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A B C SÁBADO 3o DE DICIEMBRE DE i o5- PAG. 7 EDICIÓN 1 a SANTO SEPULCRO Jpl director de A B C ha recibido una atenta carta del Sr. D. Luis Contreras, caballero de la Orden del Santo Sepulcro, poniendo algunos reparos á lo que respecto á esta Orden se decía en el artículo Uniformes, firmado por Un madrileño Dice el Sr. Contreras que para llevar el uniforme del Santo Sepulcro se necesita, como condición esencial, ser caballero de la Orden, y que para conseguir esta distinción es preciso instruir un proceso de pruebas y compruebas de requisitos que sólo S. S. el Papa, como jefe soberano de la Orden, ó el Patriarca lati- rrección de Cuba, que por entonces parecía encauzar Martínez Campos, se interponían altivamente entre Inglaterra y Venezuela con arrestos provocativos, pretendiendo aplicar la teoría de Monroe á la cuestión de límites de la Guyana inglesa. En la Colonia del Cabo empezaban á iniciarse los sucesos de donde tuvo origen el famoso raid Jameson y aquellas primeras escaramuzas del Transvaal, que estuvieron á punto de incendiar á Europa, por los desplantes de Alemania. También en la Costa de Oro, la Gran Bretaña se veía obligada á hacer ostentación de su poder... Pero éstas eran preocupaciones de hombres. Para los niños ingleses no había aquel año, como no hay ninguno por tal época, otra preocupación ni otro pensamiento que sus Chrisimas- tree, su árbol de Navidad, cuajado de golosinas y de juguetes. ¿A quién, pues, extra- grandes amarguras de su alma- -la muerte del principe Albeito y la de Alicia de He. jC, -había sido dulcificada aquel año por un aconte cimiento feliz: el nacimiento en Sandnngham, York Cottage, del hijo segundo de los duques de York. La isla de Wight había acogido, como siempre, á S. M con el cariño debido á la augusta protectora de la comarca. Y cuando terminase la temporada de invierno, el contrato recientemente cerrado con el Hotel de Cimíez, cerca de Niza, al cual se trasladarían la Reina y sus nietos en e! próximo Marzo, garantizaba á todos una deliciosa perspectiva de primavera en la Riviere. El íntimo bienestar de la Real familia, que respiraba la vida toda de Palacio, irradiaba también al exterior. Del árbol de Navidad no sólo participaban los principitos: jhasta á los chicuelos menesterosos de Whippingham Schooi S: LA FIESTA ALEMANA DEL ÁRBOL. tot A I! ü. ASPECTO DEL HALL DE LA CASA DE BLANCO Y NEGRO) Y A B C DURANTE LA FIESTA CELEBRADA ANTEANOCHE POR LA COLONIA ALEMANA no de Jerusalén, como delegado, pueden dispensar. Consignamos con gusto estas aclaraciones, pues no hemos tenido el más leve propósito de molestar á los caballeros de la Orden, sino consignar que su uniforme no es tan buscado por las elevadas clases sociales como el de las Maestranzas, por ejemplo. I I N MERRY CHR 1 STMAS DE LA PRINCESA ENA El año i8 g 5 tocaba ya á su ocaso. Rumor de batallas, amenazas de conflictos, temores justificados de nuevas guerras, todo se unía para entenebrecer aquel crepúsculo. Los Estados Unidos, no contentos con alentar la insu- ñará que, en medio de tanto quebradero de cabeza. Ja venerable reina Victoria gustara rodearse de la alegría de sus nietos y se complaciera en acogerse á la intimidad de su palacio de Osborne, donde los juegos y las risas de los cuatro hijos de la princesa Beatriz y los dos de la duquesa de Albany la garantizaban largos ratos de higiénico esparcimiento del espíritu? En Osborne, por tanto, se instaló S. M desde el 18 de Diciembre, y allí, como todas las Navidades, se dispuso á celebrar en familia las festividades de Pascuas. Y en verdad que, á no ser por las contrariedades de la gobernación de su Imperio, Victoria podía prometerse muy agradables hohdays. No sólo no tenía que lamentar ningún grave contratiempo reciente en su dilatadísima familia, sino que por dichosa coincidencia, hasta la fecha del 14 de Diciembre, aniversario de dos les obsequió la Reina con los sabrosos frutos de sus ramas! La princesa Beatriz, secundando generosas iniciativas de su madre, se puso al frente de una sociedad de señoras de la isla, y en Carisbrooke Castle repartió con ellas entre los pobres trajes y abrigos. Y de los inevitables boar s head, grame pie y barón of beef q u e cual de rigor, figuraban sobre las mesas del comedor real el día de Pascua, no dejaron de gustar los más inmediatos servidores de la Reina, que se complacía en conservar en tot no suyo las viejas tradiciones del país. Faltaba, sí, y bien que le echaban de menos, en aquel interior de familia una figura que, desde años atrás, era en él capitalísima: la del príncipe Enrique de Battenberg, quien precisamente el mismo día de Pascua desembarcaba del Coromandel en Cape Coast. Desde allí, agregado al mixed batlahon del T C. Stopford,