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A B C MIÉRCOLES ny DE DICIEMBRE DE i 9 o5. PAG. EDICIÓN go, el Sr. Silvela no podía menos de realizar esta empresa que ahora realiza. Hubo un tiempo- -nos dice el Sr. Silvela- -en que yo tuve la esperanza d que ei Sr. Montero Ríos no aceptase el nombramiento; desgraciadamente- -añade el Sr. Silvela con profundo desaliento; -desgraciadamente ya no puedo tener esa esperanza. Todos acabáis de oir al presidente del Consejo. Y esto es altamente lamentable. Nadie puede renegar de su historia- -dice el Sr. Silvela; ¿cómo el Sr. Montero Ríos va á renegar de la suya? No puede renegar el Sr. Montero fy os de su historia. ¿No sabemos también, aparte de esto, que el Sr. Montero Ríos fue á París con el convencimiento del vencido? Unos párrafos de una conferencia dada por el Sr. Montero Ríos en el Circulo Mercantil lo demuestran; el Sr. Silvela los lee. ¿Ignoramos acaso que el Sr Montero Ríos no sabía la significación que tiene la palabra controle? El Sr. Silvela echa mano de unjrecio infolio y lee también lo que significa controle en francés, en inglés, en italiano, en alemán y en portugués. Siendo esto evidente, como loes, ¿de qu suerte vamos á confiar al Sr. Montero Ríos la presidencia de la dieta de Algeciras? Y no es esto sólo: la conducta del Sr. Montero Ríos recientemente, á su paso por el Poder, no puede ser más desatentada. ¿Es que no sabe todo el mundo- -grita exaltado el Sr. Srlvela- -que el día que se discuiió la supensión de las garantías el Sr. Montero Ríos estaba en su despacho del Senado y no quiso venir aquí? El Sr. Silvela está logrando un éxito envidiable ¡Cuando se tienen tristezas tan grandes como las que- tiene el señor Montero Ríos- -exclama el Sr. Silvela en un arranque grandilocuente, -no debe apetecerse la cumbre dorada por la luz de la aurora y del sol poniente, sino la hondura del valle donde las sombras se espesan! Los seis cornupetos no han hecho más que cumplir medianamente. Fuentes quedó bien toreando y matando; banderilleó superiormente. Bombita tuvo una buena tarde, siendo muy aplaudido. La entrada, muy buena. Decir lo que ha dicho en el Congreso el ministro de Marina sólo puede servir para alejar de la opinión española aquella envidiable y serena confianza que la opinión inglesa otorga á sus marinos, y que recuerda la señal de NeP son á sus barcos al romper el fuego en Trafalgar. Inglaterra espera que cada uno haga su deber. Hay deberes más difíciles que el de arrostrar la muerte en un combate. JENARO ALAS LA PÉRDIDA DEL CISNEROS omprendo, y hasta comparto, el enojo del general de la Armada, Sr. Concas, al tener que contestar en serio á incongruencias y profanidades en. materia tan delicada como es el naufragio de un buque de guerra. Pero el único medio de evitar que los sastres de El Escorial critiquen los ángulos, es que la opinión tenga seguridad de que los han de criticar, como Dios manda, los arquitectos. X A las cuatro y media de la tarde del i3 de Octubre último (quince días antes de la pérdida del Cardenal Cisneros) se iba á pique en un fondeadero de la bahía de Tetuán el buque- taller Assistance, de la escuadra inglesa del Atlántico. En la primera semana de Diciembre ya se había hecho lo siguiente: un Consejo de guerra celebrado en Gibraltar había absuelto al comandante del Jlssistance; el tribunal de almirantes, no conforme con el inferior, reformó la sentencia, y además- de amonestar severamente al citado comandante, impuso castigos á los capitanes de otros cuatro buques- de guerra fondeados cerca del naufragado, y á varios oficiales de esos buques, por negligencia en el servicio (no tener vapor en el momento del siniestro) y censura al almirante de la escuadra por la mala elección de fondeadero. LAS NOCHES DEL REAL I lena la sala, como correspondía á función de segundo turno, y con ganas de hablar la gente después de dos días de fiesta, cundió la murmuración. Se habló de una ceremonia de cruzamiento verificada recientemente, aunque llegó á creerse que cuando menos se aplazaría por lo complicados que resultaron los preparativos. Una influencia decisiva é inapelable lo allanó todo y no quedó más que el comentario, que sigue en pie. Se habló también del último rasgo de la marquesa de Squilache, que todo el mundo alaba y aplaude como merece, y á este propósito y como explicación de esos arranques espléndidos y caritativos de la egregia dama, se recordaba una frase suya que la retrata: Me he 1 propuesto ser en vida mi propia testamen- taria. Se aseguró que el segundo premio del último sorteo de lotería, ó cuando menos una parte de él, cuyo billete no se sabe dónde esta, ha correspondido á un marqués muy conocido en Madrid, donde reside, aunque es oriundo y tiene propiedades y hasta vecindad en una provincia andaluza, que pudiera ser la de Jaén; pero que oculta el favor que ha recibido de la suerte para ahorrarse murgas... y sablazos. Se comentó una conversación muy viva, sostenida en un palco, de la cual observó el pú- i blico gestos y actitudes y percibió rumores que le hicieron atribuir el origen de la discu- sión á una reciente fiesta aristocrática. También se murmuró de política y se afirmó que reinan vientos bélicos que nada nuevo auguran para la vida del actual Gobierno y del actual Parlamento. Se supo que Paoli debuta el sábado con Hugonotes. ¡Ah! Y se aplaudió mucho la. interpretación de Mefislofele. El maestro Vítale obtuvo un nuevo triunfo en toda la obra, y especialmente en el prólogo, cuya última parte fue repetida. La bellísima Pasini alcanzó ovaciones merecidísimas en el aria de la cárcel y en la escena de Grecia, que dijo maravillosamente. El cuarteto del jardín, muy bien cantado; fue aplaudido con entusiasmo y llamados á escena sus intérpretes Sra. Pasíni, Srta. Torretta y señores Bassi y Rossato, todos los cuales estu- j vieron muy afortunados, dejando al público satisfecho. -C ¿Qué hemos de añadir nosotros á estas palatoras? El Sr. Moret al contestar, al Sr. Silvela manifestaba estar poseído de una profunda tristeza; su voz temblaba ligeramente. Yo, señores diputados- -decía el Sr. Moret- -siento una profunda tristeza por lo que acaba de hacer el Sr. Silvela. Yo le he conocido en, la Universidad; yo me he honrado siempre con la amistad de toda la familia, Y os diré- -añadía el Sr. Moret conv gesto compungido; -y os diré que, francamente, yo esperaba otra cosa del Sr. Silvela El Sr. Silvela ha estado injusto con el Sr. Montero Ríos. Las personalidades- -dice el Sr. Moret- -desaparecen en la historia; sólo quedan los Gobiernos responsables v las naciones que sufren las consecuencias ¿Cómo puede el Sr. Silvela- -exclama luego el orador- -lanzarse á esa empresa con tan ligero bagaje? Hace ya mucho tiempo que sucedió lo de París. El señor Montero Ríos- -añade el Sr. Moret- -representa el máximum de fuerza, de ilustración y de conocimiento que, nosotros podemos enviar á Algeciras Hemos mirado al señor Moret un tanto perplejos; el Sr. Moret prosigue hablando. Y además- -dice- -piense la Cámara si es el momento éste el más oportuno ara hablar de este asunto. ¡Piense- -agrega en tono patético- -si es en la víspera de la batalla cuando se ha de hacer perder su prestigio á un general! Suenan unos tibios aplausos. Todos, quedamos plenamente convencidos. Y esto es lo que hemos sacado en limpio de la sesión de ayer tarde: una indignación terrible del Sr. Silvela y una profunda tristeza del Sr. Moret ante esta indignación. AZORIN X kTo tomo la oportunísima comparación- -y perdóneseme la modestia- -por el lado de la severidad, pues estoy muy lejos de creer que en el naufragio del Cardenal Cisneros haya tenido parte la negligencia en el servicio; á lo que yo voy es á que esta vez, como siempre, en un breve plazo la opinión inglesa está ya al corriente de lo ocurrido, estudiado y revisado nada menos que por dos tribunales técnicos; que la opinión está satisfecha de que en el Cuerpo de la Armada inglesa sigue imperando el principio de que el interés nacional está muy por encima del compañerismo y de las susceptibilidades de profesión y jerarquía; en una palabra, se sabe en Inglaterra que los marinos tienen, además de la competencia, la voluntad para juzgar en casos profesionales. Siendo eso así, no haya miedo que un ministro de Marina inglés esté expuesto á ciertas- interpelaciones parlamentarias. X fí quí, en un plazo algo mayor que el del Jlssisiance, aún no sabemos nada oficial; y, francamente, la opinión no duda de la competencia de los que han de enterarla; pero duda de otras cosas, que dichas quedan. Y tiene razón para dudar; razón de experiencia y por añadidura, el discurso de! ministro de Marina, en el que se sienta la peregrina teoría de que los buques de guerra se hacen para perderse, y en el que se sostiene á un tiempo que la oficialidad del Cardenal Cisneros cumplió su deber, y que la dirección de Hidrografía cumplido tenía el suyo. Los buques de guerra no se hacen para perderse aunque pueden perderse con gloria, como el que en Santiago se hundió bajo el capitán Concas. En la pérdida del Cardenal Cisneros la disyuntiva racional, por encima de toda investigación y conclusión profesional, es: error (ó descuido) de la oficialidad, ó situación atrasada del servicio de Car í éjico, 25 (Vía cable 1 Bilbao. Ésta tarde tas hidrográficas; que no han de servir las mis se hanjidiado seis toros de PiedrasJVe- mas para calados de tres ó cuatro metros, que para los de seis ó siete. gra, estoauiando Fuentes y Bombita. K L PROCESO DE LOS ANT 1 MILITARISTAS POR TELÉGRAFO TOROS EN MÉJICO Parts, 26, 8 n. En la Audiencia provincia? ha comenzado hoy la vista de la causa incoada contra los antimilitaristas, Se han presentado libremente veintiocho acusados. Han sido procesados por haber publicado pasquines antimilitaristas, que fueron fijados en París en los primeros días del pasado mes de Octubre. Los testigos son muy numerosos. Los debates ocuparán varias sesiones. No se ha producido incidente alguno. Terminado hoy el interrogatorio de los acusados, mañana comenzará el desfile de testigos. iMnimlHinr gíinrn