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-A B C S Á B A D O 6 D E E N E R O D E i g c ó P A G ses directivas d e nuestro país: la indicada en las anteriores líneas y la d e las tarifas iduaneras. U r g e n ambas con grande a p r e mio. D e las soluciones, que t e n g a n d e p e n d e en gran p a r t e la riqueza nacional y el mejoramiento de la existencia, sobre t o d o r e s p e c t o de las clases proletarias. Sin e m b a r g o la g e n t e se distrae d e ellas, á causa del r u i d o que p r o d u c e n otros asuntos y p o r el t e m o r d e q u e aquéllos vengan á quedar paralizados. E s preciso q u e esto no suceda, y á tal fin hay necesidad de recordar que la vida d e un p u e blo, máxime si es como la del nuestro tan fatigosa, no d e b e q u e d a r r e d u c i d a á un solo orden d e relaciones. MANUEL T R O Y A N O 5. E D I C I Ó N i. MADRID AL DÍA os Reyes M a g o s dieron ayer gran animación á M a d r i d los R e y e s M a gos invadieron los bazares; sus coches formaban largo rosario en las puertas d e los establecimientos d o n d e adquieren sus preciosas mercancías; la c o r t e ofrecía el aspecto d e ciudad en día de feria, merced al sinnúmero d e R e y e s M a g o s que se echaron á la calle y volvieron á sus r e s pectivas casas cargados de juguetes para a sorpresa infantil d e esta mañana, l i n a temperatura primaveral contribuyó á la animación d e la jornada. P e r o si tuvo este aspecto pintoresco y igradable, tuvo al mismo tiempo o t r o t é trico y doloroso. F u é también un día de sangre. La gacetilla registró suicidios, desgracias, r o b o s crímenes, cuanto p u e d e hacer doloroso contraste con el cuadro alegre de liesta íntima que ofrecían los grupos de ruisueños padres y e n d o en busca d e regalos para actuar Una vez al año con sus pequeñuelos de fantásticas majestades orientales. La Diputación provincial celebró amena sesión. L o s señores del margen se d e s pacharon á su gusto contra la Real o r d e n que les ha echado abajo el presupuesto que confeccionaron á gusto del consumid o r y contra el Cherubini d e la Plaza d e T o r o s madrileña que non paga. A p r o p ó sito d e la primera llegó á decirse que la Diputación no d e b e funcionar, y M a d r i d y su provincia dirán á coro que para lo que hace y p a r a lo que sirve p u e d e hacer bueno y firme ese d i c h o Respecto del segundo a s u n t o acordó suspender el irriendo d e la Plaza para que la e m p r e sa no p u e d a dar corridas mientras no pague; remedio heroico de que el deudor hará, p r o b a b l e m e n t e el mismo caso que la Diputación d e los cargos y censuras que se le dirigen continuamente p o r constituir otro Cherubini p o r el estilo. Llegaron p o r la t a r d e príncipes, infantes y duques p a r a asistir á las bodas que se aproximan, abriendo así la serie d e festejos Reales que se avecinan con gran satisfacción del pueblo madrileño, decidido é impenitente partidario de divertirse. L o s tenientes de alcalde estuvieron en Palacio para fijar el programa d e fiestas que s e celebrarán con dicho fausto motivo y con el de la visita d e los monarcas portugueses, siendo el número más sim 1 pático d e t o d o s conceder un p r e m i o para todos los que se casen y para todos los que nazcan el mismo día d e la b o d a L o s concejales socialistas denunciaron una casa ruinosa en los barrios bajos d e M a d r i d Si así siguen, realizarán la táctica d e m o l e d o r a del socialismo; p o r q u e denunciar casas ruinosas es fácil. Si se derriban todas las denunciadas, ¡adiós, Madrid! H u b o Consejo de ministros; p e r o sin crisis para ir tirando la cuesta de E n e r o La b o d a la visita regia, la Conferencia d e A l g e c i r a s A ú n hay esperanza, V e remundo. La noveaad d e la noche fué la inauguración d e la Central- Kursaal, frontón que en un santiamén se convierte en C a s i n o y en M u s e o arqueológico. A l menos a n o che podían estudiarse allí muchas ruinas y muchas historias. AEMECE PEQUEÑAS CONFERENCIAS p O N OTRO GENERAL. Hemos pasado d e un general vivo, impetuoso, r á p i d o audaz, que gesticula violentamente, que os trata con una encantadora familiaridad á los dos minutos de charla, á o t r o general tranquilo, impasible, correcto, ecuánime, de una amabilidad fría y mundana. E s t e general nos ha indicado con un gesto sobrio que nos sentáramos: él se ha arrelUnado en un ancho sillón, ante su mesa de despacho. -M i general- -nemos dicho- -yo sentiría ocasionar á usted una molestia... El general, que tenía las manos juntas, las ha separado, con el ademán con que los sacerdotes se vuelven ante los fieles, y ha dicho: -Y o tengo una gran simpatía p o r la profesión periodística; esta casa está siempre abierta para los periodistas. N o s hemos inclinado ligeramente. -M i general- -hemos proseguido- -yo d e searía conocer la opinión de usted sobre los asuntos políticos del día. El general ha juntado sus manos y las ha frotado una contra otra ligeramente. H a habid o un brevísimo instante de silencio. La estancia era tranquila, soportable; había una alfombra de agradables dibujos rojos y gualdos p o r todo el piso; el retrato del general con gran uniforme destacaba en un testero; mezclaban y entremezclaban sus trinos en pintoresca algarabía cuatro, seis ú ocho lindas canarios en sus jaulas doradas. -M i situación- -ha dicho al cabo el general- -es muy delicada; usted la conoce; mi puesto en el Ejército y mi elevada posición parlamentaria, rae imponen una escrupulosa reserva, una exquisita neutralidad. Esperábamos esta declaración del general. -M i general- -hemos argüido- -si usted ha de guardar esta i- eserva en cuanto á la política concreta, personal, al menos yo espero que ello no será lo mismo tratándose de una orientación amplia, en abstracto. El general se frotaba con suavidad las manos; saltaban locos, alegres, en sus jaulas los amables pájaros. -L a s circunstancian son muy complejas- -ha dicho el general con cierta leve tristeza, como sintiendo tener que perseverar en su impenetrable reserva; -yo me reprocharía al punto el haber faltado á lo que creo un deber, si diese desdé luego á usted mi opinión sobre estos serios problemas. Sin embargo, en líneas generales, sin descender á pormenores, puedo decir á usted, que la obra de! os partidos políti- cos en la actualidad dene ser la de fomentar p o r todos los medios la riqueza y el engrandecimiento del país, haciendo de modo que la opinión carezca de fundamento, d e motivos, para asegurar q u e los partidos están divorciados de la nación. H e m o s vuelto á inclinarnos en señal de p r o fundo asentimiento. U n a cuestión interesanti sima, que deseábamos abordar, se nos salía por los labios. -Perfectamente, mi general- -nos hemos arriesgado á decir; -esto es lo que los partidos políticos es urgente que hagan; pero entre estos partidos, ¿cuál es la situación especialísima del partido liberal? Nuestra pregunta tal vez era demasiado atrevida; hemos creído durante un momento que, después de los repetidos deseos del general en abstenerse de entrar en detalles concretos, habíamos cometido una indiscreción. E! general, sin embargo, nos ha contestado afablemente; sus primeras palabras nos han cau sado una viva extrañeza. -E l partido liberal- -nos ha dicho nues t r o ilustre visitado- -no ha hecho nada hasta ahora... N o hemos podido reprimir un movimiento de interés. -E n t e n a a m o n o s- -h a proseguido el gene- ral percatándose de nuestra sorpresa; el partido liberal no ha hecho nada hasta ahora, porque en realidad n o ha tenido tiempo material para hacerlo... Y no ha tenido tiempo para hacerlo- -ha añadido fina y hábilmente el general- -porque él S r M o n t e r o Ríos ha ocupado su tiempo en el poder haciendo una? elecciones, y el S r M o r c t confeccionando y sacando á flote unos presupuestos. P e r o estas obras están ya realizadas y el partido liberal debe comenzar ahora su labor. ¿Y si n o lo realizara, migcnera! -nemos dicho audazmente. ¿Y si el Ministerio del señor M o r e t fracasara? El general ha tenido un momento de indecisión; en su r o s t r o frío, correcto, era imposible leer sus pensamientos. -S i la actual situación fracasara- -na aicna al cabo nuestro visitado- -el pnrtido liberal cuenta con ilustres personalidades á quienes recurrir. Habíamos Ilegaao a un punto resbaladizo, p o r todo extremo difícil. -H a b l a usted, mi general, d e ilustres personalidades- -hemos d i c h o ¿n o cree usted que las clases conservadoras del país sentirían un cierto recelo ante un Gabinete Canalejas? ¿No cree usted que hay otras personalidades que pueden suceder al S r M o r e t? H e m o s mirado á nuestro insigne visitado fijamente; ni un músculo de su rostro acusaba el más ligero movimiento. La corrección, la impenetrabilidad del general eran exquisitas. -Y o tengo del S r Canalejas la más altíi idea- -ha contestado el g e n e r a l -c o m p a r t o con él algunos de sus ideales democráticos; en otros, más radicales, más avanzados, no le acompaño. N o sé- -ha añadido el general- qué opinión tendrán de éstos las clases conservadoras del país. N o sé tampoco qué persona lidad podría suceder al S r M o r e t esto el Rey y la opinión han de decirlo. Y ello es en suma (y esta es la síntesis de mi pensamiento) que el partido liberal debe cumplir con sus compromisos, que yo tengo la esperanza de que los cumplirá; y que mi adhesión leal la tendrán todos aquellos que á este fin encaminen sus esfuerzos. N o s hemos levantado de nuestro asiento- -M i general, mil gracias- -hemos dicho. H e m o s estrechado cordialmente la mano de nuestro insigne visitado, y hemos salido de esta estancia confortable, silenciosa, en q u e estos amables y locos pájaros mezclan sus trinos con una algarabía jovial y pintoresca. AZORIN