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H A N O TRES, NUMERO 35 J. CRÓ- g MADRJD, 28 DE DICIEMBRE DE i9o5. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS. NICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. te, traen consigo ese pernicioso efecto. Poco rígido el Jurado no siente esas culpas con la intensidad necesaria. Estará, pues, justificado el establecimiento fTERMINOS DE ¿Cuál procedimien- de una penalidad más concreta y más RAZON to parece en el asun- dura y la sujeción de dichos delitos al to, que hoy preocupa los ánimos, más idó- tribunal de derecho, más riguroso en sus neo, más prudente, más útil: el que saca fallos y donde es factible aumentar la toda la cuestión á la superficie y la expone presión según las necesidades de gobierá una irritante claridad, ó el que la deja en no mediante el ministerio fiscal. Un prosuave penumbra, hasta dar con una con- yecto de ley que determinara con seveciliadora solución? La franqueza, como ridad la sanción, que se ha de imponer á excitante de la pasión que pueda ofuscar los delitos contra el Ejército y contra la el ánimo y torcer el criterio, no es se- Patria, y que los sometiera á los tribuguramente más. beneficiosa que la cir- nales de Derecho, sería perfectamente, cunspección, aun cuando los violentos rápidamente viable, sia menoscabo de llamen á ésta, hipocresía. La pasión lógica del régimen y de la dignidad del exacerbada es el peor ambiente para el Parlamento. Otra cosa equivaldría á imjuicio, cuya serenidad se trata de conser- posición inadmisible, que haría del Ejérvar, como la primera condición de acierto. cito juez y parte en tales asuntos. Estas verdades sencillas, triviales, proAsí se presenta éste en términos de vechosísimas no pueden ser hoy dadas al razón; así tal vez lo trata el ministro de olvido por ningún género de motivos, ni Gracia y Justicia que lo estudia, como de pretextos, si con rectitud se quiere dijo ayer el de la Guerra en el Senado. actuar. La razón prevalece, cuando no se la deja Buscando en el terreno de la razón con de la mano, y se la defiende y liberta de fcuen deseo, siempre se halla lo conve- los estragos de la pasión, que es quien niente. Y en ese terreno encontramos complica y empeora un tal orden de que la cuestión ventilada ha tenido, en cuestiones. En cambio, aquélla, si se le su arranque, propicia el alma popular. vuelve la espalda, acaba, más ó menos El sentimiento de patria y de corpora- pronto, por vengarse; porque la vida ción tenaz y brutalmente herido con im- tiene más lógica que lo que aparece. punidad ha buscado la sanción del agraMANUEL TROYANO vio jistemático, del ataque sañudo y maligno y del golpe alevoso y anhela porque tal sanción se afirme con normalidad. Hasta aquí la demanda es justa, y la justicia debe ser siempre el alma de la p u é el día de ayer esencialmente políley. Pero la ley de cr también protico. La atención pública estuvo en porción, medida, y u ua exigencia diri- ambas Cámaras. En el Senado, donde gida á hacerla descompasada será con- Montero Ríos se las mantuvo firmes con traria á su naturaleza. En un estado el ministro de la Guerra en eso de la suconsíitucionalmente democrático la des- premacía del poder civil y donde Moret proporción legal es una morbosa aberra- acreditó una vez más sus buenos oficios ción del sentido jurídico, y los órganos de peón de brega. En el Congreso, que libres de ella habrán de resistirla. Por escuchó primeramente con paciencia adeso hoy, en el poder legislativo, á la mirable á un señor de la propia Sevilla, derecha como á la izquierda, en la mon- porque los sevillanos son así; los que sataña, como en la llanura, es resolución len graciosos, lo son de verdad; ¡os que. firme y cerrada la de no aceptar la ex- salen pesados, ¡el d ¿abio que los aguante! tensión del fuero de guerra á delitos, que después, al mayestático Salmerón, y, en la normalidad no le han estado nunca finalmente, al ilustre presidente del Consometidos. sejo, que nos contó cosas nuevas é intePero, nadie desconoce tampoco que resantes, entre otras, que hemos estado á entre esos extremos, de cuya radical punto de ser invadidos por los ingleses oposición puede surgir el conflicto, hay sin darnos cuenta de ello. Tantas cosas puntos de razón, donde la buena voluntad nos van invadiendo sin advertirlas, que la logrará la avenencia. Señalaba esos pun- noticia, con ser de sensación, no ha de tos, apenas se planteó la dificultad, un darnos frío ni calor. hombre de los más clarividentes y de En la Bolsa hubo pánico y baja al samás elevado y amplio espíritu de cuantos ber el proyectito de articulado de los figuran en la política española, y decía: presupuestos que llevó al Congreso el mi No cabe duda de que los delitos ori- nistro de Hacienda. El proyecto, más gen de la procelosa marejada, que son que obra de un Salvador, parecía por los cometidos con frecuencia, especialmente efectos que produjo la de un ángel expor los catalanistas, suelen alcanzar la terminador. impunidad. La penalidad deficiente y las El Rey se marchó á cazar á Santa Cruz blanduras del tribunal á que se les some- de Múdela. Las cacerías están de moda. POLÍTICA Los diputados residentes en Madrid se dedican estos días á cazar alcaldías para los pueblos de sus respectivos distrilos en el coto redondo de Gobernación, donde hay víveres repletos de caza. Hay cazadores que ni con hurón logran que arranque una pieza. La crónica menuda dio poco de sh un caballero agredido en plena calle Alcalá, y sin que se sepa por quién, para que se vea que aquí lo mismo puede á uno caerle la lotería que una paliza cuando menos se lo piensa; un vivo que en una casa de préstamos hurtó una sortija y salió corriendo, sin contar que su víctima corría más que él, y nada más. Mucha animación para celebrar el día de hoy, los Santos Inocentes, en España fiesta nacional. AEMECE IMPRESIONES PARLAMENTARIAS I 1 G E R A S V A- El Sr. Montes Sierra GUEDADES se halla de pie ante su escaño; se había hablado en la Cámara en tardes anteriores de los sucesos de Sevilla; el señor Montes Sierra no se encontraba entonces en el Congreso. Y ayer el Sr. Montes Sierra iba á contarnos otra vez lo ocurrido en la bella ciudad y á poner las cosas en su punto. Y el Sr. Montes Sierra se proponía ser muy breve; nosotros cuando un orador anuncia á la Cámara que se propone ser muy breve, experimentamos una vaga inquietud. Ante todo, ei Sr. Montes Sierra ha de protestar de una afirmación hecha por el Sr. Rodríguez de la Borbolla; este señor dijo que la amistad de! señor Montes Sierra era peligrosa Nada más falso; la amistad del Sr. Montes Sierra no es peligrosa. Si lo fuera- -dice el Sr. Montes Sierra- -esto supondría que el solo hecho de acercarse á mí constituía un delito. Y ahora bien, ¿quién es capaz de suponer esto? Se habla también de ios desmanes que en Sevilla cometieron las turbas; esto también es erróneo. No hubo más- -dice el Sr. Montes Sierra- -que unas cuantas piedras. Y al llegar aquí advertiremos que el orador lleva hablando trece minutos justos; ya ha expuesto el Sr. Montes Sierra todo cuanto tenía que exponer; la Cámara está un poco cansada; no es esto murmurar de la oratoria del Sr. Montes Sierra... Y el Sr. Montes Sierra da una gran voz y dice: Voy á terminar, señores diputados Cuando un orador nos anuncia que va á terminar, nosotros sentimos el mismo ligero recelo que cuando le oímos decir que va á ser breve. El Sr. Montes Sierra va á concluir; pero esto no es obstáculo para que continse hablando otros diez minutos. Y sin embargo, el Sr. Montes Sierra es evidente que ha de terminar. No tengo más que decir exclama dando otra gran voz el Sr. Montes Sierra. Y aunque el orador, según esta confesión, no tiene más que decir, sigue hablando durante otros diez minutos. Al cabo de ellos, el señor Montes Sierra torna á gritar: rEstos son los hechos, yo por mi parte no digo más Lanzamos un ligero suspiro; creemos que el señor Montes Sierra va, en efecto, á dar por concluso su discurso; pero sin duda al orador se