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B C. LUNES 8 DE ENERO DE 1906. PAG. u EDICIÓN en lo que atañe ál programa municipal, no entraña enemistad con los conservadores, pues el partido liberal y el conservador se hallan identificados por la comunidad de la idea monárquica. Asistieron más de doscientos comensales, y al final se dirigieron telegramas de adhesión al Sr. Moret, al ministro de la Gobernación y á la Casa Real. -fflir. EN RUSIA POR TELÉGRAFO 1 nterviú con un hacendista ruso. Parts, y, 10 Un redactor de Le Temps ha celebrado una entrevista con el exministro de Hacienda ruso Koketzoff, el cual le manifestó que negocia con los Bancos de París el préstamo de la cantidad de oro necesaria para mantener la fijeza en el cambio de los rublos y atender á las necesidades del presupuesto extraordinario para 1906, mientras el Gobierno encuentra circunstancias más favorables para acometer un empréstito. Le aseguró que el crédito de Rusia se gncuentra en situación próspera, y después calificó de exageradas las noticias que se telegrafían acerca de los sucesos actuales. Confía en que los perturbadores serán debidamente castigados y en que las reformas prometidas por el Zar causarán excelente efecto. Durante la entrevista, Koketzoff recibió un telegrama de San Petersburgo asegurándole que, tanto en dicha capital como en Moscou, reinaba el orden más completo. EL REY EDUARDO POR TELECKAFO p a r í s j 11 m. Le Matin ha recibido un te legrama de Berlín diciendo que circula el rumor de que el rey Eduardo proyecta visitar al Kaiser; pero el rumor es acogido con escepticismo, porque aquel soberano va todos los años á Carlsbad ó Marienbad. El año último pasó por Francfort y no se le ocurrió visitar á su imperial soberano que estaba en Hamburgo, á 15 kilómetros. ¿Quiere usted recí ¡GRATIS el diario ilustrado A B C? Si así ío desea, solicite usted una suscripción reembolsable, cuyas condiciones se publican á continuación: SUSCRIPCIONES REE BOLSABLES 1 Las suscripciones reembolsables de A B C cuestan 18 pesetas al año (á razón de 5 céntimos el número) 10 pesetas al semestre y 5 pesetas al trimestre. 2 1. 1 Los suscriptores, al hacer efectiva su suscripción, recibirán un Bono de una suma igual á la que paguen, esto es, de 18, 10 ó 5 pesetas. 3. -1 El citado Bono será admitido por la Administración de A B C como efectivo metálico para el pago de cualquier clase de publicidad que se desee hacer en las páginas de este periódico. 4. a A cuantos anuncien en A B C por la suma de 18, 10 ó 5 pesetas les resultará, por tanto, absolutamente gratis su suscripción, todavez que les será admitido, como a SUCESOS O uceso elocuente. A última hora fueron conducidos al Juzgado siete M ocho mudos, para responder de un pequeño suceso de que dos de ellos fueron protagonistas. En la calle del Oso, 21, portería, se reúnen todos los domingos esos y otros mudos para charlar de sus asuntos. Anoche, por si José Pérez Peña dijo ó no dijo, cayó sobre él José Ayuso, tirándole al suelo. Se armó el consiguiente barullo. Pérez Peña resultó con una herida en la sien derecha y fueron todos detenidos. En el Juzgado se tuvo que echar mano de un intérprete para que relatara el hecho. Y esto lo hizo, como dejamos indicado, añadiendo que Pérez Peña se había ido un poco de la lengua. ¡PUPS ya bevpa? hablado bastante? Los liberales sevillanos? POR TELEttRAFO S evilla, 8, 2 m. Anoche tuvo lugar el banquete que el partido liberal acostumbra á celebrar anualmente. Fue presidido por el señor Rodríguez de la Borbolla y por el alcalde, Sr. Luca de Tena. Asistieron al acto los diputados y senadores liberales y en él reinó la más franca cordialidad. Llegada la hora de los brindis dijo el señor Rodríguez de la Borbolla que el hecho de identificarse los liberales con los republicanos, 5? BIBLIOTECA DE A B C ABNEGACIÓN Y AMOR 9 -Pues bien, leámosla. Me la dio, el sobre no estaba abierto. -Qué quieres- -murmuró con el timbre de voz de un niño que se disculpa, -no dudo de él, pero ¿le quiero tanto, le venero tanto... ¡Oh! Esa carta contiene la felicidad ó la desgracia de mi vida, y he tenido miedo, he temblado. -Ya verás- -le dije; -ahora vamos á burlarnos de esa fiera de Ofelia. Pero desde el comienzo de la carta comprendimos los dos que Ofelia no había mentido. Hijo mío: He tropezado en mi camino con un ángel; ese ángel ha tenido lástima de mí. Se trata de una mujer merecedora de tu respeto, Pedro, digna de llevar el v nombre que tu santa madre ha llevado. Pero, después de estas líneas algo solemnes, el conde, lejos de imponer la mujer elegida y de expresar categóricamente su voluntad, suplicaba y esa carta de un padre implorando la indulgencia, de su hijo, esa autoridad paterna que se arrodillaba, tenía algo de doloroso, de tan doloroso, que interrumpí la lectura; pero Pedro se apoderó de la carta y siguió leyendo: Perdóname, hijo mío; procura no guardarme rencor. ¡Si supieras cuánto sufro pensando en la pena que voy á causarte! No me juzgues severamente; lo sucedido no estaba previsto; te juro que no pensaba en ello; los hechos se han desarrollado, no diré sin mi consentimiento, pero sí contra mi voluntad. No tenía la intención de casarme, estoy obligado á ello; para mí es una cuestión de honor. Escríbeme, hijo mío; envíame la seguridad de que no me niegas tu cariño, de que consentirás en ser para la infeliz muchacha con quien me caso un hijo respetuoso; tranquilízame, para que los últimos instantes de felicidad que puedo aun encontrar en este mundo no s. e vean amargados. no pienso ni un instante en negarme á ello. Tiene una fuerza de voluntad, una firmeza de carácter que no puedo menos de admirar. Lo que no decía, quiza porque la cosa no tenia toda vía consecuencias para él, ó por un temor secreto y vago de que pudiera tenerlas, era que con Valeria se encontraba, ejerciendo funciones dé lectora y de señora de compañía, una mujer de treinta años, muy hermosa. Trabajamos mucho durante aquel invierno. Deseaba ganar el tiempo perdido: mis esfuerzos fueron coronados por el éxito más lisonjero; hice brillantemente mis exámenes del bachillerato. Telegrafié al conde la buena nueva y aguardé sus paternales felicitaciones. No me las envió; tenía entonces otra clase de preocupaciones. Un día, á Ja hora del recreo, Pedro vino hacia mí, desencajado. Bien conocía yo la flacidez de su rostro. Comprendí en seguida que era presa de una emoción violenta. Una larga arruga surcaba su frente, v daba á su fisonomía una expresión de gran dureza. ¡Dios mío! -exclamé. ¿Qué sucede? -Sucede- -dijo con voz breve- -que mi padre es víc tima de una calumnia infame, de una calumnia que me dirigen á mí, á su hijo. ¡Esto es odioso! ¿Quién se atreve... -pregunté. -No lo sé, la carta está firmada por Ofelia de Varsange, pero no puedo creer que una de mis tías... -Conozco su letra- -le dije, -dame la carta. Me alargó, con un gesto de repugnancia, un papel arrugado y roto; no cabía duda: era la letra tiesa, grande, firme, angulosa que ya había visto otras veces. -Es de tu tía- -le dije. -Entonces lee. Leí. Eran cuatro páginas; pero qué distintas de aquéllas tan impregnadas de sentimientos cristianos que el