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A B C. JUEVES 4 DE ENERO P E 1906. PAG. 4. EDICIÓN 1. lieos. En las vidrieras de las ventanas, lucen Xas flores de lis de una Casa Real. -General- -le hemos dicho á nuestro visitado cuando ha aparecido ante nosotros; -general, perdón si esto es una molestia. ¡No lo es! -ha exclamado sonriendo el general. Y ha estrechado nuestra mano con un apretón seco, nervioso, rápido. Y al mismo tiempo nos llevaba hacia un diván y nos hacía sentar con un ligero gesto autoritario. El general es un hombre menudo, cenceño; sus músculos son fuertes y acerados; se mueve prestamente; tiene esa ligereza, esa decisión, ese ímpetu inopinado, súbito, brusco, que nos hace pensar en aquellos españoles enérgicos, tumultuosos, audaces y contradictorios de otras edades. -Mi general- -he dicho- -yo necesito conocer la opinión de usted sobre los asuntos del día. El general se ha quedado un momento pensativo; después ha juntado las manos en silen- io, ha apretado los labios y ha dicho: ¿Usted desea saber mi opinión sobre los suntos del día? -Mi general- -he repetido- -yo tendría mucho gusto en conocer su opinión sobre esos asuntos. El general ha tornado á permanecer otro breve instante silencioso. Reinaba en el salón na profunda calma; brillaban las espadas, los mandobles, las rodelas, las lanzas, los puñales. Desde su marco, el señor de los ojos claros y kvemente tristes nos contemplaba. -Pues bien- -ha dicho alfinel general- -yo no puedo dar esa opinión que usted viene á pedirme; yo no puedo decir nada; la situación mía es crítica, especialísima. Yo he protestado ligeramente. -Mi general, yo no creía ser indiscreto. Entonces el general se ha removido nerviosamente en el asiento, se ha acercado más á nosotros y ha exclamado sonriendo: ¡No, no! Usted J o comprenderá cuando diga... Y nerviosa, rápidamente el generai ha comenzado á hablar. Nosotros le escuchábamos en silencio. ¿No le parece a ustzd? -nos preguntaba de cuando en cuando el general. -Es evidente- -le contestábamos nosotros. Y otra vez tornaba el general á hablar con ta misma familiaridad, con la misma llaneza que antes. ¿No lo cree usted asi? -volvía á preguntarnos. -No cabe duda, mi general- -contestábamos nosotros. No se oía ni el más ligero rumor en la casa; comenzaba el crepúsculo á llegar; las flores de lis de las vidrieras iban palideciendo; las armaduras centenarias se sumían en la sombra. -Mi general- -hemos dicho grave, solemnemente, cuando nuestro visitado ha concluido de hablar; -mi general, ¿yo no podré repetir lo que acabo de tener el gusto de oir á usted? El general ha golpeado con el puño derecho en la palma de su mano izquierda ruidosamente; parecía un niño asustado de una travesura. ¡No, no, hombre! -ha gritado- ¡De ningún modo! Y luego, inmediatamente: -Yo no puedo tener opinión en estos momentos; yo no debo decir nada. Nosotros nos hemos quedado un instante perplejos, desolados. Si el general no podía decir nada, ¿qué íbamos á decir nosotros? -Mi general- -hemos argüido- ¿no sería posible decir ni una palabra, sólo una palabra? El general nos ha mirado con fijeza, en un momento de incertidumbre- -acaso de tentación- -en tanto que se apretaba el labio con el pulgar y el índice. ¿Dice usted una palabra? Si es una bra... -Sólo una palabra, mi general- -hemos afirmado nosotros rotundamente. Entonces el general ha extendido su mano con un gesto imperioso y ha dicho: -Pues bien, yo no tengo que decir más que lo siguiente: Yo amo con pasión al Ejército; yo deseo el engrandecimiento de! Ejército; el Ejército para mí es la representación genuina de la Patria. Yo he defendido siempre con celo y con tesón al Ejército; por defenderlo se me han irrogado acaso complicaciones y contrariedades en mi carrera... El general se ha detenido y después ha añadido dejando caer las palabras lentamente, con solemnidad: -Si España quiere regenerarse, no tiene más que un solo recurso: hacer con energía todo lo contrarío de lo aue se ha hecho hasta hoy. El general ha callado. Nosotros nos hemos quedado un poco indecisos. ¿Nada más, mi general? -nos hemos atrevido á decir. ¿Cree usted que es poco? -nos ha interrogado á su vez con cierta entonación enigmática el general. Hemos comprendido que era bastante, tal vez demasiado. -Gracias, mi general- -hemos dicno poniéndonos súbitamente en pie. Hemos estrechado, con verdadera efusión, con verdadera cordialidad, la mano de este hombre que por su decisión, por su ímpetu, por sus arranques inopinados, trae á la memoria á los viejos y castizos soldados españoles. AZOR 1 N Los confiteros de Valencia POR TELLFC O a! enc ¡2, 3, 11 n. Presididos por el go bernador se han reunido los interesados en la huelga de los confiteros, con objeto de buscar una solución a! conflicto. Los reunidos acordaron someter la cuestión á un tribunal de arbitraje, presidido por el alcalde, y del que formarán parte represent? ntes del Ayuír. amiento, de la arrendataria de Consumos y de los confiteros. El laudo se dictará el jueves. -Muñoz. T- -T T T r e W 1 H. -J, r, Un muerto y un herido POR TELÉGRAFO T on Benito, 3, 4 t. Al regresar ayer tarde de la estación, después de pasar el tren rápido, Iss vecinos de ésta Manuel Valades y Lorenzo Gallego, fueron heridos de arma de fuego por un desconocido que después de realizar tan brutal atentado huyó por los olivares inmediatos. Manuel Valades murió á las cuatro horas de cometido el hecho y Lorenzo tiene una herida gravísima en el cuello. El criminal no ha sido capturado. -Corresponsal. POR TELÉGRAFO V 1 ÉRCOLES, 3, II N. I res obreros heridos. En la fundición de los Sres. Balbontíit se ha producido esta mañana el hundimiento de la plataforma de madera que se utiliza para cargar el horno de la fundición, resultando heridos tres obreros que se hallaban sobre ella. X TM ambio de mando. POR TELÉFONO Se ha encargado de! mando del regí MIÉRCOLES, 3 i M. miento de Lanceros de Villavicíosa el coronel T 5 epublícanos disidentes. Coméntase la disidencia surgida entre señor marqués. de Marchelina, en sustitución los concejales republicanos y que ha sido pues- de! Sr. Ampudia, que pasa á ejercer un cargo al ministerio de la Guerra. ta de manifiesto en la última sesión. X El sábado próximo, la mayoría municipal H n demanda de trabajo. convocará al partido para la celebración de un En el inmediato pueblo de El Viso d ¿i mitin, con objeto de dar cuenta de la conducta Alcor, irás tís 400 obreros se dirigieron en observada por los concejales disidentes. El directorio de la Unión republicana se ha manifestación hasta las Casas Consistoriales reunido en sesión secreta con objeto de tratar en demanda de trabajo. Fus necesaria la interde la expulsión del partido de los concejales vención de ¡a Guardia civil para disolver á los manifestantes. disidentes. El alcalde ha solicitado del gobernador X que den comienzo las obras de la carretera lT os atropellos. El tren núm. 846, procedente de Prats, de El Viso á Tocina. -Mir. acaba de atropellar á un muchacho de catorce años, produciéndole la muerte. I OS PRODUCTOS ESPAÑOLES En las últimas horas de la tarde de hoy un EN ITALIA tranvía arrolló en la calle de! Consejo de CienPOR TELÉGRAFO to á un sujeto de cuarenta y cinco años, cauT pma, 3, ion. El Consejo de ministro sándole gravísimas heridas. ha decidido aplicar á los vinos y aceites espaX ñoles la tarifa general; á las demás mercancías Oensible imprudencia. Un guardia municipal cometió esta tarde se les aplicarán las tarifas del modus vivendi que la imprudencia de enseñar el manejo del revól- no fueron combatidas. ver en un taller de planchado, con tan mala fortuna que el arma se disparó hiriendo á la Desórdenes en Marruecos operaría Rosa P- ueyo. POR TELÉGRAFO X 1 i a carta de Bosch y Alsina. 1 ánger, 3, 9 n. Según noticias de Marra Hoy publican los periódicos la carta á kesh, dicen que la villa ha sido asaltada que me referí ayer, del exalcalde Sr. Bosch por la tribu de Rhuma; entre los asaltantes y y Alsina. los vecinos se produjeron serios combates. El citado documento ha producido gran sensación. Panamá y los Estados Unidos X POR TELfc GR FO n incendio. Continúa la racha de incendios. Hoy se VWyashington, 3, 11 n. Telegrafían de Pao namá que en dicha República se notan declaró uno en una casa de la Bajada de Santa Clara, en el que pereció asfixiado uno de los indicios de una próxima insurrección. Los liberales se hallan descontentos, y esperan obliinquilinos del piso tercero. El Juzgado instruye diligenc p ra averi- gar á los Estados Unidos á realizar su aneguar si se trata de un suicidio. -Be leí. xión, si los desórdenes aumentar DE BARCELONA U