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A B C MARTES 19 DE DICIEMBRE DE T 9O5. PAG. 4. EDICIÓN i. vieron á reunirse patronos y obreros, conviniendo, por mutua conformidad, seguir haciendo la barba al público. Es en lo único en que esrán de acuerdo. El día terminó con una fiesta aristocrática brillantísima: la celebrada anoche en el palacio Portugalete, de la duquesa viuda de Bailen, de la cual fiesta damos cuenta extensa en otro lugar. Nutrido grupo de curiosos, y sobre todo de curiosas, se agolpaba en 3 a verja del suntuoso edificio de la calle de Alcalá por ver un instante á las lujosas damas descender del carruaje... y por mofarse de la temperatura que, con todos sus rigores y toda su comitiva de catarros, reúmas, grippes y pulmonías, no puede absolutamente nada contra la poderosa é irreductible curiosidad femenina. ¡Cuánto heroísmo malrotado! AEMECE Y hay más aún: el procedimiento que se había de seguir para tramitar el expediente- -dice el orador- -estaba acordado mucho antes de er aprobada, sancionada la ley. De modo que la ley- -añade el Sr. Osma- -entraba en funciones, concediendo que pudiera ser aplicada á este caso, cuando ya no podía ser aplicada. Y ¿no podía creerse por un exceso de suspicacia, que á parte de todo y aun dando por buena la ley, -esa ley fue presentada al Congreso por el Sr. Osma teniendo ya puesta la mira en lo que habría de suceder? Yo contestaré á esto- -dice el orador- -que precisamente yo fui requerido para presentar esa ley por un diputado que es hoy jefe de una minoría, una de ías minorías más compactas de ia Cámara, y cuyo nombre no quiero pronunciar. Al decir esto el orador se establece un profundo, denso silencio en la Cámara. Y yo añadiré- -prosigue el Sr. Osma- -que días antes de la presentación de la ley, me había visitado en el ministerio la Junta directiva de la Cámara de Comercio de Madrid para instarme á que presentara la ley a! Parlamento. Corren por los escaños murmullos de asentimiento, de aprobación. Y el Sr. Osma, luego de hacer una breve recapitulación de los hechos expuestos, termina diciendo que ante lo que él ha expuesto el sábado en la Cámara y ante lo que erróneamente ha afirmado un periódico, sólo hay un dilema... Y al llegar aquí el orador, se produce un movimiento de excitación en la minoría conservadora. ¡No. no! se grita. ¡No hay dilema, no hay dilema! -clama enérgicamente el señor Maura. ¡No hay más que la protesta de las conciencias honradas! Y el Sr. Osma, restablecida la calma, añade lenta, suavemente: Sí hay dilema: los que al salir de la sesión del sábado y dar luego cuenta de ella, ¿se han enterado de la verdad? Yo considero que estas cosas son despreciables. día el Sr. Soriano- ¿por qué esíe señor no niega la existencia de ia carta de su banquero en que se dice que lo que se pide es irregular? Y hay más- -añade el orador; -hay una caria del propio marqués de Cayo del Rey, con membrete del Senado y en que se dice que él envía los títulos para que tengan tiempo de estampillar. Y os diré, señores diputados- -agrega ei Sr. Soriano- -que estos títulos por un contraste curiosísimo son los mismos que el marqués depositó en el Senado para justificar su renta de senador. Largos, clamorosos murmullos siguen á estas palabras; en la Cámara hay una ansiedad profunda; ni una palabra se pierde de las sencillas, persuasivas, elocuentes que el Sr. Soriano va pronunciando. Y no es esto sólo- -añade el Sr. Soriano- -aquí tengo el recibo del Crédito Lyonés relativo á los títulos. Y el Sr. Soriano, que agita un papel, comienza á leer en medio de la atención general: Recibido de su excelencia D. Justo San Miguel... Y todavía hay más- -agrega el orador; -aquí tengo también las pruebas de todas las operaciones realizadas... Diremos también que el Sr. Soriano ha hablado de unas carias amenazadoras del marqués de Cayo del Rey contra su denunciante. Y el orador ha pasado á ocuparse del Sr. Osma. El Sr. Osma estaba enterado perfectamente de la denuncia; el Sr. Osma llamó repelidas veces al denunciante, y habiendo acudido éste a! ministerio habló con él. ¿No es verdad, señor Osma? -pregunta el Sr. Soriano. ¿No es verdad que S. S. habió con el denunciante y que esa conversación fue en inglés, en francés y en castellano? ¿Y no es verdad también que al ir el denunciante á descubrir el nombre del denunciado S. S se volvió colérico y dijo: ¡JVo quiero ni siquiera saber el nombre 1. ¡Cual- quiera que sea se hará justicia! Se producen murmullos en la Cámara. Eso es en abono de Osma se oye decir. Y el Sr. Soriano prosigue: Y lo extraño en este caso, es que ese expediente de denuncia, va á lo Contencioso. jY en vez de despacharse en treinta días, como, está mandado, tarda en despacharse seis meses! ¡Este es el nudo de la cuestión! -exclama el orador. ¿Por qué ese expediente no se resuelve y se pública entretanto la ley Osma? Es verdad- -añade el orador- -que se presentó la ley á las Cortes; ¡pero esa ley eran unas bases que cabían en una cuartilla y luego S. S. bordó sobre ellas toda la ley! IMPRESIONES PARLAMENTARIAS O E L A T O IMPARC 1 AL. Vamos á refle jar imparcial, desapasionadamente, cuanto ocurrió ayer tarde en la Cámara: ese es nuestro deber. Cuando el Sr. Osma se puso en pie, las tribunas y los escaños estaban repletos. El Sr. Osma comenzó lamentándose de la versión novísima dada por un periódico ministerial sobre el debate mantenido en el Congreso el sábado. El Sr. Osma pasó después á comunicarnos que otro periódico, afín de uno de los miembros del Gabinete, había publicado un editorial en que por cuatro veces se hacía una afirmación errónea... El Sr. Soriano interrumpe en este momento al orador; el orador se vuelve lentamente, con suavidad, hacia el Sr. Soriano y dice: -No me interrumpa S. S. Y no lo digo porque sus interrupciones me desconcierten, sino para que mi discurso no se alargue con digresiones. Y luego el Sr. Osma da otra media vuelta, con el mismo sosiego de antes, y sigue hablando. Y el Sr. Osma habla tranquilo, pronunciando escrupulosamente las palabras, marchando casi de sílaba en sílaba. Y su mano derecha se mueve blandamente en el aire con el pulgar y el índice formando un círculo. Decía ese periódico- -añade el orador- -que por haber puesto el Sr. Oema, es decir, yo, una ley en vigor, el senador denunciado había quedado libre de su culpa, y que merced á esa ley que yo implanté el Estado dejó de percibir las cuantiosas sumas de la multa y el denunciado pudo seguir defraudando al Estado. Esto, señores diputados, se afirma hasta cuatro veces y esto no es exacto. Y yo lo que tan sólo pido- -añade el orador- -es que se dé la versión exacta, fiel, de lo que pasa aquí. Y que cada cual añada los comentarios que le plazcan Y el Sr. Osma agrega después que fueren cuales fueren las responsabilidades del expediente de la denuncia, Ja ley puesta en vigor por él no influyó para nada en su resolución. Y a! decir esto, el orador que tenía en la mano el periódico á que aludía, lo tira hacia atrás por encima del hombro con un ligero gesto de desdén. Y ¿cómo podría haber influido la ley del señor Osma en la marcha de tal expediente? Basta, señores diputados, -dice el orador- -leer el primer párrafo de esa ley Y el orador abre lentamente un librillo de coloradas tapas y ¡ee el aludido primer párrafo en que se habla de que la ley está hecha sólo para la defraudación de aduanas, azúcar, alcohol y achicorias; ¿De qué manera se iba á aplicar esta ley- -dice el Sr. Osma- -á ¡as defraudaciones de la Deuda exterior? El Sr. Gasset ha pronunciado á seguida unas breves frases. El dijo sencillamente el sábado que dada la gravedad y complejidad de la materia debatida, era muy difícil depurar todas las responsabilidades. Por ¡o demás, si los relatos de la Prensa eran inexactos, podía pedirse, como es costumbre, una rectificación. Y ha leído un señor secretario la proposición del Sr. Soriano, han gritado varios diputados, entre las densas tinieblas: ¡luz! ¡luz! se han encendido las luces (para lo cual no debían hacer falta requerimientos) y el Sr. Soriano se ha puesto en pie. Queremos también punEn esto ha terminado el Sr. Soriano. ¿Netualizar fielmente su discurso; el lector nos cesitaremos dar cuenta de lo que ha aconteciperdonará la latitud. Este discurso y el del do después? En el extracto lo verá el lector; Sr. Osma son las dos piezas esenciales de este ya tras de todo lo dicho, la sesión ha perdido proceso. Y el Sr. Soriano ha comenzado di- importancia. El Sr. Yiesca, aludido, ha maniciendo que el Sr. Osma ha sido excesivamente festado que la resolución del Tribunal guberextenso y minucioso en su discurso y que él nativo se fundó en falta de pruebas; que el de- va á ser breve. El Sr. Soriano viste un traje nunciante se alzó de la sentencia, sin aportar claro; su corbata es roja; á su lado, sobre ei las pruebas que se le pedían, y que el Tribuna! escaño, se ve un hacinamiento formidable de confirmó dicha sentencia. Ha recomendado el notas y cuadernos. Yo deseo- -dice el señor Sr. Moret que el Parlamento desechase v Soriano- -que el Parlamento haga luz sobre proposición. El Sr. Salmerón ha entendido este asunto; yo quiero que se haga aquí justi- que e ¡Parlamento es el que debía entender en cia; yo no quiero que se diga que el Parla- el caso. Y los timbres llamando á votación mento es, no diré cómplice, pero sí último han comenzado á sonar... elemento de este expediente Y el orador ha AZORIN de comenzar antes por examinar unas cartas aparecidas en El Jmparcial. Y sobre esto, ENT 1 DERO TEATRAL la verdad es lo siguiente: el Sr. Soriano es pidió al Sr. Echegaray el expediente en cuestión; en los pasillos de la Cámara se encontró luego con el señor marqués del Baztán, antiguo amigo suyo; le preguntó este señor al diputado republicano que qué se proponía con su petición; explíceselo el Sr. Soriano; replicóle el Marqués si tendría inconveniente en examinar unos documentos relativos al asumo; contestó el Sr. Soriano que no, y cuando días más tarde le fueron enviados, el Sr. Soriano que vio qae no tenían Interés ninguno, los devolvió. Y nada más. En cuanto á la carta del marqués de Cayo de! fley- -ana- DEL DÍA -Ha hecho muy bien la Sociedad de Autores saliendo á la defensa de los intereses de Galdós, y por su gallarda actitud hay qae felicitarla. ¿Pues qué ha ocurrido? ¡Cosas de Moraleda, querido! El propietario del teatro de la Princesa se opuso á que se representara Electra, porque al hombre no le gusta, por lo visto, que Is traten mal á Pantoja, y Sociedad de Autores ha acordado virilmír e retirar el repertorio á todas üai compañías ue allí actúen, si ei dueño de aquel