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A B Cy D O M I N G O 17 D E DICIEMBRE D E IQO 5. PAG. 10. Las perlas son las que mejor sé falsifican hoy día, y aun á los mismos joyeros les cuesta trabajo distinguir las malas de las buenas. Así es que no es difícil llevarse muchos chascos; desagradable en los casos que hemos citado, y no sé si decir agradable, es el de aquel buen marido de posición modesta que al querer desprenderse de los culos de vaso y de los vidrios de colores que, según él, era lo que había dejado su difunta esposa, halló que eran pedrería de la más fina, con lo que disminuyó el amargo dolor que le había causado la irreparable pérdida. Hay que prevenirse mucho contra la. falsificación de joyas, pues ya dice el refrán que no es oro todo lo que reluce. -Yo quisiera unas perlas negras- -le decía una vez una parroquiana acaudalada á un experto joyero- -como las que lleva la duquesa de X. -Pues si han de ser como las de la duquesa, venga usted á la cerería. ¿Q u é me dice usted? -Lo que usted oye. De cera, y perdone usted. JOYAS FALSAS Tratarnos ayer de las alhajas de buena ley que poseen las señoras de la aristocracia de Madrid, y vamos á decir hoy algo acerca de las joyas falsas que se deslizan entre las buenas como los melocotones picados de que habla el personaje de la famosa comedia de Dumas hijo, Demi- monde. En la falsificación de joyas se ha llegado á un grado de perfección verdaderamente notable. Cuando murió un famoso cardenal arzobispo, se encontraron sus herederos con la dolorosa sorpresa de que todas las piedras de sus pectorales, de sus placas y hasta de las insignias del Toisón de oro, eran falsas. ¿Cómo puede ser esto, decían los afligidos herederos, si todas estas joyas son regalos de reyes, de infantes, de personajes de alta alcurnia? Pero no había más remedio que rendirse á ¡a realidad; las piedras eran falsas, y sin duda habían ido lentamente sucediendo á las buenas. Se hacía el inventario de Jas joyas de tina gran dama que brilló mucho en Madrid y dijo el tasador: ¡Un brazalete de oro con piedras falsas! ¿Cómo falsas? exclamaron indignados los de la familia, si ese brazalete es un regalo del Emperador. S e r á todo lo que ustedes quieran, replicó el tasador, que era el honrado y competentísimo Martínez de la calle del Carmen. Pero yo afirmo que estas piedras son más falsas que Judas. Y falsas y todo, se habían lucido mu- CUENTO BATURRO D. SEGIS. -POR FIN, ¿LE GUSTA A USTED LA TAZA? 0 PEPJB. -SI; PERO ME GUSTARÍA MAS CON EL ASA A LA IZQUIERDA; De Gedeón. cho. Se compran en la joyería de Palais Royal, de París, por quinientos francos, collares de perlas que se lucen en M a drid como si fueran del propio Golconda ó del mismísimo Ceylán. Hay varios ejemplares que se lucen hasta en las recepciones de Palacio. Un famoso aderezo de esmeraldas que desde regiones augustas había bajado á blancas pero no muy cuidadosas manos, fue y vino tantas veces de París á Madrid y de Madrid á Peñaranda, que cuando quisieron rescatarle dos damas de ía aristocracia, las dijeron sus joyeros: -Tengan ustedes mucho cuidado, pues entre las esmeraldas auténticas se han mezclado muchas de ful, y el aderezo está que nadie le conoce. UN. MADRILEÑO MI ai UISRALTAR. LA ESCUADRA INGLESA DEL ATLÁNTICO FONDEADA DELANTE DEL PUERTO. EL ASS 1 STANCE Y. EL BERUREK EN LOS DIQUES NÚMERO 1 Y NUMERO 2 RESPECTIVAMENTE Fot Frejons.