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A B C LUNES i. DE ENERO DE i 9 r 6 PAG. 10. EDICIÓN i. tricos colocados á la puerta ae cualquiera habitación, Mefistófeles me remontó por los aire á la cuarta velocidad. Corto fue el viaje, y a! rendirle me vi sentado en el alero de una torre, sospecho que la del Ministerio de la Gobernación. Hasta mí llegaban en oleadas canturreos de gentes que en báquica cena despedían al año, y en oleadas también el fresco tamizado en la nieve de la lejana sierra. -El momento se acerca; observa ese reloj- -me dijo el diablo con voz, naturalmente, de bajo profundo, -señalando a! aue tenía bajo mis pies colgantes. Me incliné, sin sentir vértigo, porque mi guía me sostuvo, y observé que la saetilla de los minutos avanzaba lenta, cautelosamente sobre la de las horas, fija ya en las doce. La conjunción se verificó. Un poeta diría que las dos flechillas se besaron, y algo más. Yo no vi que se besaran ni que hicieran nada. Sólo vi que la más grande pasó sobre la más pequeña y siguió su pausada carrera. -Desde que los hombres inventasteis el Calendario por el cual os regís, ha sucedido lo que acabas de ver veinticuatro veces cada día en 1906 años. Una enormidad de veces, equivalente á otra enormidad de testimonios de que en todo tiempo lo grande ha pasado sobre lo pequeño. -Porque á los relojeros no se les ha ocurrido fabricar los horarios más grandes que los minuteros. En todo caso, y riéndome del AÑO VIEJO Y AÑO NUEVO A o quise ver anoche el paso de un año á otro, a sorprendente mutación, la maravillosa tramoya de la Naturaleza. El espectáculo tenía el poderoso atractivo de lo desconocido. Creed que hay pocas cosas tan interesantes como la entraña, la trampa de los grandes misterios. Si vais al teatro Real á ver una de esas óperas de mucho aparato, pasad al escenario... si os dejan los porteros. Cantan Tosca, por ejemplo, y veréis que las campanas que tan bello efecto producen fuera cuando se representa la escena de la catedral, no son campanas, sino barras de hierro colgadas de cuerdas; que las naves góticas del templo son misérrimos lienzos armados en listones de pino; observaréis que cuando el publico en la sala se conmueve al oir los alaridos desgarradores del tenor sometido al tormento por orden del barítono, el tenor está delante de utn espejo, entre bastidores, pintándose ojeras con un carbón, palideciendo con albayalde, abriéndose heridas con un pincel mojado en tinta grana, y, entretanto, gritando como si de veras le atenazasen; notaréis en el final de Lohen grin que mientras el héroe, rodilla en tierra, mira al cielo invocando á Parsifa! en el cielo, esto es, en los telares, no hay más Dios que un tramoyista de bombacho y blusa preparado para lanzar por un alambre la paloma de madera que ha de caer sobre la cabeza del cisne en el preciso momento del milagro. Si tan curioso es el juego escénico en un teatro, mucho más debe serlo en la naturaleza. Pasar á presenciarlo venciendo la resistencia de los porteros, es cosa fácil. Gcethe dio ía fórmula que tan bien han aprovechado los libret- stas. Se llama i diablo. El amable Satán, atento siempre á su industria, a ude pronto con acompañamiento de trémolos en la cuer Ja, repiqueteo de chinescos, redobles de csja y bombo y arpegios de notas sobreagudas en los flautines. Sigue el saludo, la petición, las condiciones y el pacto de retroventa del alma. El poder del rey de las tinieblas queda á nuestro servicio por horas ó por carreras, como nos convenga. Ya se sabe que luego de lo dicho no hay nada. Satanás se tiene por listo, pero es tonto simbolismo, ¿qué tiene q ue ver el reloj con el fin de un año y el principio de otro? -Pues... eso; que así como los relojero hacen que pase una manilla sobre otra hasta que se les ocurra una innovación, los años, por disposición de los sabios, pasan unos sobre otros hasta que se les ocurra otra novedad Los años no pasan. Lo que pasa son los pue blos, los hombres, las costumbres, las cosas. -Es verdad, y en España sobre todo, pa san cosas que no deberían pasar. Descendimos como ascendimos, Me exigió el diablo el cumplimiento del pacto, y enseñándole la Biblia, se marchó con cajas destem piadas. ÁNGEL M. CASTELL Año nuevo y vida vieja 1- 1 ace algunos días el Kaiser dijo algo parecido á esto: Se habla de que hay en Alemania un partido militar que desea la guerra á todo trance. Importa poco que lo haya ó no; aquí nadie decide más que yo, que soy la representación viva y legal de la voluntad nacional También es de ahora una declaración de S. Campbell Bannerman, jefe del reciente Gabinete liberal inglés, concebi- do y expresada, poco más ó menos, en e stoj términos: Nosotros rectificaremos en la de capirote. Agarrándose uno á un libro délos Evangelios ó á la cruz del puño de una espada, el pobre diablo se retuerce como un condenado, sehunde por escotillón, y nosotros, arrepentidos á tiempo, nos quedamos tan frescos. X Dicno y necno. Hechas las tinieblas con la facilidad que dan ahora los conmutadores eléc-