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A B C LUNES 18 DE DICIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 8. EDICIÓN i. bigote negro y recortado á la moda de Espartero; brillantes y movedizos los ojos pequeños y burlones, que sabían decir muchas cosas en silencio, inquiriendo y escudriñando detalles y fisonomías. Si era un niño el paciente, le examinaba pronto y bien, sin entretenerse en sobos prolongados á propósito para alucinar la galería, fingiendo un falso interés por el pequeñuelo, y volviéndose de repente, decía con firme seguridad lo que pensaba, ordenando lo que creía indicado, sin parapetarse en argumentos interminables, con la noble rudeza del que no gusta de medias palabras, las cuales salían de su boca con la rapidez de una perdigonada. A veces sus frases parecían manotadas que, fustigando á las comadres y anonadándolas, destruían errores y preocupaciones fatales para la infancia. Su sátira escocía sin enconar. No había medio de replicarle. Al mismo tiempo que daba un caramelo al enfermito, llenaba de amarguras ó de dulces esperanzas el cáliz que el amor materno le tendía con mano temblorosa, saliendo de la habitación inmutable, al parecer, pero siempre conmovido. Espartano en sus costumbres y en sus icios, parco en la mesa, donde fue también muy sobrio de palabra, exacto siempre, usto en toda ocasión, Benavente ocultaba una sensibilidad exquisita y sus ternuras solamente se percibían en el seno de Ja amistosa intimidad. En ella cultivaba Jas letras con verdadero amor. Puede decirse que su vocación fue literaria. Intimo amigo y médico, de pscritorei esclarecidos, mantenía con ellos corresoondencia en prosa ó verso; colaboraba asiduamente en algunos periódicos científicos, y uno de ellos, el Siglo Médico, fue víctima de una denuncia fiscal por considerar pecaminoso. un saladísimo romance de Benavente en el cual satirizaba con verdadero arte ciertos vicios sociales. Claro es que la demanda no prosperó, pues la imbecilidad del que la hizo quedó manifiesta. En cambio, entonces y ahora, ¡cuántas páginas denunciables ante la moral y el sentido común vemos en letras de mol del Benavente publicó muy poco, persuadido, ciertamente, de que en este país de analfabetos se considera delito social que os médicos escriban, pero su facilidad fue portentosa. La noche en que murió de repente, leía un drama de Shakespeare. Gustaba mucho del teatro, si bien no trasnochaba jamás. Hizo mucho bien durante su vida, procurando que nadie se enterase. Odiaba los aspavientos y expedienteos de la fría caridad oficial. Muchas veces, aJ contemplar la miseria callada de ciertos hogares, al medir ese dolor concentrado y paralizante que convierte á Jos infelices en verdaderos sonámbulos de la pobreza, pues viven alucinados, esperando Ja intervención de la suerte traída por medios milagrosos; al confortar con su presencia y sus consejos á esos pacientes del cuerpo y de la voluntad, solía enviarles misteriosamente copiosos donativos que acallaban su hambre, que acaso mantenían vivos los dorados ensueños en sus mentes, persuadido, el gran psicólogo, de que almas tan empequeñecidas necesitan como los niños el dulce engaño, pues la limosna ordinaria dada con mal gesto les hiere tan hondo que mueren rechazándola. Recordando la manera de ser y de sentir del inolvidable Benavente, he creído siempre que su espíritu revive en su hijo Jacinto. Así lo juzga también su respetable madre, que asiste conmovida á todos los estrenos, y con lágrimas de ternura ve reproducido en el Benjamín de la casa el alma paterna. Yo también me conmuevo ante sus triunfos; yo admiro su claro talento, su inagotable ingenio, su laboriosidad incesante, y le contemplo en la escena con el mismo afecto que me inspiraba cuando le encontrábamos en el largo pasillo que conducía al despacho del maestro, esbozando, sonriendo un saludo, y desapareciendo todo medrosico y ruboroso. Los libros que llevaba entonces debajo del brazo se han convertido en gloriosos laureles. EL DOCTOR FAUSTO tenido razón, porque además de ser siempre dignos de lástima los ajenos descalabros, el desequilibrio de los mercados de fuera tendría á la fuerza, tarde ó temprano, un eco en nuestras Bolsas. Después de analizar la situación tai como la vemos, lo único que podemos añadir es que deseamos de todo corazón equivocarnos. DE AGRICULTURA En la última semana s, e ha cotizado el trigo á 46 reales fanega en Rioseco; á 46,75 en Salamanca; á 47 en Barcelona; á 47,75 en Valladolid; á 48 en Medina del Campo y á 49,50 en Arévalo. La escasez de negocios en los mercados trigueros españoles continúa dominando, y ¡a falta de demanda mantiene estacionadas las cotizaciones. Los precios se sostienen firmes en los mercados castellanos y andaluces, y á esta firmeza se atribuye la calma del mercado catalán, en el que los precios de los trigos castellanos puede decirse que son nominales, pues apenas se realizan operaciones; sólo se compra algún que otro vagón á Castilla para blanquear las harinas de trigo extranjero. Tampoco los mercados extranjeros denotan mucha actividad. Aunque las nieblas que han reinado algunos días en las provincias castellanas han mantenido con exceso la humedad de los campos, que los labradores estimaban perjudicial para el arraigo de las plantas, los últimos días de buen sol han favorecido las plantaciones. M ERCADO D E TRIGOS LA SEMANA EN LA BOLSA j n Madrid, la semana pasada ha sido una se mana de calma y de relativa firmeza. Mientras en el extranjero el mercado ha sufrido bajas considerables, aquí nos hemos desentendido de Jo que sucedía fuera, perdiendo céntimos nuestro Interior, mientras perdía enteros nuestra Deuda estampillada. En resumidas cuentas, las diferencias han sido insignificantes: 20 céntimos de baja en el Interior, que valía el sábado 70,40; 5 céntimos nada más en el Amortizable, que cotizaba á 98,45; un duro y medio en las acciones del Banco, y dos duros y medio en las de la Tabacaleraj, que se negociaban respectivamente á 424,50 y 387,53. Hasta ahora hemos conseguido aislarnos. ¿Lo lograremos siempre? Esa es la incógnita. Si los movimientos en el extranjero no son bruscos; si no se producen varios pánicos seguidos, aquí podremos mantenernos; en cambio, si surge un J rack en las Bolsas europeas, sufriremos de rechazo sus consecuencias. En París ha seguido interviniendo en el mercado la alta Banca, interesada en que la baja no tome exageradas proporciones; pero también ha seguido contrariando sus esfuerzos la gran masa formada por los pequeños. Al final de la semana nos encontramos de nuevo con diferencias considerables: el 4 por 100 ruso pierde 4 enteros; nuestro Exterior, muy cerca de 1 por 100; 32 céntimos la renta francesa, teniendo en cuenta el cupón que cortó el sábado; 47 céntimos el turco; 6 francos el Ríotinto; de 8 á 10 francos la mayoría de las minas del Transvaal. Como por estas cifras pueden ver nuestros lectores, la liquidación de quincena ha sido desastrosa. Las dobles, además, han sido caras. Se respira un ambiente de desconfianza y de desaliento que puede acarrear graves males si no varían las circunstancias. Pero ¿es posible que varíen? ¡La situación es cada día peor en Rusia, y Francia posee ocho mil millones de valores rusos! Las Bolsas pueden ir algún tiempo contra la corriente, pero á la larga la lógica se impone siempre en ellas. Cuanto sucede demuestra que no nos equivocábamos, hace ocho días, al profetizar próximas catástrofes financieras. Sentimos haber DE SOCIEDAD Recientemente se ha verificado en la Embajada de Italia uno de los espléndidos banquetes con que los Sres. de Silvestrelli acostumbran á obsequiar al Cuerpo diplomático y á algunas personas de la sociedad madrileña. A él asistieron el Sr. Moret, su señora é hija soltera; el Sr. Gasset, el marqués de ¡a Vega de Armijo, los marqueses de Herrera, el ministro del Japón Sr. Shiro Akabané, ios Sres. de Heredia, los vizcondes de CornulierLuciniére, los barones de Senden, monseñor Hichs Beack y los Sres. Cambiogio, F de Heredia, Halphen, Pina y Antón. Mad. Silvestrelli hizo los honores con la amabilidad acostumbrada. En breve comenzarán en la elegante casa de los marqueses de Villalba las recepciones de los sábados. Se ha celebrado en el Casino de Madrid junta general para la provisión de cargos de la directiva. Del escrutinio resultó elegida la candidatura presentada, y en su virtud reeligiese como presidente al conde de Malladas, que tantas simpatías goza, y para cubrir los cargos vacantes fueron elegidos el general Hore y D Calixto Rodríguez, directores; don Feliciano Salavervía, contador, y D Juan de Ortueta depositario. A la comida que dio el viernes la marquesa de Squilachc asistieron el ministro de la Guerra, general Luque, su señora y su hija; el gobernador militar de Madrid, genera Echagüe, y la condesa del Serrallo: la condesa de Caudrlla, la condesa de Penal ver, el capitán general Primo de Rivera, el general Ordóñez, el marqués de Guadalerzas, y los Sres. Loygorri y Escalera. La marquesa vestía una elegantísima taeíitte. Después de terminadas las comidas, acudieron muchas distinguidas personas, formándose ani mados partidos de tresillo.