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A B C LUNES 18 DE DICIEMBRE DE IQO 5. PAG. 5. EDICIÓN 1. I TEATRO. CAPITULO XXVI. su carrera política, dependían de que nin- el secretario preparaba á la hija del banEL PLACER DE LOS DIO- guna mujer se le burlaia. quero, y al saber el nombre del galán paSES. CONTINUACIÓN Y audaz con las soberbias, tímido con lideció de ira y tembló de rabia. r va de cuento: El socio principa! de una importante casa de banca veraneaba con u hija única, inocente como una tórtola, en una posesión de la costa cantábrica, muy cerca de una ciudad frecuentada en semejante estación por 5 a gente elegante y rica. Pretendía el banquero casai á su retolas humildes, dulce con las mimosas, atrevido con las coquetas, y con todas firme, galante y generoso... ¡era an enemigo te rribie! Libre, además, como el aire, no tenía familia ó no se acordaba de ella jamás. Hijo de una lavandera, cuando su madre se murió quedaron una heirnana y él sin mas amparoflue el díav lanocnc, y afaan- ¡Tare! -pensaron las otras, -ésta e otra víctima. -Sí- -confesó ella; -otra víctima soy, pero de distinto genio que las demás. ¡Yo voy á vengarme de ese hombre! -No podras. Sabe más que tú -Eso lo veremos. Y llegó en esto el propio Miguelito Atienza. Al encontrar s- 11 í á Matilde, el I tí. W J MADRID. ASPECTO QUE OFRECE ESTOS DÍAS LA PLAZA DE LA CEBADA CON MOTIVO D 6 LA. PROXlHlTJAD DE LAS PASCUAS DE NAVIDAD ño con el heredero de una casa comercial, un joven insignificante que, mas que joven, era una cifra andando, y esta pretensión había estado á punto de malograrse porque la niña se había enamorado de otro, del célebre Miguelito Atienza, y había costado un trabajo ímprobo arrancarla el pensamiento de corresponder á semejante bala perdida. Pero justamente esta bala acababa de llegar á la ciudad de la costa como secretario del Gobierno civil, y había aprovechado inmediatamente la ocasión para aprovechar de nuevo el asedio, con el propósito decidido de ngarse. ¡Vengarse, sí! Aquellas calabazas, que habían dañado su fama de conquistador irresistible, necesitaban un castigo. ¿Cuál? La conquista rápida y el abandono inmediato de la doncella. ¡Atienza tenía que ser implacable! Su aureola de Tenorio, hasta donando sin remordimiento el lastre de su hermana, él se lanzó con bríos á la lucha por la vida; listo y valiente, se metió en todas partes; hizo, como todos los audaces, una carrera brillante y rápida, y de secretario de un Gobierno civil saltaría el día menos pensado á ministro de la Corona... ¡El mundo era suyo por derecho propio! S í por derecho propio, como la senaduría de un Sr. Trujillo, mujeriego y aficionado á toros, que se encargó de echar la red por el boulevard y la playa para preparar una sorpresa á Miguelito Atienza, convidándole á almorzar en el campo con tres hembras de buena estampa, de las que se van en automóvil con cualquiera y á cualquier parte. Una de las hembras, Matilde, la más hermosa y más... inaprensiva de las tres, se enteró en el camino de la jugada que saludo se le ahogó en la garganta, y secamente, nerviosamente, gritó á los demás con voz ronca: ¡Pronto, por favor; dejadnos solo 8 un momento, señores! En cuanto se alejaron murmurando la 1 damas y los caballeros alegres, el hombre avanzó hacia la mujer y, apretándola con furia la muñeca, la dijo sordamente: ¿Sabes quién soy yo? -Sí; mi hermano Miguel. -Pues ahora mismo, sin vacilaciones, sin disculpas, te vas como puedas y donde puedas, lejos de la ciudad, lejos de España, ¡donde no sea posible que se repita este encuentro bochornoso! ¿Por qué he de irme? ¡No me voyl El que se va eres tú. ¿Quieres que te mate? -M e darías el castigo que mereces. ¿Yo?