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HANO TRES. NU MERO 353. C: RÓ NICA UN 1 V ERSAL LUSTR; IDA. tero Ríos con la insistente renuncia del cargo de delegado de España en la Conferencia de Algeciras, soltura de amarras para ponerse en franquía, todo ocasionaba que los hombres cautelosos presintiesen una contrariedad, cuando por ser más apremiante el plazo habría de ser menos desembarazada la situación del Ministerio. Los accidentes de ayer han justificado la cautela, y al mismo tiempo han dado la razón á los que afirman que el actual Parlamento no. consiente por su naturaleza ninguna obra seria y sólida de gobierno y que hay que ir necesariamente, fatalmente á su disolución. Va resultando mucho parecido entre esta situación liberal y la conservadora en 1903. Entonces, como ahora, el apremio para la aprobación de los presupuestos era irresistible; entonces hizo el milagro el Sr. Maura, como ahora parece hacerlo el Sr. Moret; entonces habría fra- casado en el empeño el Sr. Villaverde, como ahora hubiera sucumbido el señor Montero Ríos. Pero, los recelosos aseguran haber para el Gobierno y para su jefe tendida una red de arterías, en que pueden quedar envueltos. Entonces no la hubo. Ahora en todo accidente parlamentario se cree ver la señal de la consabida red. La fuerza con que el Sr. Maura entró en el año 1904 á la cabeza del Gobierno procedía en gran parte de haber dado felizmente cima á la ardua empresa. El recelo de que se intente impedir que el Sr. Moret entre en condiciones semejantes en el año 1906 ofrece natural explicación. MANUEL TROYANÓ 1 ÍMADR ID, 3 o DE DICIEMLBF I E DE 1905. r Í Ú J ¡VIE; RO SUELTO 5 CÉ NS. fausto motivo próximo y de la manera de cobrar las pesetas que debe la empresa de la Plaza. Total de asuntos á tratar en la sesión de ayer: dos corridas. De los Cuerpos colegisladores, el Senado discutió parte de ¡os presupuestos á paso de carga. De carga de ¡a que va á sufrir el país con la nueva ley. Esta discusión á escape sirve para que no se diga de los pobrecitos viejos que no saben correr si llega el caso. En el Congreso no hubo de notable más que un discurso que á última hora pronunció el Sr. Moret. Un bello discurso. A falta de pan buenas son las bellezas. Marchó á Barcelona el general Martitegui, despidiéndole muchos militares de uniforme y todos los villaverdistas. Estos no iban de uniforme por haberse deshecho de él. No piensan que vuelva ocasión de ponérsele otra vez. Se verificó el entierro de una joven y pobre artista, Luz García Senra, que hace dos años, con el famoso tango del cangrejo, hizo desternillarse de risa á los madrileños que ayer no se han acordado de ella. Y no pasó más, porque ni siquiera los presupuestos logró hacer pasar el G o bierno, como quería, en el Senado. AEMECH Por sus excelentes fotograbados- -no igualados hasta ahora por ningún otro diario; -por su independencia política y cuidadosas informaciones de todos los sucesos de actualidad; por su inmejorable servicio telegráfico y extraordinaria baratura (5 céntimos el ejemplar) M B C ha ocupado desde su primer número lugar tan preferente entre la Prensa española de gran circulación, que el término medio de su tirada durante el mes actual, alcanza la importante cifra de 3o5.ooo ejemplares. Q r a n día el de ayer para las mujeres madrileñas, curiosas por no desmentir el sexo y admiradoras de todo lo palatino. Se abrieron las puertas á todas las que dispusieron de influencia para obtener una tarjeta de Mayordomía, y allá se fueron, felices y presurosas, á ver el trousseau de la Infanta. Trajes, sombreros, alhajas, preparativos de boda... ¡qué mayor aliciente para el sexo bello! Hubo mucho orden; pero lo mismo hubiera sido. Ordenada ó desordenadamente habría entrado en Palacio el ejército femenino sitiador. El Ayuntamiento celebró su última seMabía á pesar de todo ello quien no sión. El actual; que, jay! otro espera echaba cuentas tan galanas. La travesía para sucederle. Uno de Jos acuerdos fue por el Senado había de hacerse entre es- el de echar ¡os muertos sobre ¡a futura colleras. En las más peligrosas de ésta se Corporación; esto es, dejar que ella renotaba ya ía espuma de las alborotadas suelva lo de la Necrópolis del Este. Tamolas. La fuerza de los inonteristas en la bién se ocupó de los pozos negros. Como alta Cámara; algunas manifestaciones sin- se ve, una sesión alegre, fragante y pertomáticas, como la arremetida, más furio- fumada como una rosa. sa que acertada, del Sr. Calbetón al miLa Diputación también se reunió para nistro de Hacienda; la carta del Sr. Mon- hablar de la corrida que se píepara con Al terminar la prorrogada sesión del Congreso el jueves á las diez y media de la noche hubo de parecer que el Gobierno podía al fin respirar. Había salido de la accidentada y áspera angostura adonde fatalmente desde hace años vienen á dar los Gobiernos: el debate de los presupuestos, cuando se halla próximo á cumplirse el plazo constitucional para la aprobación de los mismos. Los diputados de las minorías habían tomado muy en consideración ¡os graves trastornos, que en la economía nacional podría producir la necesidad déla cobranza de tributos no votados por las Cortes. No obstante los radicalismos de las oposiciones extremas, el patriotismo y el buen sentido se habían impuesto al espíritu de facción y de secta, y donde la obstrucción hubiera sido tan fácil no se había presentado. Parecía, pues, ante ¡a votación del jueves, que e ¡Gobierno del Sr. Moret podía respirar. El mayor obstáculo estaba salvado. El otro Cuerpo colegislador, donde la pasión no levanta oleaje, no habría de ofrecer peligros para la normal terminación del asunto. Ya no había más que hacer, sino esperar quince días para entrar en una discusión política, que aclarara el nebuloso estado de cosas, levantase los corazones y ofreciese la necesaria y deseada orientación á! a opinión pú- CAUTELA EXPLI CABLE IMPRESIONES PARLAMENTAR! AS A M E N A T A R D E Varías y pintorescas cosas han ocurrido en el Congreso de of diputados en la tarde de ayer. Ante todo, hemos visto al Sr. Amos Salvador hacer su entrada en el hemiciclo vistiendo un brillante, refulgente, uniforme de ministro. Absortos nos hallábamos nosotros ante este agradable espectáculo, cuando un ujier nos ha tocado ligeramente en la espalda y nos ha preguntado: ¿El Sr. Azorín? Servidor hemos contestado nosotros. Entonces el ujier nos ha alargado un diminuto papel y nos ha dicho: Un ssñor diputado me ha entregado este pape i para usted Hemos tomado el papel con cierto recelo, lo hemos desdoblado y hemos leído llenos de estupefacción las siguientes palabras. Señor Azorín: el ministro D Amos Salvador está con pantalón de paisano y sin espadín No traía firma ninguna este papel; la letra era desconocida para nosotros y trazada con lápiz azul. Y nosotros, cuando hemos acabado de leer estas palabras, hemos dirigido la vista hacia el Sr. Salvador. Efectivamente, este señor Salvador, dándonos una prueba de llaneza, de familiaridad, se había venido á la Cámara con un prosaico pantalón (que hacía un bizarro contraste con la bordada casaca) y sin el indispensable, el ineludible espadín. El señor Salvador se hallaba detrás de! pupitre ministerial hablando y sonriendo; no veíamos sus pies; esto nos contrariaba un poco. ¿Había venido también el Sr. Salvador con zapatillas al seno de la Representación nacional? No hemos podido averiguarlo. Y esta simplicidad, esta amable desenvoltura del señcr ministro de Hacien-