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íi B C S Á B A D O 6 D E E N E R O D E 1906 P A G 6. E D I C I Ó N 1. simas eran las guedejas de su cabello y d e su barba, grave y reposado su continente. El fué quien llevó el o r o Gaspar, imberbe mancebo, ofreció el incienso, y Baltasar, hombre vigoroso, de cuarenta años, de negrísima barba y profunda mirada, depositó la mirra á los pies del Divino infante. Cuando volvieron á su patria dedicáronse, como se ha dicho, á un fervoroso apostolado. Refiere la leyenda que M e l chor murió el primero, á los ciento treinta años. Seis días después, de resultas d e una lanzada, falleció Baltasar. T e n í a ciento nueve años. Al ser enterrado, M e l chor se volvió en la tumba para hacerle sitio, con gran espanto de todos los p r e sentes; y cuando Gaspar dejó el mundo á los noventa años, al ser conducido al mausoleo que encerraba los restos de sus hermanos, las puertas de! monumento se abrieron y los dos muertos se levantaroa para recibir al predilecto. Imagínense los que está verídica historia lean, la gran pena que experimentarían los buenos Reyes cuando tuvieron E X P O S I C I Ó N D E LOS O B J E T O S R E C I B I D O S POR LA S E Ñ O R A MARQUESA DE SQUILACHE PARA LA T Ó M B O L A Q U E ORGANIZA Á B E N E F I C I O D E LOS P O B R E S y PARA LAS OBRAS D E LA BASÍLICA D E SANTA T E R E S A EN ALBA DE T O R M E S TRONCOS SECOS A KASABAL. C u a n d o los Reyes M a g o s salieron de adorar al N i ñ o Dios, estaban anonadados. E s t e les dijo: Repartid el oro, símbolo de la realeza, entre los p o bres; quemad el incienso, emblema de la Divinidad, en la casa de mi P a d r e y ya que la mirra es un testimonio de que el Hijo del hombre d e b e morir, haced que los humanos al desaparecer d e la tierra vayan al sepulcro envueltos en el incorruptible perfume de las buenas acciones. La Virgen les dio un pañal del Salvador, y ellos comenzaron su apostolado separándose, buscando ocultos caminos d e tal suerte alejados d e su itinerario anterior, que, habiendo hecho el viaje de ida en doce días, tardaron en volver á Egipto dos años. Era M e l c h o r el más anciano; blanquí- C U EeNoTs O y PARA C H l GRANDES LA SEÑORA MARQUESA DE S Q U I L A C H E O R D E N A N D O LOS REGALOS RECIBIÓOS PARA LA TÓMBOLA r. VÍ ir íf -r UNA MESA DE LA E X P O S I C I Ó N DE R E G A L O S PARA LA T Ó M B O L A Q U E ORGANIZA LA MARQUESA O E Fots Muñoz Uaena. SQUILACHE que separarse para despistar y burlar ai malvado H e r o d e s Solo y triste emprendió su ruta M e l chor; habíase despojado de sus galas, iba sin corona, y es bien sabido que los atributos de la realeza agradan siempre, aun á los hombres modestos como nuestro santo R e y Iba pensando en los medios d e distribuir el o r o que ya le pesaba. E r a p r e ciso repartirlo entre los p o b r e s ¡P e r o eran tantos los verdaderos! Se fingían además miserables y desgraciados los egoístas, haciendo imposible distinguir al verdaderamente infeliz del ruin avaro. j Q u é difícil problema! E n estas y otras cavilaciones le cogió la noche, desorientado p o r terreno solitario y agreste. Si no había nieve, como la que se ve en los nacimientos, y no puede afirmarse que no hubiera alguna, e! frío era intenso. La noche clarísima; en el cielo ya no se veía la misteriosa estrella que les guiara hacia la Santa Cueva. Recordaba M e l c h o r al divino N i ñ o y