mayo Tattenbach dice que Taillandier declaró que de someter sus proposiciones de reformas á las demás Potencias, Francia perjudicaría sus intereses. Un despacho dirigido el día 22 de Mayo por Bülow á Radolin dice que las declaracio- B nes de Rouvier parecen reprobar la política seguida por M r Delcassé. Un despacho enviado por M r Bülow á sus embajadores dice lo siguiente: Es falso que el convenio franco- inglés haya sido comunicado á Alemania por escrito ó por palabra. Delcassé sólo dio á Radolin indicaciones generales sobre la situación inaguantable de Marruecos, y la necesidad en que está Francia de velar por la seguridad de de la frontera argelina. Cuando Radolin interrogó á Delcassé sobre el contenido del convenio franco- inglés, Delcassé se limitó á contestarle: Lo encontrará usted todo en el Libroj ¡Jlmarillo. JJP Con fecha 1 de Mayo Bülow telegrafió al príncipe Radolin, diciéndole que era necesario una comunicación escrita y directa, en la que se indícase que Francia estaba dispuesta á discutir con los interesados sobre el particular. Un informe de Tattenbach, fechado en 3o de Mayo, trata del programa francés de reformas. La nota dirigida por el Sultán rechazando las proposiciones francesas é invitando á las Potencias a reunirse en una Conferencia, ha sido el resultado y consecuencia del juicio que sobre la situación había formado Abd- el- Azsis. Tattenbacn aseguró al Sultán que Alemania, tomaría parte en la Conferencia si ésta había de garantir la igualdad de trato económico para todas las Potencias y la independencia del imperio de Marruecos. Con fecha 27 de Mayo Tattenbach anuncia que Taillandier ha redoblado sus esfuerzos para impedir el envío de la referida nota del Sultán á las Pottncias. Un despacho di. Bülow dirigido á los embajadores, aboga por la Conferencia para defender los intereses particulares de todos los extranjeros sin excepción en- dicho Imperio. Alemania hace constar que dichos intereses tienen por base varios tratados y que no se puede disponer de ellos sin ¡a cooperación de Alemania. Bülow tiene espezanza de que será posible poner término á la actual tensión de un modo satisfactorio y se halla del todo dispuesto á ha- 1 cer para ello cuanto de su parte dependa. En 5 de Junio, Bülow. se pronuncia enérgicamente en pro de la reunión de una Conferencia y expone el punto de vista jurídico, según el cual Alemania opina que las reformas de Marruecos no pueden, á consecuencia del mismo tratado de Madrid, ponerse en práctica sin el consentimiento de todas las Potencias signatarias de dicho tratado. De aprobar algunas Potencias las reformas de Marruecos, bastaría que sólo una se opusiera á éstas para impedir la concesión de. de- rechos especiales incompatibles con los dere- chos de nación más favorecida que pertenecen á las demás Potencias. Bülow termina diciendo que tolerar la ac- ción de Francia contra Marruecos sería aban- donar los derechos que á las naciones signata- rias asegura el Convenio de Madrid, mientras que protestando contra dicha acción sólo se defiende la actual situación jurídica. El Libro Blanco contiene además una expo- sición de Rouvier, fecfia 21 de Julio, y la contestación de Alemania á las declaraciones hechas en 3 de Julio. Luego aparece reproducí- i do el convenio del 28 de Septiembre, referenteal programa de dicha Conferencia. Por fin se da comunicación de varios documentos referentes al muelle de Tánger. C Í A Y l l J J I J EXQUISITO LICOR. Venta en los principales establecimientos. NO SE DEVUELVEN LOS ORIGINALES IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE A E C 36 BIBLIOTECA DE ABC ABNEGACIÓN Y AMOR 33 de la nueva condesa y olvidaron como olvidan las gentes cuando están interesadas en ello. Cuando el conde llegó, todos la recibieron bien. Pronto hubo en el castillo bailes, fiestas, recepciones de todas clases; en el parque garden- partys, en el bosque rallypapers; el relato de cuanto sucedía llegaba á mis oídos, hasta la notaría del Sr. Colard. Yo había progresado mucho en tres años. Trabajando día y noche había hecho con éxito mis exámenes de ¡a licenciatura de Derecho, cua- ndo, sin esperarlo, vi realizados mis deseos de siempre. El notario de Varsange, el Sr. César Doucín, me propuso entrar en su casa, obligándose á entregarme la notaría cuando alcanzara la edad legal. Un soldado que viera caer en su mochila las insigfaias de genera! no se sorprendería tanto, ni tendría mayor satisfacción que la que yo tuve. Volver á Varsange, poseer una notaría en propiedad, dos sueños que no creía pudieran realizarse sino con el transcurso de mucho tiempo. Firmé mi compromiso con una alegría que me hacía reir, cantar, delirar. El Sr. Doucín, hombre excelente, viejo y fatigado, me recibió como á su libertador; las condiciones que me impuso eran ventajosas, pero exigía tanto trabajo, que ya no tuve un momento libre. Sólo hice una visitaí el conde había sido mi bienhechor: no debía olvidarle. Se emocionó al verme, me cogió las manos, me abrazó; pero en la efusión de su acogida adiviné mas tristeza que afecto. Lo que veía en mí era una sombra det pasado, y aun sin que profiriera ninguna queja, comprendí que no era feliz. Habló mucho de mis asuntos, evitando pronunciar el nombre de su hijo; imité su reserva, intimidado, con el corazón oprimido. Cuando me pareció que tai Pedro le contestó: Me lo habían dicho, padre mío, pero no quería creerlo; me han rogado que apele al cariño que me tenéis, v me he negado á hacerlo. Vuestro hijo no tiene el derecho de juzgar los motivos que os guían; pero imploro la autorización de no volver á la casa donde otra mujer va á ocupar el lugar de mi madre. Vuestro hijo respetuoso, PEDRO DE VARSANGE. Estas fueron las únicas cartas que cambiaron. Pedro se fue á la Escuela Politécnica; Besancon estaba para él demasiado cerca de Varsange; no le seguí. M e repugnaba ahora seguir aceptando la ayuda del conde; me padecía que, al hacerlo, abandonaba á mi amigo y dejaba de conservar el tierno respeto que á la memoria de la condesa Edith había yo guardado hasta entonces. Se lo dije á Pedro; aprobó mis escrúpulos. -Pero ¿qué harás para vivir, Onésimo? No tienes, dinero, ni yo tampoco. -Tengo diecisiete años- -repuse, -soy bachiller, puedo ganar el pan; Je buscaré. Pocos días después le anuncié que entraba como escribiente en la notaría del Sr. Colard, el mejor notario de Besancon. El sueldo no era grande, pero yo era sobrio como un aldeano. Acogió la noticia con el desdén que tienenjos militares por las ocupaciones sedentarias. ¿Por qué no sientas plaza? Más te valdría ser soldado y llegar á ser oficial. Pero mi vocación militar había, desaparecido. -No- -le dije, resistiendo por vez primera á un deseo de mi amigo; -algún día seré notario en Varsange, me encargarás de administrar tus propiedades, de defender tus intereses; además, hay una tumba que quedaría aba- ndonada s ninguno de JIO OUO peim ¿j ¡cc: ¿sc- aquí.