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163. CRONICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. PEQUEÑAS CONFERENCIAS ON UN EXM 1- Hemos llamado en una N 1 STRO puerta; hemos recorrido un pequeño y sombrío pasillo; hemos atravesado un diminuto despacho, en que hemos atisbado un busto de Ltttero; hemos vuelto á recorrer otro pasillo, y al cabo, hemos penetrado en un despacho amplio, severo, fríoUnos grandes ventanales daban paso á la luz opaca de las primeras horas de la mañana. Y á poco de esperar en esta espaciosa estancia, el ilustre exminístro á quien íbamos á visitar, ha aparecido ante nosotros. Nos hemos estrechado la mano con un movimiento rápido, seco y efusivo. Y hemos comenzado á charlar. -Ante todo- -le hemos dicho á nuestro insigne visitado- -yo desearía saber de usted cuál es su opinión, su criterio, sobre el plan que el Parlamento debe seguir en sus trabajos al reanudar sus sesiones. El ilustre exminístro ha sonreído af ¿b! emenj te. Nuestro visitado es el más popular, prestigioso y elocuente canípeón de la democracia monárquica de España; cuenta con la simpatía cordialísima de uno de los diarios más difundidos en nuestro pueblo; posee una palabra inspirada, amplia é impetuosa. El insigne político ha sonreído afablemente ante nuestra interrogación. -Lo que he de comenzar por decirle á usted- -nos ha manifestado al cabo- -ya puede usted suponer lo que es: la situación política actual es muy difícil; la situación política actual es verdaderamente crítica, compleja. Y el elocuente orador ha tornado á sonreír como dándonos á entender que estas palabras las consideraba como un prefacio indispensable de toda conferencia, bien que en realidad no dijeran gran cosa, v luego ha continuado diciendo: -Y ahora, entrando á tratar de la materia sobre que usted me ha interrogado, he de manifestarle que Io- que yo considero ía obra más urger. te, más vital, más nacional del Parlamento, es la cuestión arancelaría; no hay otra cuestión al presente de más trascendencia para España. La opinión, la Prensa, los mismos políticos no se han percatado- bien de su importancia. Se trata de la vida económica de una nación, de su porvenir, de la suerte de su industria, de su comercio y de su agricultura. ¿Podrá haber nada que á los españoles más interese? ¿No van á decir las Cortes lo que ha de ser la vida de España durante diez años? Y sin embargo, si observamos la opinión, veremos que este asunto no le preocupa, y si repasamos los periódicos (aun los de regiones industriales, como Cataluña) observaremos que apenas si en sus columnas se concede atención á tal problema... El ilustre orador se ha detenido en una brevísima pausa; deseábamos nosotros interiogarle sobre la cuestión candente en estos días; aludimos á la cuestión militar. ¿Y sobre la cuestión militar? e hemos dicho. ¿Cuál es su opinión en concreto? -La cuestión miiitar- -nos ha contestado el ilustre político- -requiere un estudio detenido, sereno; yo espero que al reanudar las Cortes sus tareas, se ha de abordar este problema en el Congreso. Y puedo decir á usted en términos generales, en una breve síntesis, que á mi parecer la línea de conducta que ante este problema debe seguirse, es la defensa, ia afirmación del poder civil. Yo no puedo ser sospechoso para el Ejército; lo he enaltecido y lo he defendido en todas ocasiones; he sido acaso el único hombre político que con motivo de la guerra colonial, he ido á estudiar la guerra sobre el terreno; creo que e! Ejército se está conduciendo en sus peticiones con una exquisita corrección; leo la Prensa militar y veo que en la defensa de lo que ella cree justo no pone acritudes ni hostilidades, sino una fría serenidad; yo creo, finalmente, que es preciso defender al Ejército y evitar á toda costa estados de laxitud, de relajación (como éste de los Tribunales de Barcelona, que yo de acuerdo con el Sr. Maura reconozco) Pero yo soy hombre civil, yo soy demócrata, yo soy amante de las libertades públicas que paso á paso y con grandes esfuerzos hemos conquistado durante un siglo, y yo afirmo que se debe fomentar y excitar el celo de los Tribunales en la persecución de los delitos de que se trata; que se debe pedir el estricto, el inexorable cumplimiento de las leyes vigentes; que es menester poner en práctica todos los recursos con que contamos actualmente, pero que los demócratas, los liberales, no deben pasar sin protesta por un acrecentamiento de la legislación especial y por una racrm ¿de io que constituye la supremacía del poder civil... No necesitábamos saber más; una ultima pregunta deseábamos hacer á nuestro insigne visitado; era delicadísima; un momento hemos estado dudando si formularíamos esta interrogación ó no. Al fin, no hemos podido resistir á nuestro deseo. -Perdón- -hemos dicho- -yo desearía saber cuál es su pensamiento sobre el estado de la situación liberal y sobre la actitud de usted ante contingencias que pudieran sobrevenir en lo futuro. Puede consolidarse el Ministerio Moret y puede realizar la labor anunciada; pero, ¿y si fracasara? ¿Quién había de suceder al Sr. Moret? -Lo que usted me pregunta- -nos ha contestado el gran orador- -comprenderá usted que es muy delicado para mí y que yo he de imponerme una gran circunspección en mís palabras. Ante todo, yo deseo que el Sr. Moret se consolide; mi pensamiento y mi adhesión están con él; yo quiero que haga usted resaltar esta actitud mía; creo que debemos ayudar sinceramente al Sr. Moret en su obra. Y si el señor Moret- -lo que yo no deseo- -se viera en el caso de tener que abandonar el poder... El insigne exmínistro al llegar aquí, ha inclinado ligeramente la cabeza, se ha encogido de hombros, como dudando, y al fin, ha proseguido: -Si esto ocurriera, yo no puedo decir á usted, (de ocurrir esto pronto, antes de que el partido liberal se pudiera considerar como fracasado) yo no puedo decir á usted quién podría ocupar el poder. Hace tiempo que yo me hz impuesto una absoluta reserva; no quiero aparecer preocupado en detalles personales y menudos de la política; yo tengo- -y la opinión lo sabe- -mis convicciones profundas arraigadas; las he expuesto con toda claridad en las asambleas populares y en el Parlamento. Y he de manifestar que estas ideas, estos proyectos y estQs ideales los creo factibles, y que no dudaría ni un momento en llevarlos á ia realidad dejdc, el Gobierno, como no hs dudado ni un Bl MADRID, 9 DE ENERO DE 1906. NÚMERO SUEL- TO, 5 CÉNTIMOS. punto en expresarlos con lealtad y franqueza ante mis conciudadanos... Nos hemos puesto en píe, -Este es en síntesis mi pensamiento- -nos ha dicho en son de despedida el insigne exministro. -Mil gracias- -hemos replicado nosotros estrechando su mano. Y hemos salido de la anchurosa estancia. AZORIN MADRID AL DÍA C l crimen de anoche el del relator del Tribunal Supremo que se preocupaba de algo más que de hacer apuntamientos y de liar legajos con balduque, fue el tema de todas las conversaciones. Ya pueden discutir las cancillerías europeas y la Prensa extranjera lo que va á hacerse én Algeciras; ya puede indicar la Prensa alemana, no sin falta de razón, aunque sí con falta de afecto, que si España no puede ó no sabe ó no quiere hacer nada por ella, mal ha de hacer aígo en África; habría de decirse que en Algeciras se iba á hacer el reparto de Marruecos... y luego el de España, y, nada, seguiría embargando nuestra atención el crimen de anoche el de Bellas Vistas y los que caigan. Con esto y con ir á vsr El huerto del Trances al teatro Martín, tenemos bastante. Por cierto que de los dos citados no se supo más que el joven herido seguía grave y el agresor en la cárcel, por lo que ss refiere al primero; y respecto del segundo, que de lo dicho no hay nada, y que, como se presintió, ha resultado un pequeño trop de zéle. Los expendedores de leche visitaron al señor alcalde para comunicarle ia grata nueva de que rebajarán el precio de venta de aquel artículo, ya que se ha rebajado el arbitrio municipal que le grava. Es una agradable sorpresa que el pueblo madrileño agradecerá, siempre que á ia rebaja del precio no acompañe la de la calidad, aunque para intoxicarse siempre es una ventaja, ó por lo menos una economía, pagar Ja pócima diez céntimos menos en litroLos golfos asilados por el Municipio hicieron su debut de cogedores de papel en la vía pública. Es, después de todo, una ocupación; pero su utilidad no se vé á- primera vista mientras el papel que recojan no sea del Estado. Y si puede ser, estampillado. Con motivo de inaugurarse las clases que el Círculo de Bellas Artes ha establecido en el Palacio de Cristal del Retiro, celebraron una comida los profesores y algunos notables artistas. Que prevaleció el buen gusto, lo prueba, no el hecho de que los comensales fuesen hijos del arte, sino el de que no hubo discursos. Y eso que ahora hasta los mudos se van de la lengua. Dígalo si no el suceso